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Crónica de Pennywise + End It + Bladders en Madrid: Punk rock en su máxima pureza

Pennywise

Era el ecuador de la semana y en los alrededores del río Manzanares, en Madrid, ya se palpitaba un ambiente diferente y cargado de punk rock. Llegaba el grupo californiano Pennywise a la ciudad y traía su volcán de riffs afiladísimos, velocidad incontrolable, su gran fuerza vital y la misma energía voraz con la que llevan 35 años en la carretera y con la que hicieron temblar a la histórica sala La Riviera. ¿Será consciente el escritor Stephen King hasta dónde ha llegado su emblemático payaso de ficción?

El cuarteto tiene ese don, que poseen unos pocos elegidos, de hacer que su concierto sea el reflejo de una multitud que busca liberar emociones, soltar preocupaciones y ponerse a disposición de las canciones como soldados que van a la batalla, a la última batalla, pero a sabiendas de que será con honor el morir e impregnados de música.

Bladders

Pero todo tiene un inicio y la jornada estaba dividida en tres actos en Madrid. En primer término se hacía cargo del escenario Bladders, grupo local que dejó muy en alto el pabellón. Presentó algunas piezas de su último EP 'Bloody Guy' con una solvencia digna de aplauso. Del mencionado trabajo dispararon con "Just Pry", "Broken Glass" y "Continental Breakfast", cosechando seguramente más adeptos a su interesante propuesta.

Bladders

Como estandarte lució la bandera de la agrupación madrileña en lo alto del stage y se percibía que venían a darlo todo y más. Con un gran sonido y con bastante público que se daba cita para su show, impregnaron el auditorio de energía con piezas como "Hey Bonita", la cual va cobrando vida propia durante su ejecución con sus pasajes más bailables de ska, la titánica "Shoot Them All" y la trepidante "Andrómeda". Supieron encender el motor y mantener las revoluciones muy altas. Se pudo observar cómo los primeros pogos se desataban con el pequeño mix homenaje que realizaron a los icónicos NOFX para concluir su gran directo.

End It

Cambio de indumentaria en la sala para el aterrizaje de los norteamericanos End It, con los respectivos ajustes en el escenario, mientras algunos fans ya se quitaban las camisetas, las estrujaban para quitar el sudor y se percibía un clima de destrucción masiva. Se veía a algunos de los presentes calentando, hidratándose, riendo y realizando estiramientos, como si supieran que el circle pit que se daría a continuación fuera tarea obligatoria.  Y lo era. End It no hace concesiones y, antes de que explotaran los valvulares con su directo, su vocalista, Akil Godsey, comenta que allí no hay reglas. Los oriundos de Baltimore proponen un set, quizás algo corto para toda la expectación que había creada en el ambiente por verlos, que transitó por el hardcore más visceral, con dosis de thrash y la adrenalina como emblema.

End It

El frontman se mostraba comunicativo, cercano y animaba constantemente para que fueran creciendo el pogo y el circle pit. Los soldados de la noche eran los seguidores que aceptaban el desafío gustosos y se veía cómo la sala comenzaba prácticamente a salirse de su eje con piezas como "Lifer", "Comeback" y "New Wage Slavery". El grupo es como un vendaval que no escatima en entrega y prueba de ello era que, canción tras canción, el rugido del recinto era mayor, desembocando en una fiesta colosal. Enorme y prolongadísima ovación se llevaron al finalizar su potente directo. Auguro que no tardarán mucho en volver a Madrid.

Pennywise

Otra vez la misma ecuación, pero esta vez de manera multitudinaria antes de Pennywise: cambio de sets sobre el stage, los ajustes correspondientes, se cuelga una enorme bandera con el nombre de la banda, mientras algunos fans ya se quitaban las camisetas, las estrujaban para quitar el sudor y se percibía un clima de concierto épico. Y vaya si lo fue. Ya no hacían falta más estiramientos, elongaciones ni calentamientos. Los esqueletos estaban preparados para que el payaso más siniestro del punk llevara a cabo su obra. Más allá del gran repertorio que ofrecieron con todos sus clásicos, las versiones de ilustres bandas como Bad Religion y NOFX no solo fueron un guiño. Fueron un merecido homenaje a los faros artísticos que han tenido en su longeva carrera los californianos.

