Grandísima noche de rock la que tuvimos este pasado y caluroso miércoles en Alicante, con uno de los mejores conciertos que los Cuervos Negros han dado nunca en nuestro país.
La velada arrancó desafiando a este sol de justicia, con la incombustible banda madrileña Los Enemigos tomando el escenario para impartir una auténtica clase magistral de rock & roll básico, crudo y sin florituras. Lo hicieron plantando cara al mencionado calor asfixiante, pues a las ocho y media de la tarde los termómetros aún marcaban más de 32 grados, lo que no mermó ni un ápice su actitud combativa.
La maquinaria se puso en marcha con descargas como "John Wayne" (rescatada de su obra 'Un tío cabal'), y tras un escueto pero sincero "gracias y gracias" de su sempiterno líder, Josele Santiago, enlazaron con la descarada "Me sobra carnaval" del álbum 'Nada'. La intensidad no decayó cuando alzaron las guitarras para dedicarnos un rotundo "Brindis", clásico extraído del aclamado 'La cuenta atrás’.

Fue el momento perfecto para reivindicar su legado y presentar a la impecable alineación que defiende hoy su repertorio: el propio Josele a la voz y guitarra, Fino Oyonarte al bajo, Chema "Animal" Pérez triturando la batería y David Krahe a las seis cuerdas. Aprovecharon la pausa para recordarnos que están de celebración por su 40º aniversario como formación, un hito que festejaron anunciando un merecido homenaje a un maestro, lanzándose a degüello con su icónica y acelerada revisión del himno "Señora" de Joan Manuel Serrat.
El repertorio fue un ejercicio de equilibrio perfecto. Dispararon balas de nostalgia como la indispensable "Septiembre" o la carcelaria "Desde el jergón", que introdujeron con orgullo como una de esas composiciones que los acompaña desde sus orígenes. Hubo también espacio para mirar al futuro adelantando material de su próximo disco con "Canciones chulas", demostrando que su vena compositiva sigue intacta.

La recta final fue un no parar de trallazos infalibles: sonaron con garra "La cuenta atrás", del LP homónimo, y la punzante "Siete mil canciones", perteneciente a 'Bestieza'. "¿Una más, os apetece o qué?", nos soltaron con su habitual desparpajo. La respuesta afirmativa de la pista se tradujo en un cierre victorioso de la mano del clásico "Paracaídas", poniendo el broche de oro a sesenta minutos de puro músculo rockero magistralmente aprovechados.
Y aunque fue después del plato fuerte de la noche, a modo de bis para que la gente siguiera disfrutando de las copas y las cenas, es reseñable también mencionar el regalo que tuvimos con The Empty Bottles, una banda de rock and roll fundada en Alicante en 2003 por músicos de la escena local de los noventa.

Su propuesta musical se nutre del blues clásico, el rock sureño, el soul y el hill country blues, plasmada en trabajos como 'Gimme Back My Mojo', 'Navajo Motel' y 'Love, Peace and Chicken Grease'. Avalados por excelentes críticas en medios especializados, el grupo se ha consolidado gracias a un enérgico directo con el que han recorrido numerosas salas, participado en festivales como el Low Cost y compartiendo escenario con bandas de la talla de Marah, Los Deltonos y The Steepwater Band.
Aunque tocaron en un mini escenario paralelo más pequeño al finalizar el show de los Crowes, es digno de mencionar el bolazo que dieron, con un concierto lleno de virtuosismo y calidad.
The Black Crowes
El caluroso viento del Mediterráneo en ese día parecía traer consigo los ecos polvorientos de Georgia. Bajo un sobrio pero elegante telón rojo con el logo de la banda y dos cuervos negros evidentemente con la estética de su último disco, suena pregrabado el clásico "Spanish Castle Magic" de The Jimi Hendrix Experience, mientras va tomando posición toda la alineación actual de The Black Crowes, liderada por los hermanos Robinson.

El rock de raíces tiene esa capacidad innata de sanar el alma. Una alquimia mística que, cuando es oficiada por los mencionados socios, se convierte en una liturgia ineludible. La expectación era máxima, y los cuervos descendieron sobre las tablas dispuestos a no hacer prisioneros, regalándonos una eucaristía de rock clásico, blues y soul que demostró, con una contundencia aplastante, que su legado sigue latiendo con la misma fuerza que en su época dorada.
El pistoletazo de salida no pudo ser más demoledor ni mejor elegido. Arrancan sorpresivamente con uno de sus mayores éxitos, la incontestable "Remedy" del disco 'The Southern Harmony And Musical Companion'. Sonó como un auténtico cañonazo, estableciendo desde el primer segundo que Chris Robinson sigue siendo uno de los frontman más magnéticos, carismáticos y enérgicos de su generación; el final es apoteósico, dándonos la bienvenida al show y anunciándonos que tocarían un tema nuevo, para sonar a continuación la única representación de su último disco, 'A Pound Of Feathers’, con el single "It's Like That”.
Siguen con el potente éxito "Sting Me" (también de 'The Southern Harmony And Musical Companion'), que desató el delirio y puso a todo el público a saltar al unísono, y la no menos exitosa "Jealous Again". Su voz, tan incombustible como el primer día, se entrelazaba a la perfección con la guitarra siempre certera, cruda y empapada de groove de su hermano pequeño, Rich.
Uno de los mayores triunfos de esta actual encarnación de The Black Crowes es, sin duda, la espectacular maquinaria humana que los respalda. El guitarrista Nico Bereciartua se destapó como el escudero soñado para Rich, tejiendo unas armonías a las seis cuerdas que rozaron lo celestial.
En "Hotel Illness", el mayor de los Robinson, además de cantar, toca por primera vez en el show la armónica, dándolo todo, y el grupo demostró a lo largo del todo una gran intensidad. Por su parte, la base rítmica funcionó como un motor perfectamente engrasado e implacable.

Hay que destacar muy especialmente la labor de Mark "Muddy" Dutton, la flamante incorporación al bajo de este mismo 2026, quien aportó una profundidad y un peso soberbios al sonido de la banda. Junto a la rotunda pegada de Cully Symington a la batería, dotaron al grupo de un músculo envidiable, algo que se hizo dolorosamente hermoso en pasajes más densos, pantanosos y oscuros como "Cursed Diamond", extraída del indispensable 'Amorica', donde Chris se vació vocalmente.
El meridiano del concierto nos invitó a un viaje por los recovecos más profundos del alma de la formación. "Wiser Time" (también de 'Amorica') nos regaló unos desarrollos instrumentales deliciosos, extensos y lisérgicos, donde brilló con luz propia Erik Deutsch. Su trabajo a los teclados fue fundamental durante toda la velada, aportando ese indispensable aroma a cantina de carretera, humo y madera vieja.
Llegó entonces el ineludible momento de rendir pleitesía a los maestros, despachando una infalible y coreadísima versión del "Hard To Handle" de Otis Redding (tema que también se popularizó en la recomendadísima película "The Commitments"). Chris deja el micrófono al público mientras todos cantan a capela el pegadizo y divertido estribillo. ¡Pelos de punta!
Fue también una sorpresa escuchar "Soul Singing", una de mis canciones favoritas del denostado sexto álbum de la banda, 'Lions', que nos permitió deleitarnos con uno de los grandes lujos de la gira: el impresionante despliegue de las coristas Mackenzie Adams y Lesley Grant. Ambas vocalistas dotaron de un aura puramente góspel a cada estribillo, elevando la canción a un nivel de espiritualidad sobrecogedor.

