Ya por fin es viernes y para muchos no hay que trabajar al día siguiente. Después de una jornada anterior más centrada en el pop, esta tercera jornada del festival se presentaba como un viaje mucho más abierto y ecléctico, donde convivían propuestas muy distintas entre sí, desde el rock alternativo y el indie más guitarrero, pop electrónico, soul contemporáneo o incluso destellos de punk y electrónica más bailable.
Halsey
Estrenaba el escenario principal esta estadounidense que ha transformado sus batallas más oscuras en arte, reconociendo abiertamente que la música no es solo su carrera, sino la terapia y el refugio donde logra procesar su trastorno bipolar y sus diferentes problemas de salud. De hecho, ‘Maniac’, el disco que la consagró, está compuesto en un periodo oscuro y aborda el tema de la salud mental, el amor y su propia identidad.
Dejando de lado estos aspectos personales, y poniendo el foco firmemente en su directo, Halsey ofreció un concierto con sus grandes temas como columna vertebral. Sonaros temas como “Nightmare” o “Closer”, el éxito mundial que grabó junto a The Chainsmokers y que sigue siendo uno de los momentos más reconocibles de su carrera. “Colors” supuso un guiño a sus fans más antiguos recuperando uno de los pilares fundamentales de ‘Badlands’ (2015), la cruda “Gasoline” o “Without Me”, el mayor éxito de su carrera en solitario, basada en su tormentosa relación con el rapero G-Eazy.
Los Blody

A medio concierto, nos movíamos temporalmente a una de las carpas para ver a los ganadores del Mad Cool Talent 2026, Los Blody. Son rock clásico pasado por un filtro de juventud y ganas de comerse el mundo. Estos canarios afincados en Madrid arrancaron con un mantra llamado “No me callo ni a palos”, seguido del magnífico riff inicial que abría “D10” para desembocar en “Tu novio me prefiere a mí”, que tiene un aire que me ha trasladado directamente a Måneskin.
Era turno de bajar revoluciones al son de “Deja de mirarme así” para explotar acto seguido con “Fantasmas”, un auténtico temazo muy del estilo de Los Zigarros que te va a volar la cabeza. El setlist continuó deshojando temas de su trabajo ‘No voy a morir aquí’ (2024) como “Soy un criminal”, “Sin Ti” o “El pibito de antes”, justo antes de cerrar con “Presidente”. El rock también habla español. Apuntad este nombre porque el futuro pinta muy bien para Los Blody.
Pixies

Turno de ver al primero de los platos fuertes de esta jornada, los tipos que inventaron el rock alternativo mientras los demás aprendían a tocar. Discos como ‘Surfer Rosa’ (1988), producido por Steve Albini, ‘Doolittle’ (1989), ‘Bossanova’ (1990) y ‘Trompe le Monde’ (1991) terminaron convirtiéndose en referencias inevitables para varias generaciones.
A las 20:30 daban el pistoletazo de salida a un setlist bien pensado tanto para el seguidor veterano como para quien buscaba volver a encontrarse con aquellas canciones a través de todas las aristas de la banda. Lo hacían con “Gouge Away”, una de las canciones más influyentes del grupo al que Kurt Cobain admiraba especialmente. Y es que sin Pixies no habría Nirvana, ni Radiohead, y probablemente ni parte de este cartel del Mad Cool. Seguidamente llegaba la primera gran ola de la noche con “Wave of Mutilation” y uno de esos estribillos que forman parte de la historia del grupo. La combinación entre melodía y oscuridad volvió a funcionar a la perfección.

