Veinte años de comunión inquebrantable con el heavy metal han llevado al Leyendas del Rock a consagrar su vigésima edición como la más ambiciosa y multitudinaria de su historia. Lo primero que nos llamó la atención fueron las notables mejoras en su infraestructura, con zonas de público ampliadas, y la “rebautización” de los dos escenarios principales (“Doro Pesch” y “Dave Mustaine Stage”), que han acogido un año más grandes producciones escénicas de una envergadura sin precedentes.
También destacaron detalles como la zona de “Lobos solitarios”, pensada para que la gente que acude sola al festival pueda entablar nuevas amistades en el mismo. Un pequeño tirón de orejas, eso sí, para la carpa de prensa, visiblemente reducida y sin un solo asiento ni mesas; esperamos que lo subsanen en sucesivos días. Aun así, esta jornada inaugural del miércoles fue absolutamente memorable, logrando incluso agotar sus entradas de día.
Ante miles de fieles, el recinto alicantino volvió a erigirse como un lugar de peregrinación ineludible, abriendo sus puertas a una velada inaugural protagonizada por un cartel de auténtico lujo.
Tailgunner
El recién renombrado e inaugurado “Doro Pesch Stage” recibió a media tarde la descarga de puro heavy metal de corte clásico de Tailgunner. La maquinaria inglesa aterrizaba en Villena atravesando una etapa ciertamente turbulenta, marcada por la reciente desbandada en sus filas el pasado mes de mayo tras la abrupta salida de la guitarrista Rhea Thompson y el retiro temporal de su bajista y principal fundador, Thomas Hewson.
Lejos de amedrentarse por las adversidades internas, la formación británica, liderada por el incombustible Craig Cairns a la voz, Zach Salvini a la guitarra y Eddie Mariotti castigando los parches, demostró una enorme capacidad de resiliencia y sacó adelante un show rebosante de actitud y espíritu de la NWOBHM.
El asalto sonoro arrancó sin concesiones, no sin antes dejar una estampa memorable al principio de la actuación, cuando el vocalista levantó su micrófono dejando ver claramente el logo de la banda en su base. Con temas como “Midnight Blitz” o vertiginosa “White Death”, el grupo conectó rápidamente con la audiencia, que, aguantando el calor de la tarde, respondió con entusiasmo a los ritmos trepidantes y a esas marcadas influencias de gigantes como Iron Maiden o Judas Priest que destilan sus composiciones.
El repertorio continuó pisando el acelerador con trallazos directos como “Shadows of War”, para luego mantener el pulso y la épica con “Tears in Rain” y la contundente “War in Heaven”, desembocando en la poderosa “Barren Lands and Seas of Red”. Fieles a su estilo de riffs afilados y actitud desafiante, mantuvieron el listón alto de cara a la recta final de sus cincuenta minutos de actuación.
La intensa “Eulogy” sirvió de puente perfecto para encarar el colofón definitivo del concierto. Apretando los dientes y desatando los puños en alto de las primeras filas, remataron la faena por todo lo alto con la incendiaria “Guns for Hire”. Un auténtico derroche de energía tradicional que dejó claro que, pese a los altibajos en su alineación, Tailgunner sigue siendo una locomotora muy a tener en cuenta sobre los escenarios.
Heleven
Los encargados de inaugurar las hostilidades en el “New Rock Stage” fueron los miembros del combo granadino Heleven, quienes despacharon una soberbia lección de metal alternativo plagado de matices atmosféricos. Liderados por la inconfundible impronta de Higinio Ruiz a las voces y la guitarra rítmica, y respaldados a la perfección por los destellos de Álvaro Rodríguez a la solista, las pesadas líneas de bajo de Danio Cruz y la contundencia tras los parches de Matías de la Losa, la formación no titubeó a la hora de desplegar su enorme valía y oficio sobre las tablas de Villena.
Así, desde los primeros compases, el cuarteto sumió al madrugador público que ya abarrotaba el recinto en una atmósfera densa y cautivadora, disparando ritmos técnicos y de un peso incontestable. Cañonazos implacables como “Echoes of The Past” o “Toro” dejaron claro que venían a por todas desde el minuto uno.
