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Crónicas

Los Barones: No habrá final porque sabemos que siempre estaréis allí

«Poder cerrar un concierto con “Los rockeros van al infierno” es decir que estamos ante lo mejor que ha parido el rock nacional. Pues sí, Sherpa y Hermes son eternos, nunca morirán, siempre seguirán volando, aunque llueva»

Sala Jimmy Jazz, Vitoria

Texto y fotos: Matt Izaguirre

La noche anterior, había visto a los australianos Electric Mary quemar el pobre Hell Dorado. Pero debo reconocer que el concierto de hoy iba a ser diferente. Era la misma sensación que cuando vas a una boda. Cuando me entero de que, en la ciudad de Vitoria, Sherpa y Hermes van a deleitarnos con un concierto de sus Barones, su nuevo grupo, me dan ganas de vestirme como un señor, cenar en un buen restaurante y luego acercarme lentamente al Jimmy Jazz.

Ante todo, debo reconocer que soy un joven de 28 años que no ha tenido la oportunidad de ver a los Barón Rojo clásicos. Vi a los hermanos de Castro, bajo el nombre original en el Rock Fest en BCN en el 2016, pero nunca me ha llamado la atención la banda de los hermanos. Sin embargo, para mí la banda hispana, con la formación original, sí que ha significado una banda sonora para los días más oscuros y los más brillantes, siempre me han acompañado en los viajes, en los días de lluvia, y sobre todo me refiero a los álbumes de finales de los 80, no a los primeros clásicos, soy más de la época de ‘Tierra de nadie’ y ‘No va más’, ese paso que dieron al hard me alucinó, pero debo decir que mi disco favorito sigue siendo ‘Metalmorfosis’.

Las luces se apagaban y comenzó a sonar “The Planets H125 (Op. 32)”, parecía que volábamos en un avión y que se acercaban momentos difíciles de aterrizaje. Y de repente Los Barones aterrizan, cesa el sonido y suena “El Malo”, de ‘Metalmorfosis’, del año 1983, con esas guitarras afiladas y con cierta nostalgia, ya que escuchar esta canción con la voz de Sherpa tiene su encanto. El público, en su mayoría mayores de 40 años, estaba gozando como niños, como si estuviera delante de un dios del metal.

Después del trepidante final de la primera canción siguieron con “Barón Rojo”, un clásico. A la derecha de Sherpa se encontraba Marcelo Calabria (hijo de Hermes) y a su izquierda, Sergio Rivas. Y entre los cuatro se complementaban perfectamente, pero aunque duela decirlo, cuando escucho a los Barones siempre echo de menos la figura de Armando de Castro. Aún así, los chicos cumplieron y, eso sí, sonaron igual que los originales.

Después de la canción homónima, venía la primera de los Barones: “Vive Hoy”, un tema que, en su letra, habla del pasado (“sin mirar atrás”, “el peso del pasado”, “hay tanto que aprender”, “de qué sirven rollos malos”) y del futuro (“seguir, buscar, descubrir”). Pura nostalgia y, hasta cierto punto, conociendo la trayectoria de Sherpa y sus momentos malos y buenos, quizá quiera explicarnos lo que ha sentido durante tantos años. En cuanto a la música se refiere, es de lo mejorcito que he escuchado últimamente. Un placer para el oído. Después venían clásicos como “Son como hormigas”, “Breakthoven” y una canción que no esperaba escuchar, “No ver, no hablar, no oír”, de ‘En un lugar de la marcha’, otro clásico ochentero. Pero habría otra sorpresa. Después de esta joya vino “Por primera vez”, del disco ‘Obstinato’, del año 1989, el último álbum de los Barones originales. Si algo estaba gustando del concierto era que no se ceñían a los clásicos de toda la vida, si no que ofrecían canciones que normalmente no suelen tocar en directo. Era como repasar la trayectoria desde 1981 hasta el 1989. Y eso los fieles siempre lo admiramos.

Con “Se escapa el tiempo” volvían a la ‘Metalmorfosis’ que tantas horas de carretera nos ha quitado, para luego seguir con las primitivas “Con botas sucias” y “El Barón vuela sobre Inglaterra”. En este último caso, para presentarnos la canción, el gran hombre de la noche nos dice: “El Barón vuela sobre Vitoria”, puro lenguaje rockero.

En este momento empezó la magia de la noche, todos estábamos llenos de tanto clásico, pero de repente, cuando empezó a sonar “Siempre estás allí”, la sala se silenció, no por el rechazo de la canción, si no porque no hay nada mejor que escuchar la mejor balada que ha parido el rock español. Este tema contiene mucha nostalgia, amor, belleza y arte. No se puede explicar con palabras lo que significa escuchar esta canción con la voz de Sherpa. Sólo vivirlo. Al final de la canción terminó abrazándonos y cantando al unísono: “No habrá final, no habrá final, porque yo se que siempre estás allí”. El mejor momento de la noche.

El batería, Hermes, daba comienzo a “Cuerdas de acero”, y en esta canción sí que echas de menos a los hermanos, es inevitable. La siguiente canción era el otro mítico “Concierto para ellos”, clásico donde los haya, y antes de dejar el escenario nos brindaron como colofón “Larga vida al Rock and Roll”.

El público pedía más, obviamente, todos sabían que quedaban cuentas pendientes y que faltaban las imprescindibles. Y así fue. Los Barones volvieron al escenario, y, para empezar, se marcaron un “Hijos del Caín” que no nos lo esperábamos. Ahora sí, quedaban los dos temas que todos estábamos esperando. Primero, el eterno “Resistiré”, donde la letra de la canción, siempre lo he dicho, se puede aplicar a todos los contextos políticos y crisis que vive este mundo a lo largo de la historia. En cierto modo, todos nos identificamos con esta letra. No importa la edad, esta canción nos hace sacar nuestro lado más crítico con la sociedad y eso hace que toda la sala la cantáramos con el mismo énfasis que Sherpa lo estaba haciendo. Y por último, ¿Con qué canción iban a despedirnos? Pues con la de siempre, la canción que nos avisa que todos los allí presentes iremos al infierno. Poder cerrar un concierto con “Los rockeros van al infierno” es decir que estamos ante lo mejor que ha parido el rock nacional. Pues sí, Sherpa y Hermes son eternos, nunca morirán, siempre seguirán volando, aunque llueva.

La verdad sea dicha, a Sherpa le vi cansado en diferentes fases del concierto. Incluso, en ciertas ocasiones cerraba los ojos durante segundos, quizás fuera mi sensación, pero, ante todo, tengo que quitarme el sombrero ante la calidad humana y musical de este hombre que sigue subiéndose a los escenarios. El público le sigue queriendo, a él, a su música y a su persona. Ahora le tocaba volver a volar.

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