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Crónica de Machine Head en Pamplona: Sin tregua ni concesiones

Sin teloneros y durante casi tres horas, la banda liderada por Robb Flynn repasó su trayectoria ante una Sala Totem (Pamplona) totalmente entregada y con el cartel de sold out colgado en la puerta desde hace meses.

Muy pocas bandas pueden permitirse salir a un escenario sin teloneros, sostener por sí solas casi tres horas de concierto y no dejar que aparezcan grietas. De hecho, en este tipo de formatos apenas vienen a la cabeza nombres como Dream Theater. El sábado 25 de mayo era la fecha señalada para el esperado arranque de Machine Head en nuestro país. De la mano de Route Resurrection, la gira, centrada en el 35 aniversario de la banda, también pasará por Madrid, Málaga y Barcelona, proponiendo un repaso a una trayectoria que ya suma once álbumes de estudio. La Sala Totem acogió el retorno de los californianos en el norte de la península. El público, llegado desde distintas comunidades limítrofes, disfrutó desde los primeros compases; de hecho, en las previas al bolo, las inmediaciones ya respiraban un ambiente completamente heavy.

An Evening With…

La banda volvió a demostrar por qué el formato An Evening With… le encaja como un guante. Sin grupo previo que caliente motores, todo el peso recae desde el primer minuto sobre ellos, lo que exige no solo fondo físico, sino también inteligencia a la hora de estructurar el repertorio. Dentro del recinto, la gente coreaba los temas que sonaban por megafonía, y cuando cayó "Bohemian Rhapsody" de Queen, los fans más curtidos sabían que lo siguiente era inminente: la descarga de los de Oakland. Desde el arranque con "Imperium", el concierto se planteó como un recorrido sólido por su trayectoria, combinando clásicos incontestables con material más reciente sin que el ritmo se resintiera.

Los liderados por Flynn manejaron los tiempos con oficio, demostrando que siguen siendo animales de escenario. Aunque de la formación clásica solo permanezca él, su presencia impone y se erige como el jefe absoluto de la barraca, en una línea que puede recordar a Dave Mustaine. Lo acompañan en esta formación actual Jared MacEachern al bajo, ya plenamente asentado tras más de trece años en la banda y también clave en los refuerzos vocales. A la guitarra, un viejo conocido de Flynn: Wacław “Vogg” Kiełtyka, líder de Decapitated, que regresa en esta gira aportando precisión, músculo rítmico y una ejecución solvente en los pasajes más exigentes. Completando el combo, Matt Alston a la batería, sosteniendo todo con pegada, resistencia y un pulso firme durante las casi tres horas de concierto.

Evidentemente, los más nostálgicos siguen soñando con una reunión con nombres como Dave McClain, Adam Duce o Phil Demmel, e incluso hay quien recuerda a Chris Kontos, pero lo cierto es que Flynn sigue demostrando buen ojo a la hora de rodearse. El resultado: una banda que sonó como una auténtica apisonadora. Los temas fueron cayendo como granadas: "Ten Ton Hammer", "Chøke øn the Ashes of Yøur Hate", "Now We Die", "Is There Anybody Out There?", alternando distintas épocas con naturalidad. Flynn capitaneaba desde el escenario mientras los mosh pits no tardaban en activarse.

Machine Head evitó cualquier bajón, convirtiendo cada tramo del concierto en un nuevo pico de energía, con una conexión constante con el público, completamente entregado. "A Thousand Lies", del imprescindible 'Burn My Eyes' (1994), conectó con la raíz más clásica. De este álbum cayeron hasta cinco temas. A continuación, otros momentos destacados como "Stop the Bleeding", "Slaughter the Martyr", "Blood for Blood", "Game Over" y el siempre celebrado "Old".

Encuentro generacional en el mosh pit

Aún quedaba mucho por delante cuando sonó "Locust", otro corte técnico y potente, recibido con entusiasmo. Le siguieron "Bønescraper", de su undécimo álbum 'Unatøned' (2025), y el bloque más íntimo con "Darkness Within", donde la banda bajó pulsaciones con guitarras limpias. Después llegaron "Catharsis", único corte del disco con peores críticas de su trayectoria, le siguieron "Bulldozer" ('Supercharger', 2001) y "From This Day" ('The Burning Red', 1999), antes de desembocar en "Davidian" ('Burn My Eyes', 1994), himno absoluto de su inolvidable debut, que funcionó como punto de encuentro generacional: éxtasis, sudor y gargantas al límite.

El setlist alternó bloques de intensidad con momentos más emocionales que permitieron oxigenar sin perder tensión. No hubo sensación de relleno, algo especialmente meritorio en un repertorio tan amplio. El sonido fue de menos a más, alcanzando a mitad de concierto un nivel contundente y equilibrado, aunque en las zonas más alejadas no todos lo percibieron igual. También hubo espacio para la complicidad, con un fragmento de "Sweet Dreams (Are Made of This)" de Eurythmics (popularizado en clave metal por Marilyn Manson) en un momento distendido en el que incluso intercambiaron posiciones.

El cierre llegó con "Halo", nueve minutos de intensidad que siguen siendo seña de identidad de 'The Blackening' (2007), uno de los discos más queridos de los fans. Más allá de la duración y de las emociones vividas, quedó claro que Machine Head sigue entendiendo el directo como un compromiso serio. Sin artificios, sin concesiones, y con la autoridad de quien lleva décadas defendiendo su sitio sobre el escenario noche tras noche. Como colofón, la banda compartió en sus redes una imagen desde el backstage, agradeciendo al público en euskera: “Iruñea, itzela zara… Goazen!!” (“Pamplona, eres increíble. ¡Vamos!”).

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