Lo de ver conciertos sentado es una pesadilla que a muchos nos hace rememorar aquella pandemia tan devastadora e injusta para el sector cultural. Si bien es cierto que con algunos géneros o artistas uno puede permitirse vivir la experiencia de manera más cómoda o reposada, el rock n’ roll no se inventó para acomodarse en una butaca, sujetarse el mentón y mover ligeramente la cabeza en señal de aprobación. Tampoco es cuestión de ponerse hasta el culo y al día siguiente maldecir la resaca y encima no recordar nada, pero un poco de ímpetu debería ser obligatorio para afrontar un evento de estas características. Y por supuesto, que nadie se acerque con chanclas, crocs ni otro tipo de indignidades.
Casi se nos nubla la memoria al pensar en la última vez que estuvimos en el Teatro Serantes, sito en la localidad de la margen izquierda de Santurtzi, el lugar natal de Eskorbuto, por cierto. Un recinto muy coqueto, quizás demasiado, para contemplar a una banda tan castiza como Burning, pero si algo distingue a los seres humanos es su capacidad para adaptarse al entorno. Como nota positiva, mencionemos el sonido cristalino e impoluto del que disfrutamos, digno de un combo con tanta solera como los de La Elipa.
La población marinera de Santurtzi vivía esos días fiestas por la festividad de San Jorge, y con un teatro situado muy cerca del centro de la ciudad, estaba claro que se llenaría. La mayoría de asientos fueron ocupados no solo por locales, sino por aficionados foráneos como un servidor, que no dudamos en acudir a la llamada del rock n’ roll, pese a que ya les habíamos visto en Bilbao el pasado octubre.
Burning
Por mucho que estuviéramos en otro concierto de Burning hace algunos meses, nos alegramos mucho de haber ido porque la cita nada tuvo que ver con la anterior, ni en repertorio, actitud del respetable o las mismas peculiaridades del recinto. Lo de estar sentado en un primer momento fue algo que resultó curioso hasta para el propio Johnny, que se permitió coñas al respecto, ironizando con lo cómodos que estábamos ahí tranquilitos en las butacas. Menos mal que la película cambiaría por completo posteriormente.
“Sé cómo vivir (no cómo morir)” pegó el pistoletazo de salida a un desmadre que fijo que no se experimentaría a menudo en un teatro. Que me aspen si resulta sencillo quedarse sentado con temazos del calibre de “Jim Dinamita” o “La bestia azul”.
En el recinto se estaba gestando toda una rebelión contra las normas establecidas que decían que había que permanecer en los asientos durante el concierto. Al principio, solo había unos pocos insurrectos levantados, pero a medida que avanzaban los minutos, cada vez más se fueron uniendo al comando hasta congregar tanta gente cerca del escenario como en un bolo al uso.
A pesar de que sonaron piezas más recientes del estilo de “Alma negra”, no tardarían en llegar aquellas canciones que ponían la piel de gallina como “Jack Gasolina” o ese “Como un huracán” que siempre emociona como la primera vez, con el homenaje añadido “a los que ya no están”. Y también agrada que sigan haciendo justicia a un disco tan importante en la trayectoria de Burning como ‘Pura sangre’, del que rescataron la macarra y sentida “Demasiado sucio”, de mis temas preferidos de sus últimos discos. Pero si queríamos emoción en vena ahí teníamos “Tú y yo”, una joya de su carrera que han recuperado recientemente. Ojalá hicieran lo mismo con “Cristina”, “Escríbelo con sangre”, “Día de lluvia” y tantas otras olvidadas de su repertorio.
Volviendo al presente, la que sí que rescataron es la versión de The Rolling Stones “Star, Star” en castellano, que les sienta tan divinamente como si la hubieran compuesto ellos. Y “Muévete en la oscuridad” enardeció tanto los ánimos de la parroquia que alguno hasta pilló el brazo de su novia a modo de mástil para puntear. Enorme.
El subidón no disminuiría con otra de las esperadas, “Esto es un atraco”, donde recuperaron aquella mítica estrofa que llama a las autoridades “monos” y que en los últimos tiempos habían sustituido por una alternativa más proclive a los pacatos tiempos actuales. Sigo pensando que la versión en directo con Joaquín Sabina es insuperable, pero mentiría si dijera que nada se remueve dentro al escucharla.
Enlazaron con otra piedra angular del calibre de “Es especial”, con Johnny Thunders en la memoria, y sin desaprovechar ni un solo momento, remataron la jugada con “Mueve tus caderas”, con el grueso del personal bien levantado, porque eso de darle a las caderas en una butaca no es ni parecido. No tardaron en regresar para los bises, con Johnny exclamando: “¡Es tan pronto! ¡Nos iremos al casco viejo a tomar unas cañas!”.
Las primeras notas de “No es extraño que tú estés loca por mí” atronaron en el recinto y pusieron el corazón en un puño a una multitud que no tardó en unirse cantando a pulmón. La anterior vez en Bilbao se la dejaron en el tintero, por lo que ya podíamos salir de allí contento como unas castañuelas. Finiquitaron con las ya esperables “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?” y “Una noche sin ti”, fundamentales para cualquier fan que se precie.
Como decíamos antes, muy agradecidos por habernos acercado hasta Santurtzi para vivir otro de esos recitales de poner pelos de punta, un concierto que además demostró que los rockeros son gente con espíritu crítico que sabe que a veces las normas están hechas para romperlas. Que viva el pensamiento ilustrado, ahora y siempre, es lo que más falta nos hace en una época con tendencia al borreguismo.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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