Pocas semanas después de charlar con ellos mientras preparaban las maletas en Byron Bay, la joven formación australiana Headsend desembarcó en la sala Razzmatazz 3 de Barcelona de la mano de Doctor Music. Los hermanos Rasmus (cantante y guitarrista) y Kyuss King (surfero bajista) junto a su batería, Bon Soric, demostraron que la urgencia y la energía cruda del rock de garaje y el grunge noventero están más vivos que nunca.
La historia de esta banda roza lo milagroso: desde conseguir una gira estadounidense con Eagles of Death Metal mandando un simple email hasta fichar al reputado productor Nick DiDia tras viajar a EE. UU. para hablar con Brendan O'Brien y descubrir que DiDia vivía a solo diez minutos de su casa en Newrybar. Incluso la llegada de Bon Soric (bautizado así por Bon Scott de AC/DC) tuvo su guión cómico: era el vecino de la abuela de los King, quien odiaba cómo tocaba la batería hasta que la banda, desesperada por encontrar batería, lo reclutó para el grupo.
Fieles a su filosofía analógica de grabar todo en vivo para capturar una vibra real y sin artificios, el trío saltó al escenario de Razz 3 pocos minutos después de las nueve para descargar un setlist de apenas 45 minutos y nueve canciones apuntadas a mano en un trozo de cartón.
El arranque con “Stove” marcó el tono de la noche: dinámicas de quiet / loud, guitarras cargadas de fuzz y la voz rasposa de Rasmus. Kyuss al bajo y Bon en los parches sostuvieron un muro rítmico pesado donde afloraron las influencias que los nutren, desde Nirvana, Dinosaur Jr. o Silverchair hasta la contundencia de Black Sabbath y Melvins.
A pesar de provenir de la meca del surf, la banda dejó claro que su música no se encasilla en el surf rock, lo suyo es el volumen, la distorsión y la actitud. Sonaron piezas de su EP ‘Angel Glands’ y también del próximo ‘A Delicate Balance’, que tiene prevista su salida el próximo 6 de noviembre, y del que avanzaron “Coordinators”, que todavía no ha visto la luz.
Vivimos y disfrutamos temas cargados de energía distorsionada que hicieron pequeña la sala barcelonesa. Quizás la asistencia no fue de impacto, pero su propuesta nos dejó con un buen sabor de boca, de esos históricos que la gente recordará. Los veo volviendo en una sala de mayor aforo, como ya pasó con Enter Shikari o Dead Poet Society.
Headsend fueron de menos a más y acabaron por todo lo alto: sin teloneros y sin concesiones. Siendo honestos y sonando grandes pese a tocar en un lugar pequeño y oficialmente sin disco largo de debut.
Fue un show compacto, directo y sin apenas tiempo para los discursos, solo agradecimientos y la sensación que ese batería es el John Bonham de nuestra generación.
En Barcelona asistimos a una bella, intensa y corta demostración de que con buenas canciones, actitud y tres músicos compenetrados basta para firmar una noche de rock auténtico.
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