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Crónicas

Grave Digger + Burning Witches: Lejos de la gloria

«Hay que saber utilizar las balas. En cualquier caso, ya se han ganado su lugar en la historia del metal.»

Sala Santana 27, Bilbao

Texto: Alfredo Villaescusa. Fotos: Marina Rouan

Allá por el pleistoceno, sin redes sociales de los noventa, pirarse uno o dos meses al extranjero era todo un acontecimiento. Algo que tenía casi tintes épicos de cruzada contra los infieles en tierra inhóspita. Y un elemento fundamental para sobrevivir en tales circunstancias, alejado del manto protector familiar, era la música, cuya elección siempre constituía un dilema de proporciones gigantescas, pues el catálogo de discos que habíamos acumulado hasta entonces ya se antojaba considerable, lo suficiente para que los progenitores nos empezaran a acusar de acumular “basura”. Pero no, la cultura jamás merecerá tal calificativo.

Entre los álbumes que escuchábamos por aquel entonces estaban el ‘Alive!’ de Kiss, el ‘Kontzientzia ala infernua’ de Latzen, cuyo metal euskérico supuso todo un fenómeno social, llegando hasta aparecer en radiofórmulas y demás, o el ‘Tunes Of War’ de Grave Digger, otro lanzamiento  que cambió la vida a los que se empezaban a aproximar al heavy en aquellos años y que, aparte de inaugurar una trilogía sobre la Edad Media, marcó también el inicio de una época de auténtica pujanza para los alemanes con giras por la península prácticamente cada año y presencia obligada en los festivales metaleros punteros del momento.

Muy lejos han quedado esos tiempos frente a la irrelevancia con la que se han acogido los trabajos más recientes de Chris Boltendahl y compañía, un hecho que saltaba a la vista si tenemos en cuenta que la última vez que les vimos en la sala Santana apenas habría unas 30 o 40 personas, una afluencia miserable para un grupo con tanta solera a sus espaldas. Y el anuncio de que aquella gira sería la última por la península tampoco es que disparara la venta de entradas de manera descomunal, aunque por lo menos esa noche pudo decirse que decían adiós con dignidad en lo relativo a la asistencia.

En un ambiente plagado de veteranos y savia nueva con cuentagotas, se batieron el cobre las aguerridas suizas Burning Witches, que, a nuestro juicio, arrollaron por completo a los protagonistas de la velada. ¿Los motivos? Muchos. Para empezar, representan todo lo que uno espera encontrar en un concierto heavy, esto es: una voz afilada cual cuchilla a lo Halford o punteos doblados a la vieja usanza, en la estela de luminarias tipo Iron Maiden o Helloween. Y, por supuesto, toneladas de actitud en escena, pues no todos los días contemplamos a féminas encueradas con glamour y agitando cabelleras como si les fuera la vida en ello, un gesto casi proscrito en la actualidad, que debería protegerse con el mismo ahínco que al lince ibérico.

Comandadas por una vocalista deslumbrante, que parecía Doro de jovencita, y a la que le colgaba de la cadera un colgante de pentagrama brujil, fueron desgranando temazos contundentes del calibre de “Hexenhammer” o la homónima “Burning Witches” que caían como losas en un respetable entregado. Una parroquia a la que terminaron de convencer con su aceptable revisión del “Holy Diver” de Dio, muy típica para nosotros, pero una delicia para los amantes incondicionales de los vetustos himnos de ayer, hoy y siempre. Un grupazo.

En una época en la que abunda el cutrerío a diversos niveles, siempre hay que agradecer que algunos se preocupen por la puesta en escena, aunque sea con escasos medios, como hicieron Grave Digger al sacar, para enardecer a las masas, esa clásica calavera con capucha que aparece en la portada de la mayoría de sus discos. Un pequeño preámbulo antes de que irrumpiera el carismático líder Chris Boltendahl entre llamaradas y con la voz algo baja, un contratiempo que se solventó con celeridad, pese a que durante el resto del recital anduviera muy justito en ese aspecto.

Como mandan los cánones, comenzaron repasando lo más reciente con “Fear of the Living Dead”, pero no tardaron en mirar atrás hacia su pasado glorioso con “Lionheart”, de su disco ‘Knights Of The Cross’, unas alusiones que fueron más bien puntuales a lo largo del repertorio. Porque lo cierto es que hubo unas cuantas piezas que sobraron en un bolo que se suponía de despedida, una impresión que, por lo que contrastamos posteriormente, estaba lejos de ser una mera apreciación personal, con momentos anodinos que pudieron aprovecharse de mejor manera.

No cabe duda de que se agradeció “The Dark of the Sun” o un “The Bruce (The Lion King)” en el que enarbolaron la enseña escocesa y la peña gritó “hey” levantando el puño en una estampa impresionante, pero hubo muchos tiempos muertos, con piezas pesarosas irrelevantes como “Blade Of The Immortal” o “Lawbreaker”, que en realidad interesaban a pocos. Una creencia inapelable si a uno le daba por pensar en tantos cortes durmiendo el sueño de los justos en trabajos como ‘The Reaper’ o ‘Witch Hunter’. Hay que saber utilizar las balas.

Atinaron por ejemplo al rescatar “The Curse of Jacques”, una de las canciones favoritas de Boltendahl, según afirmó, y no desentonó tampoco el nuevo cuño de la trallera “War God”, lo de meter con calzador “Season Of The Witch” ya sería más discutible. Una intro de gaitas pregrabadas recibió a “Highland Farewell” antes de que se regodearan otra vez en las hazañas de mujeres indómitas en “Circle Of Witches”.

Pero los triunfos absolutos eran recibidos con jolgorio desde la primera nota, caso de “Excalibur” o su himno “Rebellion (The Clans Are Marching)”, con el público desatado cantando el estribillo entero a capella y fuego a borbotones para enmarcar la ocasión, la de veces que habremos podido agitar la melena en el pasado cuando sonaba en garitos. No cabría finiquitar el recital de otra forma.

Tan grato sabor de boca exigía un regreso con premura, y así sucedió con el sanador “Healed by Metal”. No pillamos ese inesperado cambio de ritmo del apelar a las esencias a la chirigota para bautizos y comuniones de “Zombie Dance”, que viene a ser como su “Paquito el chocolatero” y que, en vez del preceptivo agite capilar, desató congas, lo que hay que aguantar. Menos mal que enmendaron la plana con un robusto “Heavy Metal Breakdown”, tan inapelable hoy en día como cuando salió, a principios de los ochenta. