Han pasado veinte años desde que ‘The Black Parade’ cambiara para siempre la historia de My Chemical Romance, convirtiéndose en un disco que marcó a toda una generación. Dos décadas después, el desfile volvía a ponerse en marcha con una gira mundial que celebra su legado y en la que Madrid figuraba como su única parada en España.
Para entender la parte principal de este concierto hay que entender la historia detrás de ‘The Black Parade’. Y es que no es un disco al uso, es una ópera rock conceptual con una narrativa trágica, gótica y redentora. Es necesaria la premisa filosófica que el vocalista de la banda, Gerard Way, comentó en las entrevistas promocionales durante el lanzamiento del disco en aquella época: “La muerte viene a buscarte bajo la forma de tu recuerdo más feliz de la infancia”.
Para el protagonista de esta historia, conocido simplemente como “El Paciente”, ese recuerdo feliz fue el día en que su padre lo llevó a ver un desfile militar. Por eso, cuando el cáncer terminal acaba con su vida, el más allá no se presenta como un túnel de luz blanca ni como ángeles, sino como una marcha fúnebre de estética victoriana y oscura: ‘The Black Parade’.
Mogwai
Los escoceses Mogwai fueron los encargados de abrir la noche con una propuesta radicalmente distinta y muy alejada del dramatismo emo de los de Nueva Jersey. Con algún problema inicial de sonido, el quinteto de Glasgow desplegó su característico post rock instrumental, construyendo atmósferas envolventes e in crescendos monumentales e hipnóticos, algo que en terreno patrio tenemos con bandas como Toundra.
Aunque son viejos veteranos de los escenarios, si alguno todavía no les ha echado una escucha, agrega a tu playlist de Spotify canciones como “Ritchie Sacramento”, “Mogwai Fear Satan”, “Hunted by a Freak” o “Lion Rumpus”. Te gustarán.
My Chemical Romance
Y ahora sí, el desfile arrancaba con el inconfundible pitido de un monitor cardíaco que abre “The End.”, la puerta de entrada al universo por el que esta noche íbamos a transitar la siguiente hora y media. Una antesala de la muerte que, al igual que Pink Floyd hizo con “In the Flesh?” en ‘The Wall’, marcaba el comienzo de un viaje conceptual, teatral y profundamente dramático.
Tras ella, el funeral se convirtió en celebración con “Dead!”, demostrando que allí nadie estaba muerto, simplemente hicimos una pausa por algunos años para volver a disfrutar de este pop punk acelerado en directo. Sin apenas dar respiro, Gerard Way nos atrapaba con esa teatralidad magnética marca de la casa para desenfundar la magnífica “This Is How I Disappear”, seguida de la sensualidad decadente de “The Sharpest Lives”, uno de sus estribillos más memorables que el público coreó al unísono.
Todo esto sucedía bajo la atenta mirada de “The Eye”, ese elemento visual en forma de ojo con estética industrial, tecnológica y distópica que funciona como símbolo de un régimen autoritario que todo lo vigila.
Siguiendo esta línea conceptual, la puesta en escena se transformaba al erigir un altar central desde el cual Gerard Way se disponía a cautivarnos con su discurso. Pero no hizo falta invitación para adentrarnos en la épica “Welcome to the Black Parade”, el corazón del álbum que nos hizo volver al recuerdo de nuestra infancia desde que arrancara con la mítica frase “When I was a young boy...”. Una suite de rock en tres actos, al más puro estilo “Bohemian Rhapsody” que, personalmente, me trasladó a aquellas tardes de adolescencia mientras escuchaba una y otra vez este tema en el discman.
Sexta parada con la desgarradora balada “I Don't Love You”, además coronada por uno de los solos más limpios y emotivos de la noche, justo antes de que el swing demoníaco, rápido, sucio y lleno de una energía de “House of Wolves” tomara el control. Fue tan bailable que parecía sacada de un cabaret de ultratumba. Y tras ella llegaba “Cancer”, la canción más cruda, dolorosa (a la vez que realista) del álbum donde el piano, las cuerdas y la voz quebrada de Gerard Way cantando a todo lo que rodea la angustia y el dolor de despedirse nos puso realmente los pelos de punta.
El viaje continuó con “Mama”, que trajo las primeras llamaradas de la noche sobre el escenario, y la asfixiante “Sleep”, donde antes de interpretarla, y a través de una toma cenital, pudimos ver al “paciente” tendido en el suelo mientras Gerard Way, bote en mano, pintaba con spray su silueta como si el escenario se hubiera transformado en la escena de un crimen. Para rematar la estampa, escribió en su interior un “Fuck You”.
Un tema que fue la antesala perfecta para que “Teenagers” nos hiciera regresar, aunque fuera por un momento, a nuestra época adolescente. Una canción que, por cierto, siempre me ha recordado a Green Day… Una conexión que no es casual, y es que Rob Cavallo, el productor de cabecera que ha moldeado la trayectoria de la banda de Billie Joe Armstrong, fue también el cerebro a los mandos de ‘The Black Parade’.
Inevitablemente llegábamos a “Disenchanted”, esa balada acústica que crece hasta convertirse en un himno de estadio, y “Famous Last Words”, con llamaradas de fuego predominantes en el escenario como si se estuviera quemando ese canto a la supervivencia. El final del acto apareció reviviendo el desenlace de “The End.”, con el “paciente” entrando en una camilla.
Fue entonces, al ritmo de “Blood” sonando por los altavoces, cuando Gerard Way se encaramó a ella para apuñalar al personaje, extrayendo sus vísceras mientras chorros de sangre salpicaban su cara. Con esto acababa el capítulo de ‘The Black Parade’, pero nos quedaban una decena de temas que iban a interpretar en un escenario B, más íntimo y reducido, situado entre la separación de la pista delantera y los pit.
Un segundo acto donde Gerard Way nos recordó que “era la última noche de este tramo del Black Parade Tour”, antes de presentar “The Foundations of Decay”, la primera canción nueva de My Chemical Romance tras su reunión en años de silencio y que, bajo mi punto de vista, resume todas las etapas de la banda. Siguieron “Thank You for the Venom”, uno de los temas más agresivos y rápidos de su primera época, el himno generacional de “I'm Not Okay (I Promise)”, del que poco queda por añadir más allá de dejarse llevar, la optimista “SING”, el post hardcore de “Our Lady of Sorrows” o “To the End”, que en directo volvió a adquirir un marcado aire cinematográfico.
La recta final estuvo marcada por la explosiva “Na Na Na (Na Na Na Na Na Na Na Na Na)”, sin duda una de las canciones más divertidas de su catálogo, las sorpresas de “The World Is Ugly” y “Zero Percent”, dos cortes que rara vez encuentran hueco en sus directos, y el emotivo cierre con “Helena”, esa canción homenaje a la abuela de Gerard y Mikey Way. Con todo el Iberdrola Music coreando el inolvidable estribillo, la banda puso el broche de oro a una noche memorable. Esperemos que no pasen otros quince años sin visitarnos.
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