Tan vigente como hace casi cuarenta años sonaba, “Monkey Gone to Heaven” quizá el primer gran éxito comercial de la banda. Le siguieron “U-Mass”, la versión del “Head On” de The Jesus and Mary Chain o “Debaser”, la canción que abre su maravillo ‘Doolittle’ y, para muchos, uno de los himnos definitivos de la banda.
Continuaban deshojando su setlist con temas como “Caribou”, “Primrose” o “Here Comes Your Man”, aquel tema que Frank Black escribió siendo adolescente y es uno de sus mayores éxitos. Después llegaba “Mr. Grieves” con ese ritmo nervioso e inquieto tan característico, antes de dar paso a“Nimrod's Son”, impulsada por el inconfundible rasgueo de guitarra que define buena parte de su paleta sonora. Y es que no hubo que decir dos veces “Vamos” para ver a Joey Santiago realizar uno de los solos más caóticos y experimentales del catálogo de Pixies, como si por unos momentos estuviera poseído por el espíritu de Tom Morello.

El tramo final lo encarábamos con el tono melancólico y casi espacial de “Motorway to Roswell”, “The Vegas Suite”, la aterciopelada “Velouria” o “Bone Machine”, que recuperó la crudeza de los primeros Pixies donde Black Francis volvió a ejercer de chamán del ruido. Una crudeza que se elevaba a la máxima potencia con “Tame”, de los mejores ejemplos para demostrar que siguen siendo los arquitectos del silencio antes de la explosión.
Esto se acababa y la pregunta seguía siendo “Where Is My Mind?”, pero la respuesta estaba sobre el escenario disfrutando de la canción más famosa escrita por Pixies. “Into the White” puso fin a una fórmula tan sencilla como infalible: melodía, distorsión, silencio y caos. Verlos es recibir una clase magistral de historia del rock alternativo en tiempo real.
Son los abuelos que inventaron tu música favorita y todavía tocan con más ganas que los grupos actuales. No necesitan fuegos artificiales, les basta un acople de guitarra y un grito para sonar a garaje de Boston.
Cliffords
Por una de las carpas se asomaban la nueva esperanza del indie irlandés con una sensibilidad que mezcla la herencia de The Cranberries con la modernidad de Wolf Alice de forma brillante. Basta con escuchar canciones como “Shattered Glass”, “My Favourite Monster”, “Feels Like a Man” o “Bittersweet” para darte cuenta de que suenan a mar, a acantilados con historias bien contadas y a una banda ideal para ver el atardecer. Son uno de los secretos mejores guardados de Irlanda y van a durar poco en escenarios pequeños. No los pierdas de vista.
Kings of Leon

Uno de los solapes más complicados de la jornada, aunque esta vez solo fuera parcialmente, fue el de Kings of Leon con A Perfect Circle. Esto nos hizo decidirnos a ver únicamente una parte del concierto de los primeros para poder disfrutar del de A Perfect Circle al completo.
Asi que regresamos al escenario principal para ver a los hermanos Followill, los guardianes del rock de estadio con ese inconfundible sabor a Tennessee que cerraban en Madrid su último tramo de la gira. En los albores del siglo XXI, han amalgamado las raíces del rock sureño cimentando un sonido áspero y empapado de blues que debía tanto a Creedence Clearwater Revival como al garage rock.
La parte del concierto que pudimos disfrutar arrancó con “Find Me”, uno de los mejores sencillos de su etapa más reciente, tan adictivo como efectivo en directo. Sin apenas dar tregua enlazaron con “Taper Jean Girl”, rescatada de ‘Aha Shake Heartbreak’, donde el sinuoso bajo de Jared Followill se adueñó por completo de la canción. El pulso country rock de “King of the Rodeo” mantuvo la intensidad antes de que llegara “On Call”, habitual en sus directos y que marcó el cambio hacia un nuevo sonido hace casi ya un par de décadas.

