La noche arrancó a las 19:00 en punto y con una entrada bastante modesta. No había mucha gente, lo normal en un día entre semana y con unas bandas que actualmente no están en lo más alto del panorama rockero, aunque según fue avanzando el concierto, eso terminó jugando a favor del ambiente. Había tan poca distancia entre las bandas y el público que se podía hablar con los músicos desde abajo, y ellos contestaban y entraban al trapo. Con Faster Pussycat, además, aquello acabaría dando bastante juego.
Femme Fatale
Los primeros en salir fueron Femme Fatale. Tuvieron algunos problemas de sonido, sobre todo con la voz, y el concierto salió adelante gracias en buena medida a una banda que sonó muy sólida. Lorraine Lewis (ex-Vixen), sin embargo, no tuvo su mejor noche. Hubo momentos en los que parecía quedarse sin voz, y vocalmente, en mi opinión, el concierto se hizo algo irregular.
Blacklist Union
Con Blacklist Union la cosa cambió rápidamente de marcha. Salieron potentes, con garra y con un sonido bastante mejor que el que habíamos tenido durante la primera actuación. Hard rock directo, macarra y sin demasiadas florituras. De ese que funciona especialmente bien en una sala pequeña. “Gracias por venir. Nos gusta estar aquí”, soltaron al público. Y se les veía cómodos.
Su set fue corto pero intenso: “Durango”, “Mississippi Moonhound”, “Heavy Is the Crown”, “Evil Eye”, “Dirty Halo”, “Madame Butterfly” y “Jackson”. En algún momento incluso apareció ese inevitable espíritu Ramones con el “Hey ho, let's go”, algo que le sentaba bastante bien a la noche.
También hubo tiempo para las dedicatorias. Antes de “Dirty Halo”, Tony West explicó que el tema pertenecía a Letters from the Psych Ward y se lo dedicó a su amigo Wayne Swinny, guitarrista y fundador de la banda Saliva, que murió hace tres años. La siguiente canción también tuvo dedicatoria, cuando Tony West dirigió la mirada hacia Lorraine Lewis: “¿Habéis visto a esa tía, Lorraine Lewis, aquí delante? Pues escribí una canción sobre ella. ¿Queréis escucharla?” Y arrancó “Madame Butterfly”, dedicada a Lorraine.
Lewis terminaría subiendo al escenario junto a Blacklist Union, reforzando una sensación que se repetiría durante toda la noche: aquello no era una gira de bandas encerradas cada una en su camerino esperando su turno, sino que había bastante buen rollo y conexión entre todos los músicos de las tres bandas.

Faster Pussycat
Tras Blaclist Union, le tocó el turno a los míticos Faster Pussycat. Lo suyo fue caos, risas y rock and roll. Salieron y desde el principio quedó claro que la cosa iba a tener bastante poco de ceremonia. La banda sonaba compacta, muy compacta, y en una sala con poca gente esa cercanía funcionó de maravilla. El cantante podía conversar directamente con alguien del público y recibir respuesta. Y esos diálogos en dos idiomas poco dominados por unos y otros, dio lugar a situaciones bastante divertidas.
Hicieron un set de algo más de una hora, donde pasaron por: “Motorbike”, “Don’t Change”, “Cathouse”, “Slip of the Tongue”, “You’re So Vain”, “Like a Ghost”, “The Power and The Glory Hole”, “Pirate Love”, “House of Pain”, “Where There’s a Whip There’s a Way”, “Bathroom Wall”, “Shut Up and Fuck” y “Babylon”.
Pero buena parte de lo que hizo especial su concierto sucedió precisamente entre las canciones. Como ocurre a menudo por estos lares con bandas extranjeras, hubo una divertida conversación entre Taime Downe y el público sobre donde estaban. España, Basque Country… El bueno de Downe, entre risas, dijo: “Me han dicho que venía a España, entonces, ¿en qué país estamos? Bueno, os llamaré Pamplona”. Y siguió: “Gracias, Pamplona, por haber venido esta noche. Es nuestra primera vez aquí y significa mucho para mí”.
Sin embargo, no sería el único problema lingüístico de la noche. Hubo un “caliente” soltado en castellano, con el que se recrearon, que provocó risas y, por si fuera poco, el bajista, Danny Nordahl, decidió saludar al respetable con un orgulloso: “¡Buenos días!” Al que sus compañeros no tardaron ni dos segundos en corregirle: “¡Buenas noches!”, se dice “buenas noches”. Y risas otra vez. De ellos y nuestras. Porque lo mejor es que no parecía el típico recurso ensayado para ganarse al público. Se estaban haciendo un lío de verdad y se lo estaban pasando bastante bien con ello.
El batería, Chad Stewart, por su parte, decidió colaborar con el caos. En un momento determinado se equivocó al comenzar una canción. Pararon. Miradas y risas. Y en lugar de disimularlo, Faster Pussycat hicieron exactamente lo contrario: recrearse en ello. Downe empezó a meterse con él, inventándose incluso palabras sobre la marcha, para explicar la cagada, algo así como “slow-tarded”, y “dipshittery”, que mejor, no intentamos traducir. Aquello acabó derivando en una especie de discusión lingüística sobre qué insultos se podían decir o no en España. O en el Basque Country. O donde demonios creyeran que estaban en ese momento.
El público se partía de risa. Era uno de esos momentos absurdos que probablemente no se repetirían en el concierto de Barcelona (o quien sabe, igual sí) y que, precisamente por eso, terminan siendo de lo que uno se acuerda al día siguiente. Más adelante, Downe volvió sobre el asunto geográfico: “Y siento haberos llamado España. Pero me dijeron que venía a España, así que… Ayer mismo estuve en Francia. Creo que todavía se llama Francia”. Otra vez las risas.
No hubo mal rollo. Más bien todo lo contrario. Fue una conversación algo surrealista entre banda y público, con ellos mismos riéndose de su incapacidad para aclararse.
Al final quedó una noche de hard rock muy divertida, con bastante mejor ambiente del que hacía pensar la entrada y tres bandas mezclándose sobre el escenario. Faster Pussycat demostraron que siguen teniendo tablas de sobra y Blacklist Union fueron, para mí, una de las sorpresas de la noche.
Y entre “buenos días”, equivocaciones del batería y el lío geográfico de Taime Downe, nos fuimos a casa con el buen cuerpo que se queda tras un divertido show de hard rock clásico. Que tampoco está nada mal para ser entre semana.
Una cultura que atraviesa mi día a día: en las bandas que me sostienen, en los vinilos que me acompañan y en cada espacio desde el que intento aportar algo, ya sea en mi blog Entre Besos y Raíces o en medios como Arainfo y MariskalRock.
He publicado Rock y Rasmia, y en ello sigo: aprendiendo, aportando y escribiendo, sin dejar nunca de escuchar.
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