Un profesor me dijo una vez que si no tienes un modelo de éxito claro y definido copies el de otro. No es algo fácil recoger esta tarea sin que la copia del modelo se convierta en plagio y Airbourne ha conseguido que la fórmula AC/DC ahora también suene a sello propio. Lo ha hecho superando las expectativas de sus cinco primeros trabajos en este apoteósico redondo que han querido bautizar, por chulería demencial o por haberse encontrado con ellos mismos: ‘Airbourne’. Si elegir ese nombre puede llegar a delatar sequía creativa o un reinicio, no esperes eso en lo musical: hay que quitarse el sombrero ante semejante derroche.
Si escuchas por primera vez a los hermanos O’Keeffee no sabrás en qué siglo vivimos, no sabrás si hacen rock’n’roll, hard rock o heavy, pero, eso sí, no querrás dejar de escuchar el taladro que se instala en el cerebelo desde el minuto cero con “GUTSY”, un gustazo para abrir esta caja de sorpresas en la que recuperan al veterano productor e ingeniero Mike Fraser para registrar ese timbre analógico por el que suspira cualquier purista: válvulas a punto de estallar y pura personalidad que ya demostró con AC/DC, Metallica, Poison o Aerosmith.
Nada de baladas, nada de respirar, sin aliento hasta el último acorde con coros que pretenden hacer rugir estadios, lo vemos claramente en la siguiente pista, “Alive After Death (Last Plane Out)” (escrita en la litera de un autobús de gira) y también en el inicio de “Here She Comes”, que tiene pinta de convertirse en clásico. No esperes letras profundas, esto es rock de libro: sexo, hedonismo, homenaje a sus ídolos caídos y autosuperación, ¿qué más necesitas para una noche de desenfreno?
Lo más parecido a un ritmo lento lo encontramos a mitad del redondo, “Sky Hig”, que, pese a ese momento tranquilote, habla de adrenalina y el carpe diem como forma de vida. Aunque todavía queda lejos, la Navidad también tiene presencia en el disco, en busca de un aguinaldo que, más que económico, pretenden sexual, “Christmas Bonus”, un tema más a añadir a la lista que, a buen seguro, tendremos muy presente en unos meses para molestar un poco en las celebraciones familiares.
Cuando antes hablaba de copia, no quería entrar de lleno en las formas de plagio, pero que levante la mano el que no vea una clara, quizás clarísima, influencia en “Last Man Standing” a sus compatriotas, los hermanos Young; de hecho, Platero y Tú también podrían meterse en legal si quisieran lío… no seré yo quien abra ese melón.
El tramo final también merece la pena, “Bogota” abre con su visión de las giras latinoamericanas, esa falta de oxígeno a casi 3.000 metros de altura y la huida en furgoneta por la excesiva fogosidad de los fans colombianos; mientras que “Hell’s Got No Vacancy” te instala directamente en el infierno, total, van a ir sí o sí, de modo que no hay motivo para preocuparse, riff contundente y apisonadora demoledora a base de falsetes “Devil is just gonna kick me back out, because I’m a fucking problema”.
El final lo dejan para mostrar sus respetos a históricos del rock, iconos como Lemmy Kilmister, Malcolm Young, John Bonham, Ozzy Osbourne o Little Richard que deben estar en el cielo del rock and roll, los habrán expulsado también a ellos del infierno. Siempre es buen momento para reflejar lo que han aprendido de sus maestros, de hecho, el propio Joel O’Keeffe publicó hace unos meses una carta a Lemmy en la que le daba las gracias por los grandes consejos que recibieron del de Motörhead.
En algún momento veremos caer a los gigantes de los setenta, pero, cuando llegue ese día, los miembros de Airbourne estarán preparados para ser ellos quienes revienten los escenarios gracias a su terquedad y, seguramente, al valor que este disco añadirá a su consagrada trayectoria.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.
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