Seguidamente sonaba “Fans”, en la que la voz de Caleb tiene alma del blues más viejo, como el humo de una fogata en una noche fría de Tennessee; sumada a “Revelry”, una de las piezas más introspectivas de ‘Only by the Night’ que suena a banda sonora de una resaca en un bar de carretera. En contraste, entre las luces de una ciudad que nunca duerme, nos invitaron a recorrer las avenidas sonoras e hipnóticas de “Manhattan”. Esa rugosidad natural en las cuerdas vocales de Caleb le da un aire atemporal, como si perteneciera a cualquier década entre los 70 y el presente.
Hasta ahí llegó nuestra aventura con los de Nashville. En el tiempo que pudimos verlos, ofrecieron un buen concierto en el que pudimos revivir un recorrido exhaustivo y equilibrado por las dos almas que coexisten en el seno de Kings of Leon: la herencia áspera y garajera de sus inicios sureños y la sofisticación melódica de su posterior conversión al formato de estadios.
Tocaba desplazarse al escenario ‘Orange’ para no perdernos la actuación completa de A Perfect Circle, una decisión que inevitablemente nos hizo dejar atrás una recta final de concierto repleta de grandes temas como “Radioactive”, la oscura, misteriosa y elegante “Closer”, “Supersoaker”, la inmortal “Use Somebody”o “Sex on Fire”, la canción que convirtió a Kings of Leon en una banda mundialmente conocida.
A Perfect Circle

Pero llegaba el momento más esperado del día para quien escribe, y probablemente también uno de los más ansiados de todo el festival. El turno era para A Perfect Circle, una de las bandas más elegantes y sofisticadas que ha dado el rock alternativo en las últimas décadas. Su alineación parece concebida a partir de una lista de deseos. Al frente, Maynard James Keenan, voz de Tool y fundador del grupo junto al inseparable guitarrista Billy Howerdel. A su lado, James Iha, cofundador de The Smashing Pumpkins, sumado a Matt Mc Junkins al bajo, conocido por su trabajo en directo con Eagles of Death Metal, y Josh Freese a la batería, músico de larguísima trayectoria que ha pasado por Nine Inch Nails, Guns n’ Roses o más recientemente por Foo Fighters.
Su viaje hipnótico comenzaba con “The Package”, un tema que fue creciendo lentamente, incorporando capa a capa hasta encontrar el volumen adecuado, ese punto de equilibrio en el que uno deja de ser espectador para quedar atrapado sin darse cuenta en su espiral para el resto del concierto. “Weak and Powerless” alcanzó ese equilibrio entre fragilidad y contundencia, como si la banda caminara siempre sobre una cuerda sin llegar a caer, sirviendo de antesala para el tono reflexivo y la melancolía digital de “Disillusioned”, siempre digo que es un tema para escuchar con los ojos cerrados y dejarse llevar.
En directo, esto se eleva a la máxima potencia. Siempre me ha fascinado la calidad de sonido que Maynard logra en sus directos, ya sea con Tool, Puscifer o A Perfect Circle. Todo suena potente, en su sitio, medido a la vez que orgánico… así que desde aquí, mi más sincera enhorabuena a su técnico de sonido.

No faltaron temas como “The Doomed”, alternando la rigidez casi industrial de las estrofas con la suntuosidad de los coros de “Rose”, esa pieza de orfebrería de rock progresivo cubierta de espinas. Toda una delicia. A Perfect Circle suenan a lo que pasaría si el metal tuviera un doctorado en filosofía y estudiara con una guitarra distorsionada. En contraste, “Gravity” nos traía una caída lenta a través de un viaje atmosférico reposado, casi balsámico… Billy Howerdel crea texturas que parecen venir de otra dimensión. La fusión de Maynard y Howerdel sigue siendo el corazón de A Perfect Circle: uno escribe las heridas y el otro les da forma.
Continuaba ese dardo sónico contra la falsa moralidad que es “Talk Talk”y “The Outsider”, que rompió con toda inercia previa gracias a un riff sincopado y demoledor que ejecutaron con una precisión casi quirúrgica. En medio de este engranaje, Maynard se consagra como el genio que se esconde en las sombras para dejar que la música hable por él.
Después llegó “Counting Bodies Like Sheep to the Rhythm of the War Drums”, apoyada en las percusiones y los elementos electrónicos, con un bombo que nos retumbaba en el pecho como si de una marcha militar se tratara. Todo esto justo antes de dar un giro cromático para adentrarse en una conocida tonalidad “Blue”, encontrar el búnker perfecto y disparar a continuación su nuevo sencillo, “Starless”, que suena bastante fresco, por cierto.
Cerraban su magnífica actuación en Mad Cool con “Judith”, recuperando la agresividad de los primeros años de la banda. Si quieres algo que te haga pensar y sentir al mismo tiempo, A Perfect Circle es tu sitio. ¡Ojalá regresen pronto!
Twenty One Pilots