Pennywise

Las potentes luces rojas se funden con el abundante humo, la batería comienza a marcar el ritmo mientras los integrantes van tomando posiciones y son recibidos bajo un océano de aplausos. Tras unos instantes de saludos mutuos, con los que daba la sensación de que músicos y seguidores eran amigos que no se veían desde hacía un tiempo, pero con la complicidad y la química intactas, ejecutaban "Peaceful Day" de su álbum 'About Time' para inaugurar un directo de matrícula de honor.

Durante una hora y cuarto, evidenciando un gran estado de forma, desplegaron una ráfaga de hits repasando su trayectoria para que el éxtasis fuera la parada final de todos los presentes. El cuarteto dictaba la ley del punk-rock y el público la acataba al completo. Aunque sea redundante, hay que indicar que el pogo fue ese invitado de lujo que no abonó su entrada, pero que estuvo presente en todo momento. Si alguien tenía alguna dolencia muscular o algún achaque de la vida, el espectáculo que ofrecían los Penny era de antología y sanaba cualquier dolencia física, psíquica y emocional.

Pennywise

Con "My Own Country" y "Straight Ahead" llegaban los primeros inmolados-voluntarios del surfing al foso. El ambiente era el de una jornada en la que el grupo ponía absolutamente todo de su parte y era arropado por un respetable que no entendía de cansancio, agotamiento ni sudor. El calor comenzaba a sentirse con fuerza en la sala, pero lo único que ocasionaba esto era que los protagonistas del pogo salieran unos instantes de la pista para respirar y volvieran aún con más energía y fuerza para seguir formando parte del mismo.

Los minis eran aeronaves que surcaban el aire del recinto, la masa de fans era homogénea y saltaba al compás mientras sus gargantas soñaban con alcanzar la fuerza de la voz de Jim Lindberg, quien, junto a la contundencia y el despliegue de Randy Bradbury al bajo, el magnetismo de Fletcher Dragge a la guitarra y la velocidad de Byron McMackin a la batería, construían un universo donde el punk era el amo, el bendito amo.

Pennywise

Era tal la química en el auditorio entre todas las partes implicadas que el frontman de Pennywise le tomó prestada la cámara a uno de los fotógrafos y realizó capturas de cada uno de sus compañeros y de las primeras filas de seguidores. ¿Cómo habrán quedado esas instantáneas? Con el sudor que se observaba en el ambiente y todos los esqueletos en llamas, esto no disminuía ni un ápice. Los soldados del ejército comandado por Pennywise son desalmados para la batalla y saben que no habrá un mañana. Creo que se elevaban hasta el techo de la sala durante las interpretaciones de "Violence Never Ending", "Same Old Story", "The World", "Waiting" y "Fuck Authority".

Los minis de cerveza volaban por las alturas permanentemente; nadie filmaba, nadie hacía fotos, no había tiempo para eso. Los recuerdos se quedarán en el alma y en algún que otro golpe que se lleve algún damnificado. Todos laten con el punk más visceral. Eso es lo que han venido a buscar. Un concierto de sanación interior, y eso es lo que están obteniendo en un directo muy sólido y evocador.

Pennywise

Con la interpretación, bajo sus texturas, del himno de Black Sabbath, "Paranoid", la emotividad inundó el ambiente debido a que hace un año que se fue de este mundo el legendario Ozzy, a la platea más alta, tras el gran concierto de Birmingham que os contamos en MariskalRock. Un enorme aplauso se llevó el grupo al finalizar la versión. Prosiguieron con los homenajes y las versiones enlazando "Bob / Kill All the White Man / The Brews" de NOFX y, acto seguido, tras la celebrada trilogía de balas sagradas, llegaba "Do What You Want" de Bad Religion. El recinto casi se venía debajo de la euforia. La celebradísima "Pennywise", seguida de la clásica "Society", la colosal ejecución de "Dying to Know" y la adictiva "Perfect People" eran indicativos de que nos acercábamos peligrosamente al epílogo del concierto. Un espectáculo donde repasaron las distintas etapas de su carrera de forma muy acertada, aún con alguna ausencia importante como "Live While You Can", colmando todas las expectativas.

Pennywise rubricó, a lo largo de toda la noche, una vez más, cómo es eso de tener una filosofía de vida y compartirla generosamente. "Living for Today" fue la antesala ideal para "Stand by Me", la gran versión de Ben E. King que popularizaron a comienzos de la década de los 90 y la cual fue un bálsamo para todos los presentes. Cerraron con "Bro Hymn" mientras volaban los últimos minis de cerveza por el aire. No diga Pennywise, diga punk rock en su máxima pureza.

Mauro Nicolás Gamboa

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