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Crónicas

Yetiblack + 41 Ravens:

«La fusión de ambos grupos nos incita a continuar en el universo rockero-metalero, ojalá vuelvan a obsequiarnos con otra grandiosa actuación como la que pudimos presenciar»

Louie Louie, Estepona (Málaga)

Texto y fotos: Sand Muñoz

El Louie Louie lleva siendo un referente musical para muchos de nosotros desde hace poco más de una década. Es de los pocos lugares que quedan en el que se puede disfrutar de una gran calidad de sonido y unos excelentes carteles, y podemos decir que apuesta a caballo ganador si decide mantenerse fiel a sus ideales. Los espectáculos en vivo van eliminándose de cualquier escena, sobre todo de los espacios pequeños que albergan un estilo tan único y concreto como el del metal.

Su limitado espacio hace que estemos mucho más metidos en todo el espectáculo y el entorno velado que envuelve la sala es el medio propicio para calentar motores.

Afortunadamente aún nos dejan un legado de conciertos que perdurarán para el resto de nuestros días. El goce y disfrute de la música en vivo siempre nos deja un gran sabor de boca, y esta sensación se repitió el día 9 de noviembre.

Pudimos encontrar un concierto que se prolongó hasta altas horas de la madrugada. La actuación prevista se retrasó de manera estrepitosa, pero nos vimos recompensados gracias a la maravillosa actuación de las dos bandas protagonistas: desde Granada Yetiblack, y desde Málaga 41 Ravens. Dos grupos que consiguen complementarse tanto en estilos como en la puesta en escena, y en los que el buen rollo, la profesionalidad y la pasión por la música priman por encima de cualquier cosa.

Primero nos sumergimos de lleno en el ambiente del post-rock-progresivo. Abrió la noche Yetiblack. Dando guerra desde el 2012, encontramos una banda compuesta por guitarra, voz, batería y bajo, no se necesita ningún acompañamiento más cuando se goza de tanto talento. No pueden transmitir más que pura energía y una fuerza adictiva que te atrae desde el momento en que los escuchas.

Yetiblack, debe recalcarse, ha conseguido labrar su propio camino dentro de este mundillo, lo que de por sí tiene un mérito muchas veces poco valorado. Pero lo que más estimación tiene es la entereza que desprenden. Lo más difícil a la hora de interpretar es conseguir fundirse en una única expresión, seguir la constante de todos a una, y es una cuestión que ellos han conseguido superar con creces.

Una intro arrolladora abrió el concierto. “Push” fue el tema con el que comenzaron su repertorio. Optaron por interpretar cuatro de las canciones pertenecientes a su ‘The Seventh Stage’, lanzado en el año 2017, y nos regalaron un maravilloso momento al cierre del concierto, en el que interpretaron la última que quedaba del mismo.

Incluyeron sus dos sencillos más recientes: “Pray” y “Stony Road”. La última cuenta con poco más de siete minutos impregnados de tranquilidad y revuelo. Despuntan los cambios rítmicos y melódicos, guiados por una percusión más relajada.

Las canciones se sucedieron incesantes; “Cycles”, “Sample”, “Fallout” y “Sickness” también fueron interpretadas. Todas nos invitaron al absoluto placer y nos permitieron regocijarnos al son del headbanging.

Desgraciadamente, ninguna de las dos bandas consiguió la plena atención del público, que parecía más bien disgregado por la sala al azar.

Con el trascurso de la noche se fue despejando la estancia y quedamos los más apegados al metal.

El grupo que sucedía,41 Ravens, nace en la ciudad de Málaga como consecuencia de las inquietudes de sus integrantes, y nos abre un amplio abanico de estilos marcados por su saber hacer musical. Tiene un carácter determinante y único y podríamos definir su estilo como rock con tintes de metal, hard, progresivo y alternativo.

Así, tomaron las riendas de lo que quedaba de velada y siguieron caldeando el ambiente.

La trayectoria musical de cada uno de sus miembros nos demostró que son unos auténticos entendidos y que la falta de competencia no es una de las características que marca el rumbo de su formación como banda.

“Miracle” fue el primer tema que sonó y despertó en todos los presentes el ansia por abandonar la idea de pernoctar. Las quintas brotaban de las cuerdas y nos mantuvieron expectantes durante toda la puesta en escena. Además, la percusión nos dejó atónitos ante la maestría de su ejecutor. La presencia de solos, acompañados de un aplastante ritmo, logró revivir en nosotros el deseo de continuar la juerga.

Contamos con una cover de Pearl Jam, “Alive”, que encajó de manera muy acertada con la personalidad de sus temas. Tal y como dijeron ellos, Pearl Jam es uno de sus grupos preferidos. Fue un tema propicio para cantar de manera unánime e incluirnos en la escena.

“Among the Ashes”, “Belive” o “Inner Stranger” son los títulos de algunos de los temas que pudimos escuchar, y que nos hicieron saltar durante todo el concierto.

Lo que llamó más la atención fue un pequeño “medley” que hicieron a mitad del espectáculo. Éste consistió en la mezcla de temas conocidos, que fueron cantados a coro y en el que dejamos todo nuestro ser. Quizá fue la pausa que necesitaban para vertebrar su repertorio y para integrar aún más a los espectadores.

“Pray” fue el último tema que se interpretó y fue una sabia elección, ya que nos ofreció la vitalidad necesaria para resistir un buen rato más tras el evento.

Solo podemos decir que la fusión de ambos grupos nos incita a continuar en el “universo rockero-metalero” y que ojalá vuelvan a obsequiarnos con otra grandiosa actuación como la que pudimos presenciar.

Esperemos únicamente que días como estos no queden más en el olvido, pues la buena música nunca puede morir.

 

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