La banda aprovechó la cita para hacer gala de su impecable estado de forma actual, incrustando cortes como la muy celebrada “The Mask”, extraída de su aplaudido esfuerzo ‘New Horizons Pt. 2’, un álbum que no hace sino reafirmar su envidiable posición en la vanguardia absoluta del metal patrio contemporáneo.
Su propuesta, tan cruda como cuidada, brilló especialmente cuando enlazaron trallazos de la talla de “Killing My Perseus” y “Wild From The Ashes”, demostrando que en el directo de Heleven la complejidad compositiva y la fuerza bruta empujan sin fisuras en la misma dirección. Apoyados en una efectiva puesta en escena, aderezada con precisos efectos de humo que acentuaron su lado más plomizo, rubricaron una actuación redonda gracias a descargas como “New Horizons”, “Into The Oceans” y una memorable “Hope”, sellando un inicio inmejorable para la jornada del miércoles.
Thundermother
Aunque con otra formación, Thundermother regresaba de nuevo al Leyendas del Rock inaugurando el “Dave Mustaine Stage”. Lideradas por la incombustible Filippa Nässil a la guitarra, única integrante original y motor indiscutible del grupo, y con el imponente torrente vocal de Linnéa Vikström al frente, secundadas por el aplastante bajo de Majsan Lindberg y el contundente Joan Massing a la batería, la agrupación desató un vendaval de hard rock directo y sin artificios.
Aunque la puesta en escena fue sobria, solo con su logo de fondo, evidenciaron que no necesitan más; se mostraron arrolladoras y comenzaron todas a hacer headbanging al unísono. Desde los primeros compases con “Thunderous”, extraída de su disco ‘Rock ’n’ Roll Disaster’, dejaron patente que su encarnación actual mantiene intacta la garra y la esencia de siempre, conectando de inmediato con un público que aguantaba estoicamente los más de 35°C de la tarde villenera frente al mencionado escenario principal.
El cuarteto pisó el acelerador a fondo disparando trallazos de puro rock and roll sudoroso como “Loud and Free”, de ‘Black and Gold’, y “The Road Is Ours”, perteneciente a ‘Heat Wave’, exhibiendo una actitud encomiable y un dominio absoluto de las tablas. Con temas cortos, directos y pegadizos, demostraron que no se andan con florituras, lo que les permitió despachar un extenso repertorio.
"¡Leyendas del Rock!... Hemos estado esperando este día. ¡Es genial poder ver por fin vuestras hermosas caras! ¡Nosotras somos Thundermother! Y nos gusta hacer rock and roll. Creo que a vosotros también os gusta hacer rock and roll, ¿verdad?". La interacción constante de Vikström con las primeras filas y los siempre afilados riffs de corte clásico de Nässil mantuvieron la adrenalina por las nubes mientras desgranaban su trabajo ‘Dirty & Divine’ con cortes tan infecciosos como “Take the Power” y “Can't Put Out the Fire”.
Fieles a esas marcadas raíces setenteras y ochenteras, no dieron tregua intercalando la pegadiza “I Don't Know You” y la intensa “Bright Eyes”, para luego levantar los cuernos al aire con el ritmo pesado de “Dog From Hell”. El tramo central del show fue una auténtica fiesta en la que cayeron pelotazos como “Cheers” y “Whatever”, esta última rescatada de su álbum homónimo, ‘Thundermother’.
Lejos de levantar el pie del acelerador, las guitarras rugieron de nuevo con la macarra “Shoot to Kill” —momento en el que la guitarrista bajó a tocar entre el respetable, ante la locura de un público desatado, mientras la vocalista bebía de su lata de cerveza y la compartía con su bajista en pleno escenario— y “Speaking of the Devil”, confirmando el excelente nivel de compenetración de esta renovada base rítmica.
Encarando ya la recta final de su actuación, nos regalaron “Try With Love” y la arrolladora “Hellevator”, para rematar la faena por todo lo alto con el que ya es uno de sus grandes himnos contemporáneos: una aplastante “Driving in Style” que desató los puños de los asistentes. Un derroche de actitud que ratifica que la maquinaria de Thundermother sigue perfectamente engrasada y lista para arrasar.
Killus
Mientras tanto, los rockeros industriales Killus asaltaban el escenario “New Rock” para desatar su particular infierno terrenal. La banda descargó toda su furia visual y sonora con cortes como la frenética "White Lines", que sirvió como un golpe directo a la mandíbula, así como la abrasadora "Burning Out”.
La comunión con su entregado público fue total, sumergiéndonos de lleno en su pesadilla cibernética al ritmo de la hipnótica "Paralyzed" y la afilada "Hypocrisy", donde los riffs cortantes y las bases electrónicas se fundían a la perfección. Ejerciendo de perfecto maestro de ceremonias de lo macabro, el vocalista no dudó en espolear a las primeras filas y exigir aún más entrega gritando a pleno pulmón un irreverente: "¡Me cago en Dios, no os escucho!", lo que terminó de encender los ánimos de un recinto ya volcado.
Con el foso convertido en una olla a presión, la agrupación arremetió con la arrolladora "Feel The Monster", desatando toda su crudeza escénica. El tramo decisivo mantuvo las pulsaciones por las nubes gracias a la brutalidad de la apocalíptica "Ultrazombies", antes de poner el broche definitivo con su festiva versión de Abba del "Gimme! Gimme! Gimme", que transformó la recta final del concierto en una auténtica y oscura pista de baile. Una demostración rotunda de que su directo es una apisonadora imbatible.
Orbit Culture
Llegados desde Eksjö, Suecia, los imponentes Orbit Culture tomaron el “Doro Pesch Stage” pasadas las siete de la tarde para desencadenar uno de los episodios más destructivos del miércoles. Liderados por el rugido y la guitarra rítmica de Niklas Karlsson, y escudados por la precisión quirúrgica de Richard Hansson a la guitarra solista, el muro de graves al bajo de Fredrik Lennartsson y la arrolladora batería de Christopher Wallerstedt, el cuarteto no hizo prisioneros.
La banda venía de consagrar su nueva etapa tras el exitoso lanzamiento en octubre de 2025 de su quinto disco de estudio, 'Death Above Life', el primero que no ha sido mezclado por el propio Karlsson (contando esta vez con Buster Odeholm), y también el primero editado bajo el prestigioso paraguas de Century Media Records.
Con la contundencia que les caracteriza, arrancaron su furiosa homilía precisamente con el corte homónimo “Death Above Life”, enlazando sin respiro con la avasalladora “The Storm” y “The Tales of War”. Este último tema, perteneciente también a su más reciente redondo, resonó con especial fuerza, haciendo que muchos recordaran aquel críptico código numérico sobre fondo negro publicado el pasado año que sirvió para anunciar el sencillo y desatar la locura de sus acérrimos seguidores.
La muralla sónica, con un sonido milimétrico que retumbaba en el pecho de los allí presentes, nos arrastró a su abismo particular cuando rescataron la implacable “North Star of Nija” de su aclamado álbum 'Nija', para después descargar todo el groove industrializado de “From the Inside”, pieza clave de su exitoso largo ‘Descent'.
Su repertorio fue, a decir verdad, un auténtico rodillo que no dio tregua, volviendo a su material más reciente con los ritmos castigadores de “Bloodhound”. Hubo también espacio para mirar a sus raíces con la densa y celebrada “Rasen”, extraída de su disco homónimo, antes de regalarnos “While We Serve”. Este corte, incluido en su EP 'The Forgotten', sonó gigante en directo, revalidando sobre las tablas ese sincero sentimiento de agradecimiento hacia su devota base de fans que Karlsson quiso plasmar explícitamente en su composición.
Ya en el ocaso de su brutal recital, la formación sueca desató los pogos definitivos de la tarde al son de la pesada “Hydra” y remató la faena de forma totalmente aplastante con la monumental “Vultures of North”, dejando claro que son uno de los titanes indiscutibles del death metal melódico contemporáneo.
Black Label Society
Con la caída de la noche en Villena, el “Dave Mustaine Stage” se vistió de gala para recibir a una de las formaciones más esperadas de la jornada: Black Label Society. El imponente Zakk Wylde hizo acto de presencia a la guitarra y la voz, ataviado con una falda escocesa y aferrado a su carismático pie de micrófono adornado con una cruz y calaveras, luciendo su inconfundible estampa y flanqueado por el virtuosismo de Dario Lorina a las seis cuerdas, las pesadas líneas de bajo de John DeServio y la pegada brutal de Jeff Fabb a la batería.
Sin contemplaciones, arrancaron su recital a base de riffs densos y cortantes con la demoledora “Funeral Bell”, extraída de su emblemático disco 'The Blessed Hellride', enlazando de inmediato con la contundente “Name in Blood”, perteneciente a 'Engines of Demolition'. A lo largo de la descarga, potentes pirotecnias de humo salían de vez en cuando desde el escenario, lo que ensalzaba aún más el empaque de muchos de los temas. El cuarteto estadounidense no levantó el pie del acelerador y continuó haciendo retumbar el foso con “Destroy & Conquer”, demostrando el músculo en directo de su trabajo 'Doom Crew Inc.', para dar paso a la grooveada “A Love Unreal”, rescatada de 'Grimmest Hits’.
Fue a mitad de actuación cuando sufrieron un breve pero brusco corte de sonido que para nada empañó su espectacular desempeño, y del que se recuperaron rápidamente con total profesionalidad. El sonido pesadísimo que les caracteriza se apoderó de cada rincón del recinto cuando cayó “Heart of Darkness”, pieza clave de 'Catacombs of the Black Vatican’.
Hubo un momento en el que unas chicas lanzaron grandes balones al público, que no dudó en animarse pasándoselos entre ellos por encima de las cabezas. Sin embargo, uno de los momentos más vitoreados por la multitud, que respondió de lo lindo hacia el icónico guitarrista, llegó cuando Wylde rindió tributo a su trayectoria junto al Madman marcándose una monumental versión de “No More Tears” de Ozzy Osbourne, desatando el delirio colectivo a golpe de solo pirotécnico; si alguien puede tocar ese tema, es sin duda él.
Además, durante sus incendiarios alardes a las seis cuerdas, Zakk se permitió colar cameos musicales entre sus solos, regalándonos reconocibles retazos del célebre “Smoke on the Water” y del sombrío tema “Black Sabbath” de la mítica banda homónima. Cabe destacar el enorme mérito del incombustible Wylde, que compagina este intenso tour con sus compromisos con los reactivados Pantera (¡ojalá los tengamos el próximo año en el festival!).
Tras ese chute de pura historia del heavy metal, recobraron su catálogo propio con la elegancia del tema título “The Blessed Hellride”, seguida por la enérgica “Set You Free”, que volvió a dejar patente la compenetración perfecta a las guitarras entre Wylde y Lorina.
De cara a la recta final del concierto, echaron mano de una de sus obras más celebradas, 'Mafia', haciendo temblar el suelo de Villena con la mítica “Fire It Up” y una aplastante “Suicide Messiah” donde la sección rítmica de DeServio y Fabb atronó con una fuerza descomunal.
Como broche de oro a una hora de auténtica descarga sureña y pesadez absoluta, el vocalista soltó un potente "¿Estáis listos?", y el público enloqueció por completo. Despidieron tras esa pregunta su actuación por todo lo alto al son de la coreadísima “Stillborn”, tema que contó originalmente con la voz del añorado Ozzy en el álbum de estudio, y cuya imagen de joven apareció proyectada en la pantalla gigante en un sentido homenaje; y es que hasta vocalmente tienen Zakk y el Madman tienen un registro muy similar.
Al término de la canción, Zakk elevó su guitarra hacia el cielo en señal de respeto, y la banda al completo se despidió mientras el instrumento, posado en el escenario, seguía sonando por sí solo, atrapado en un denso y chirriante efecto de acople que atronaba por los altavoces, reafirmando su estatus indiscutible de reyes del riff.
Savatage
El “Doro Pesch Stage” se vistió de auténtica gala para recibir a una de las formaciones más añoradas y legendarias de la historia del heavy metal: Savatage. La banda estadounidense protagonizó uno de los momentos más épicos y emotivos del festival, embarcándonos en un intenso recorrido por buena parte de su legado en el que rindieron pleitesía a un buen puñado de clásicos inmortales.
Al timón de esta monumental descarga se situó un pletórico Zak Stevens a las voces, perfectamente escudado por la magia a las seis cuerdas del dúo formado por Chris Caffery y Al Pitrelli, la inquebrantable base rítmica de Johnny Lee Middleton al bajo y Jeff Plate a los parches, contando además con el magistral colchón sonoro y los coros de Shawn McNair y Paulo Cuevas.
El preludio a su aparición estuvo marcado por una proyección en movimiento de la icónica guitarra de su álbum ‘Streets: A Rock Opera’, guitarra envuelta en una enredadera de espinas de la que iban surgiendo hojas verdes y rosas rojas. A continuación, comenzaron con un fragmento de "Morphine Child", desatando el delirio absoluto de la audiencia.
Para romper el hielo definitivamente, arremetieron con la interpretación de "Dead Winter Dead", tema que da nombre a su aclamado álbum conceptual homónimo. La agrupación americana no tardó en demostrar su soberbio estado de gracia enlazando la brillante "Jesus Saves", que sonó acompañada de su respectiva frase impresa en la pantalla grande, con un público coreándola a pleno pulmón.
Lejos de dar un respiro, pisaron el acelerador con la cañerísima "Taunting Cobras" y su inconfundible rollo a lo Metallica. Acto seguido, nos envolvieron con la majestuosidad de "The Wake of Magellan", arropada por proyecciones que mostraban también la famosa portada del barco del disco homónimo.
La magia no decayó en ningún momento sobre las tablas. Tras despachar una vibrante "Strange Wings" extraída de 'Hall of the Mountain King', viajaron a sus orígenes más puros y ásperos con la añeja "Sirens", de su debut homónimo, con el público igualmente enloquecido. A continuación, cayó la contundente "Lights Out", para dar paso a un tramo donde los allí congregados acompañaron cada compás de una sentida "Handful of Rain”.
La emoción siguió en aumento con la imprescindible "Chance", confirmando que la complejidad progresiva y la garra metálica del combo siguen intactas; durante su ejecución, Zak levantó las manos como un director de orquesta y todo el público le siguió, al tiempo que se fueron sucediendo en pantalla las diferentes banderas de los países del mundo, culminando con la enseña de España ante el enorme clamor popular de los asistentes.
Pero el punto álgido de la velada, aquel que puso un nudo en la garganta a todos los presentes, llegó cuando Zak tomó la palabra: "¡Muchísimas gracias por acogernos aquí... en España! Muy bien, tengo un mensaje para vosotros del mismísimo hermano Jon Oliva: dice que os quiere. Que os echa de menos a todos. Y que os verá en cuanto le sea posible. Él también os va a decir algo justo aquí. Este es un regalo especial que hemos preparado para vosotros. Espero que lo disfrutéis". Y así, a continuación comenzó la interpretación de la bellísima "Believe". El corte arrancó de la forma más sentida posible: con una introducción pregrabada en vídeo del mismísimo Jon Oliva al piano, que sirvió para enlazar magistralmente con la parte eléctrica, ya con todos sobre el escenario.
La carga emocional del momento se multiplicó cuando comenzaron a sucederse en la pantalla emotivas imágenes del fallecido miembro fundador, (en un trágico accidente de coche), el guitarrista Criss Oliva. Ya en el éxtasis absoluto, encararon una traca final sencillamente insuperable. Iniciaron este último bloque con la pura teatralidad de "Gutter Ballet" (casi su propio "Hallowed Be Thy Name", por su progresión épica similar), con todo el público tarareando al unísono su inolvidable melodía inicial. Le siguió la elegancia imperecedera de "Edge of Thorns" y la incisiva y cañera "Power of the Night", de su segundo álbum de idéntico título.
Como colofón a una actuación de ensueño, los primeros y reconocibles acordes de la grandiosa "Hall of the Mountain King" desataron el último gran clamor en Villena, rubricando un concierto majestuoso que quedará grabado a fuego en la retina de los miles de seguidores. Ojalá vuelvan muy pronto.
Slaughter to Prevail
El “Dave Mustaine Stage” se preparó al filo de la medianoche para recibir la brutalidad sin concesiones de Slaughter to Prevail. La apisonadora de deathcore, liderada por el imponente y aterrador torrente gutural de Aleksandr "Alex Terrible" Shikolai, demostró por qué se han convertido en un fenómeno mundial del metal extremo.
Con una imponente figura de un oso pardo (grizzly) de unos seis metros presidiendo el escenario, dieron un bolazo de pura tralla que solo ofreció respiro en los discursos, apoyados por fogonazos de fuego en muchos de sus temas y un público entregadísimo que no paró de hacer mosh a lo largo de todo el set.
Pese a las constantes trabas burocráticas y políticas que han salpicado su biografía reciente —como aquella surrealista investigación en Estambul a principios de este mismo 2026 impulsada por políticos locales que aconsejaban cancelar su show—, la maquinaria ruso-británica, ahora con base de operaciones en Florida tras las sanciones internacionales, saltó a las tablas dispuesta a arrasar con todo. Flanqueado por el virtuosismo de Jack Simmons a la guitarra solista, los cortantes riffs de Dmitry Mamedov a la rítmica, las líneas densas del bajo de Mikhail "Mike" Petrov y el castigo incesante de Evgeny Novikov a la batería, el quinteto no dio tregua desde el primer segundo.
El asalto sonoro comenzó a degüello con "Bonebreaker", tema extraído de su rompedor álbum 'Kostolom', desatando inmediatamente los walls of death más salvajes y multitudinarios de la velada. Rápidamente, volcaron su furia en su más reciente y flamante tercer trabajo de estudio, 'Grizzly', editado el pasado mes de julio de 2025. De este redondo descargaron sin compasión "Banditos", la aplastante "Russian Grizzly in America" y la furiosa "Viking", convirtiendo el foso de Villena en un auténtico campo de batalla de carne y polvo.
La presencia escénica de Alex Terrible, con su inconfundible máscara, ejerció de maestro de ceremonias perfecto, alternando sus icónicos graves imposibles con screams rasgados mientras regresaban a 'Kostolom'. Antes de golpear sin piedad con la incisiva "Bratva", Alex nos agradeció profundamente la energía mostrada y el apoyo continuo, reflexionando sobre cómo estaba cumpliendo su sueño de la infancia de dedicarse a la música a pesar de las dudas iniciales de sus padres, y sincerándose también sobre lo mucho que extrañaba a su mujer y a su hijo recién nacido durante las giras.
Seguidamente, ensalzó la unión de la comunidad del metal como una gran hermandad para presentar el mencionado "Bratva", momento en el que pidió a los asistentes que se separaran y abrieran un hueco enorme en la pista para organizar un gigantesco wall of death (imponía verlo en las pantallas principales), animándolos a divertirse y desatar la locura sin importar la edad, pero advirtiendo que quienes se sintieran inseguros dieran un paso atrás para no participar y evitar incidentes.
Le siguió la muy esperada "Baba Yaga", ese guiño brutal al folclore eslavo que desató la completa locura entre los presentes. Tras un milisegundo de respiro que sirvió para que Evgeny Novikov brillara con luz propia ejecutando un técnico y arrollador solo de batería, volvieron a la carga con "Demolisher". Este corte clave de 'Kostolom' retumbó en cada rincón del festival, recordando el enorme impacto que supuso en su día para la comunidad internacional gracias a sus desmesurados guturales y su instrumentación de infarto.
Enfilando ya el tramo decisivo de su apocalíptica actuación, los breakdowns pesadísimos volvieron a adueñarse de la noche alicantina a lomos de su material más fresco. "Kid of Darkness" y "Behelit" continuaron demostrando la enorme musculatura de 'Grizzly' en directo, para finalmente poner el broche de oro, sangre y sudor con una destructiva "Conflict" que terminó de reventar las cervicales de los miles de feligreses allí congregados. Una auténtica exhibición de violencia sonora y poderío absoluto, liderada por un grupo muy agradecido y un vocalista enternecido por la brutal respuesta de la audiencia (hasta el punto de que Alex le regaló su máscara a una pequeña fan).
Sepultura
El ambiente en el recinto estaba cargado de una electricidad especial, de esa nostalgia anticipada que precede a los momentos históricos. Sepultura, auténticos titanes del metal y viejos conocidos que han arrasado en varias ediciones a lo largo de los años, tomaban el escenario para lo que, si se cumplen todos los pronósticos de esta inmensa gira mundial de despedida, será su última vez sobre nuestras tablas.
