Crónicas

Crónica de The Strypes + Max Meser: Contra el elitismo...

«Personalidad propia robada de influencias que, poco a poco, va creando un sonido propio y una marca global»

3 febrero 2018

Sala But, Madrid

Texto y fotos: Sergio Julián (@sergio42)

Las sensaciones, la energía y la emoción son elementos infravalorados en la actual escena rockera. Priman la técnica, las atmósferas o la ruptura entre medios elitistas, festivales de tendencias y las autodenominadas “propuestas arriesgadas”, creando automáticamente una pérdida de valor que no debería existir en manifestaciones culturales por una mera preferencia estilística. No nos engañemos: son elementos por los que nos tenemos que dejar guiar, pero… ¿y si un día lo mandamos todo a la mierda y nos entregamos a la música?

The Strypes

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un concierto como lo hice con el de los Strypes. Con su último disco, ‘Spitting Image’, han dejado paso a la melodía dentro de su atronador juego de riffs. Los fraseos heredados de los discos que escuchaban de sus progenitores se mantienen, pero lo verdaderamente interesante es que su campo de cultivo por fin ha florecido: su música es más universal que nunca, permitiendo que la But presentara un sold out en el que los millenials se alternaban con unos cuantos grupos de adultos que lo flipaban ante su propuesta. Asentían afirmativamente ante sus dentelladas; algo iba bien.

Ayudó que comenzaran su bolo con una atronadora versión del “Rollin’ & Tumblin’”, aquel blues interpretado por Canned Heat, por Elmore Jones, por Cream o por Muddy Waters, en esta ocasión más cercano a la versión de Jeff Beck. Desde ahí, Ross Farrelly se cargó de actitud jugándose la voz desde las primeras notas para conducir la provocación que supone soltar uno de sus mayores hits, “Eighty-Four”, como verdadero inicio del set. Peter O’Hanlon, al bajo, se lleva todas las miradas gracias a su imprevisibilidad. No se detiene ni un segundo: eléctrico y solvente, clava cada uno de los complejos riffs al tiempo que puede permitirse coreografías o saltos desde la tarima. De hecho, en el tramo final del concierto rompió los tornillos que sujetaban el bajo y su correa tras imitar los “disparos” de Harris.

Siguen “Cruel Brunette” y primera concesión a su último lanzamiento, “(I need a break from) Holidays”, himno punkarra que fue recibido por los brazos abiertos por el público más joven. Pocas concesiones entre temas: ritmo, ritmo, ritmo.

A la actitud de O’Hanlon al bajo y de Evan Walsh a la batería (lo vivió tanto que se le escapó el tempo más de una vez) le seguía la elegante sobriedad del vocalista (pura pose) y de un Josh McClorey que clavó cada uno de sus solos. Los referentes seguían presentes y la alargada sombra de sus compatriotas Thin Lizzy se hizo aún más evidente en “Hometown Girls”, de su debut de 2013 ‘Snapshot’ (y pensar que por aquel entonces no tenían ni la mayoría de edad…). La visceralidad de “Freckle & Burn” de su EP ‘Almost True’ nos llevó a “Easy Riding”, tema que cualquiera se podía imaginar sonando en las emisoras radiofónicas de comienzos de los setenta. Para enmarcar.

Se conocen los trucos de los grandes y los replican. Parón en “Angel Eyes” para volver por lo más alto y terminar en el outro homenajeando al sonido Sabbath, coros desatados en “Get Into It”, solo de “Great Expectations” expandido con un guiño descarado al “Jessica” de los Allman Brothers Band y el momento de mandar a todo el mundo al suelo en “Scumbag City” (salvo un grupo de cinco cuarentañeros que se quejaban en medio de la pista de que estaban “demasiado viejos para hacerlo”). Momentos de brillantez se alternaban con pequeños fallos en la ejecución que no desmerecían el conjunto. La distorsión ocultaba sus errores y la actitud les protegía.

Max Meser

El final, una nueva demostración de actitud: homenaje a Nick Lowe con su “Heart of the City” pasada bajo el filtro de los Sex Pistols y, cómo no, “Blue Collar Jane”, rematada con un solo con la guitarra a la espalda. Los jóvenes alucinaban y los mayores, también. Personalidad propia robada de influencias que, poco a poco, va creando un sonido propio y una marca global. Si el boca a boca funciona, llenarán La Riviera en un par de años. Y, si no, que toquen igualmente.

Setlist: Rollin’ and Tumblin’ / Eighty-Four / Cruel Brunette / (I need a break from) Holidays / Black Shades over Red Eyes / Hometown Girls / Grin & Bear It / Freckle & Burn / Easy Riding / Angel Eyes / Get Into It / Behind Closed Doors / Great Expectations / Mystery Man / What A Shame / Drive You Home / Scumbag City. Bis: Heart of the City / Blue Collar Jane.

Antes pudimos disfrutar del concierto de Max Meser. Simpatía para presentar un set que supuso todo un homenaje al rock y al pop psicódelico de los años 60. Brillaron especialmente “Broomstick Man”, navegando entre el Bowie de ‘Hunky Dory’ y Foxygen; la energía beat de “Square Room” y la mod “Weak for Love”, que cuadró el círculo para enlazar con un reprise de “Mr. Jimbo”. Max conduce la voz de quienes le precedieron en el género; les mantiene vivos, por así decirlo. Falta saber si construirá la suya propia.

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