Para rematar esta sección de homenajes, el grupo se embarcó en una sentida, melancólica y bellísima interpretación de "Oh! Sweet Nuthin'" de The Velvet Underground e incluido en su DVD 'Cabin Fever', donde el peso vocal recae sobre Rich Robinson, mientras su hermano se retira temporalmente; el tema tuvo una interpretación magistral, con unos solos francamente espectaculares.
En su afán por demostrar que no viven exclusivamente de las rentas, fue muy grato y todo un puntazo que rescataran el single más conocido de su penúltimo disco, 'Happiness Bastards’, con la pegadiza "Wanting And Waiting", dejando patente que el nuevo material empasta con una naturalidad pasmosa entre sus clásicos.

A partir de ese momento, el tramo final se convirtió en una cascada de himnos intocables que forman parte de la historia viva del rock. El clásico "Thorn In My Pride" contó con una larga improvisación, armónica incluida, y fue fantásticamente interpretado, con un divertido momento donde Chris se abanica momentáneamente con un abanico lanzado desde el público, debido a las mencionadas altas temperaturas.
Fue mágico que no faltase su más famosa balada, la deliciosa "She Talks To Angels" (del debut 'Shake Your Money Maker'), linternas de los móviles en mano y erizando el vello de todos los presentes, y es que al final el concierto fue un verdadero grandes éxitos actualizado, pero con caramelos también menos habituales y sorpresas inesperadas.
Con el público ya completamente entregado a la causa, pisaron el acelerador a fondo para cerrar el set principal con la electricidad desbordante y chulesca de "Stare It Cold", culminando con un "Twice As Hard" que sonó, simple y llanamente, mastodóntico.
Pero aún quedaba pólvora en la recámara para el asalto final. Cuando parecía que ya nos habían entregado todo, los Robinson y su impecable séquito regresaron a las tablas para el bis. El guitarrista argentino Nico Bereciartua nos traduce las palabras de Chris, diciéndonos que "están felices y que es un privilegio estar para nosotros acá en Alicante", con un estallido de aplausos y vítores del público tras estas palabras, para Nico continuar diciendo: "¡Y que los Black Crowes amamos España, que viva España que siempre nos trata de puta madre!". Al final preguntan: "¿Un tema más de rock & roll? Pues vamos ahí, y de rock & roll de verdad!”, para arrancarse con el mítico "Riff Raff" de AC/DC, que también fue habitualmente versionada por Guns N' Roses y forma parte también frecuente en el actual repertorio de los australianos.
Fue toda una sorpresa que nos tocaran ese tema, pues están interpretando una versión diferente cada noche, pero creo que tuvimos el premio gordo cayéndonos la mejor, con este clásico incontestable de la era de Bon Scott. En ella, la banda desató toda su furia hardrockera, despidiéndose en un estallido de distorsión y decibelios.

Estuvieron bestiales y completamente hipnóticos, incluso escuché a un fan decir que los había visto más de una vez y que este era el mejor concierto que había escuchado de ellos hasta la fecha.
Un broche de oro sudoroso, visceral y puramente eléctrico para una noche redonda que reafirma a The Black Crowes como una de las formaciones más grandes y auténticas que pisan los escenarios hoy en día. Maestros.
Comencé a colaborar en “La Heavy” (cuando se llamaba “Heavy Rock”) y en su hermana gemela, “Kerrang!” (edición española), a finales de los 90, retomándolo en el nuevo milenio también en MariskalRock.com. También he escrito en el diario ABC y en publicaciones locales como “Siete Días Yecla”, además de haber trabajado durante un tiempo en el Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de mi querida Yecla. Tengo un blog, Brotando Music, donde podréis encontrar poco a poco los enlaces de todo el material que publico aquí, así como nuevo contenido inédito. Entre mis próximos planes está escribir un par de libros, uno de ellos sobre una de mis bandas favoritas.
Actualmente vivo en Yecla, aunque Alicante, Madrid, Murcia, Valencia… son ciudades también muy importantes para mí, por diferentes motivos. ¡Nos vemos en los conciertos… y que brote la buena música!
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