La expectación era máxima para dar el último adiós a una leyenda viva. Con el público ya agolpado en las primeras filas, la clásica introducción grabada de "War Pigs" de Black Sabbath, enlazada sin respiro con "Polícia" de Titãs, encendió la mecha. Irrumpieron como un huracán desatando la locura instantánea con la visceral "Inner Self", extraída del mítico ‘Beneath the Remains’.
Sobre el escenario, lucieron como una máquina de matar perfectamente engrasada: el imponente Derrick Green comandando a las voces con una presencia arrolladora, el incombustible Andreas Kisser escupiendo riffs afilados a la guitarra, el histórico Paulo Jr. marcando el pulso denso al bajo, y la reciente pero apabullante incorporación del jovencísimo Greyson Nekrutman, quien demostró una técnica y pegada sobrenaturales a los parches.
El demoledor asalto continuó combinando texturas y épocas. Tras descargar "All Souls Rising", los brasileños nos arrastraron de vuelta a 1991 con una impecable ejecución de "Desperate Cry", para luego pisar los terrenos más pesados y machacones de la etapa moderna con "Kairos".
Derrick se dirigió a nosotros emocionado: "¿Cómo coño está todo el mundo? Es genial estar aquí, donde hemos tocado tantísimas veces, compartiendo esta experiencia de nuestra despedida con vosotros. Así que gracias a todos. ¡Muchas gracias, amigos! Vamos a tocar muchas canciones de diferentes álbumes y eras de Sepultura". Así, la banda continuó con "Means to an End", recordando la enorme valía de su aclamado ‘Quadra’.
La crudeza noventera regresó con fuerza al asomar la inconfundible "Attitude", seguida de "The Place". Uno de los momentos más especiales y mágicos de la velada llegó con los ritmos tribales de "Kaiowas", que transformó las tablas en una auténtica fiesta gracias a una jam de percusión con invitados sobre el escenario, demostrando esa conexión tan pura que siempre han tenido con sus raíces.
Lejos de levantar el pie del acelerador, la recta final del show fue un atropello de clásicos inmortales concebidos para destrozar cervicales. La fiereza de "Dead Embryonic Cells" y el peso de "Beyond the Dream" prepararon el terreno para el núcleo duro de ‘Chaos A.D.’: los himnos contestatarios "Territory" y "Refuse/Resist" desataron inmensos circle pits que levantaron auténticas nubes de polvo, culminando esta fase con la velocidad vertiginosa y el caos absoluto de “Arise".
Para el esperado bis, Greyson Nekrutman se quedó solo bajo los focos para regalarnos un apoteósico solo de batería que sirvió de puente perfecto hacia las percusiones selváticas de "Ratamahatta". Como no podía ser de otra forma, el colofón definitivo a una carrera de cuatro décadas y a un concierto sencillamente magistral llegó con el himno intergeneracional "Roots Bloody Roots", cantado a pleno pulmón por un festival entero que se resistía a dejarlos marchar.
Mientras los músicos se despedían visiblemente emocionados y sonaba "Easy Lover" de Phil Collins por la megafonía a modo de cierre, tuvimos la certeza de haber presenciado un capítulo inolvidable. Si este ha sido verdaderamente el adiós, los brasileños se despiden por la puerta grande, reinando por última vez.
Comencé a colaborar en “La Heavy” (cuando se llamaba “Heavy Rock”) y en su hermana gemela, “Kerrang!” (edición española), a finales de los 90, retomándolo en el nuevo milenio también en MariskalRock.com. También he escrito en el diario ABC y en publicaciones locales como “Siete Días Yecla”, además de haber trabajado durante un tiempo en el Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de mi querida Yecla. Tengo un blog, Brotando Music, donde podréis encontrar poco a poco los enlaces de todo el material que publico aquí, así como nuevo contenido inédito. Entre mis próximos planes está escribir un par de libros, uno de ellos sobre una de mis bandas favoritas.
Actualmente vivo en Yecla, aunque Alicante, Madrid, Murcia, Valencia… son ciudades también muy importantes para mí, por diferentes motivos. ¡Nos vemos en los conciertos… y que brote la buena música!
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