Y para finalizar la jornada, tocaba elegir entre Twenty One Pilots e Interpol, dos propuestas completamente distintas, pero ambas atractivas a la vez. En esta ocasión optamos por dividirnos para paladear una parte de ambas actuaciones.
Primeramente vimos al dúo de Colombus que redefinió las fronteras del mainstream alternativo durante la década de 2010. Integrado por Tyler Joseph y Josh Dun, el proyecto consolidó una identidad distintiva a través de una hibridación de géneros que abarca el electropop, el hip-hop alternativo, el indie rock y el reggae, una amalgama de sonidos que los distingue de cualquier otra banda de su generación.
Ambos jugaron constantemente con la puesta en escena, alternando apariciones con máscaras, trepando a la zona VIP, montando una batería en lo alto de una torre contigua o cambios de vestuario constantes que reforzaron la identidad visual de un show tan teatral como explosivo. El concierto arrancó con la atmósfera marcial de “Overcompensate”, una pieza que reintrodujo de inmediato los pasajes electrónicos oscuros característicos de su producción más reciente, seguida de “The Contract”, con Tyler Joseph subido a una tarima surfeando sobre el público, “Center Mass” o “Shy Away”, con ese colorante de indie pop tan suyo que le otorga la capacidad de aportar una luminosidad especial a cada composición.

Esa versatilidad les permitió pasar de la luminosidad al misterio en un parpadeo. Así llegó “Heathens”, lanzada para la banda sonora de la película ‘Suicide Squad’. La verdad que en directo adquiere esa atmósfera siniestra y de tintes cinematográficos que refuerza su carácter conceptual. Todo ello encuentra un contrapunto perfecto en las líneas de piano y las texturas de pop sintético de “Tear in My Heart”, que devolvieron al repertorio una calidez melódica. Aunque ya nos habíamos movido a Interpol, incluyeron también canciones como “Jumpsuit”, “Nico and the Niners”, “Ride” o “Stressed Out”, el gran himno generacional de Twenty One Pilots y una de las piezas fundamentales de su disco ‘Blurryface’.
Interpol
Interpol es una de las bandas más importantes del resurgimiento del post punk a principios del siglo XXI con discos como ‘Turn On the Bright Lights’. Desde sus comienzos, la banda destacó por un sonido elegante y melancólico que recuperaba esa esencia del post punk británico de finales de los años setenta y principios de los ochenta, con influencias evidentes de grupos como JoyDivision, The Chameleons, Television o Siouxsie and the Banshees,
Anoche volvieron a demostrar esa personalidad con una puesta en escena sobria y elegante, alejada de grandes artificios visuales y sustentada en un repertorio muy bien equilibrado. El concierto daba inicio bajo la atmosférica “Untitled”, que daba paso a “No I in Threesome” y “C'mere”, marcando desde el primer momento el tono introspectivo que recorrería todo el concierto.
No faltaron temas como “Evil”, probablemente uno de los mayores éxitos de Interpol, justo antes de regresar al ‘Turn On the Bright Lights’ con dos de sus canciones más emblemáticas: “Obstacle 1” y “The New”. En el tramo final llegaron “Slow Hands”, la balada sombría dedicada a la ciudad de “NYC” y otro de los clásicos como es “PDA”, poniendo fin a una actuación fiel a la esencia de la banda.
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