Los años de silencio discográfico y ausencia de nuestros escenarios (casi 10 años) no impidieron que la sala presentara un lleno absoluto ante la actuación del trío (hermanas y hermano), que, como es habitual, fue contundente, brillante y, sobre todo, divertida. No se puede poner ninguna pega. Eso sí, ¡qué ganas de que vea la luz un nuevo trabajo discográfico y volver a tener a Kitty, Daisy & Lewis sobre un escenario!
Estos músicos dejan un excelente sabor de boca y esta vez se presentaron en formato quinteto, junto a su progenitor, encargándose de acústicas, banjo y ukelele, además de Jack Flanagan al contrabajo (casado con Kitty). Derrocharon blues, country, rockabilly o swing, que son varios de los mimbres musicales utilizados de manera exquisita para disfrutar cada segundo de una versatilidad musical tremenda, donde el trío va cambiando de instrumentos en cada tema y derrochando clase y disfrute a partes iguales.
"Pan Man Boogie" es el inicio perfecto con Lewis solo al piano, siendo la puerta perfecta para ir sonando temas como el intenso "(Baby) Hold Me Tight", un "Buggin Blues" que nos trae a la mente ese sabor entroncado con Dylan o el contraste con un rock and roll muy directo en "Ooo Wee". Desde el inicio y sin dar explicaciones, pero con una larga sonrisa, van enlazando un tema con otro. Un tramo inicial de la noche vertiginoso y lleno de fuerza, algo que no bajaría ni un ápice en toda la velada.
Siguen en cada tema intercambiándose los instrumentos, las voces principales, los coros y uno no puede más que quedarse asombrado de su versatilidad musical, sus múltiples giros y un sentimiento a flor de piel. Con "Just One Kiss" llegó un soul que te envuelve y es absolutamente delicioso, "I'm Coming Home", medio tiempo de corte country que cala hasta los huesos, o el maravilloso "Good Looking Woman", con aires muy sesenteros, que nos hace mover los pies con una melodía absolutamente perfecta y que nos lleva a sonidos más soul en "No Action", en donde Daisy brilla con su voz en un tema intenso, fraguado en locales oscuros, llenos de humo y Bourbon.
El trío brilla en cada canción, y lo hacen trabajando en equipo. No se trata de egos, es divertirse y transmitirlo a un público que devora ansioso cada tema. Fue un viaje musical con muchas paradas y que te lleva por muchos matices sonoros hasta el tramo final de la noche, desenfrenado y que se corona en "Bye, Bye Baby" y una salvaje versión de "Going Up the Country", de Canned Heat, que se llevan absolutamente a su terreno.
Tras la huida del escenario, vuelven para marcarse una larguísima jam, heredada de aquellos años setenta, con "Say You All Be Me", que deja a toda la sala con un nivel de adrenalina altísimo. Sobresaliente es quedarse corto.
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