No cabe duda de que a comienzos del nuevo milenio los italianos Lacuna Coil crearon una escuela similar a Paradise Lost con álbumes como ‘Comalies’, con destellos góticos, o ‘Karmacode’, más enfocado hacia el nu metal y el rock alternativo. Evidentemente, los de Cristina Scabbia no inventaron ese formato que combinaba voz femenina, a veces con tendencia operística, con tonos guturales, pero contribuyeron a popularizarlo y adaptarlo a un entorno más contemporáneo y no tan sinfónico.
En ese contexto debemos valorar este tercer álbum de los vizcaínos Song of Anhubis, que sigue la progresión de una banda ecléctica nacida en 2012 y que durante la pandemia sufrió varios cambios de formación. Contar con la espectacular producción de Pedro J. Monge (Vhäldemar) desde los Chromaticity Studios supone ya de entrada un aval importante, pues se trata de una de las figuras locales más reputadas del género y garantía absoluta de un sonido profesional de cabo a rabo.
“Embrace Me, Andrómeda” sienta de un plumazo las mínimas bases por las que discurrirá el redondo, pese a que se trata de una banda muy versátil a la que podrían asociarse adjetivos que van desde lo gótico hasta lo alternativo. En esta primera pieza advertimos del mismo modo las notables cualidades de la vocalista Rei Veil, una de las fundadoras del grupo junto al guitarrista Polvareda Johnson.
“Tyranny of the Weak” certifica el nuevo rumbo musical que ha adoptado la formación con un tema metalero de pegada importante, pero también con cierto dramatismo, como podemos observar en el estribillo. No extrañaría que fuera una de las canciones que mejor funcionen en directo cuando presenten el disco. “In this Immense Void” se escora más hacia el metal gótico de los Lacuna Coil del ‘Comalies’, pero sin que se resienta la contundencia, hasta incorporan tonos guturales con un resultado muy aceptable.
El inicio reposado de “We are the Flesh” parece un resabio de su anterior etapa con coqueteos con la electrónica, pero una rotunda voz de las que despeina nos confirma que no van a ir por ahí los tiros. Encontramos por lo tanto un cuidado equilibrio entre pasajes de alta intensidad y el fundamental poso metalero que nos recuerda el género que estamos escuchando. Atentos a los alardes vocales de Rei en la parte final.
“El vórtice en mí” implica una ruptura con la tónica general del disco por varios motivos. Es la única canción en castellano, por una parte, y ya sabemos que a veces la utilización de un idioma determinado puede cambiar por completo la visión de un grupo. En esta ocasión, el aspecto musical no varía en lo sustancial, salvo en el empleo de elementos electrónicos muy de fondo, pero en cuanto a nivel vocal chocará un poco si lo comparamos con el resto del material. Animamos, sin embargo, a que profundicen en esta senda.
“Swallowed by Venus” posee uno de los comienzos más trepidantes de todo el disco, y tampoco erraría demasiado si aseguro que se trata de uno de los mejores cortes del conjunto, por lo menos para los fans del metal gótico, como un servidor. “Apophis Signs the End” refuerza su vertiente más atmosférica, pero como ya hemos subrayado antes, sin que desaparezcan los riffs densos o la considerable pegada de batería.
El tramo final del álbum sube el listón con “Olympus Mons”, otro de los puntos álgidos donde sobresale esa delicada proporción que mantienen entre melodía y base metalera, o “In Other World”, con su faceta lírica a lo Nightwish tomando protagonismo. “Across the Tartarus” pone la épica necesaria para acabar con buen sabor de boca pensando que su evolución va en el camino correcto.
Si valoramos su trayectoria en su conjunto, este trabajo implica un paso importante para la formación de cara a fortalecer una identidad que no dependa tanto de las raíces góticas de los inicios. Sin abandonar del todo este último elemento, el componente metalero no se halla sepultado ni mucho menos, así como su voluntad de incorporar al sonido diferentes matices que fijo que ganan con cada escucha. Todavía pueden seguir creciendo.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
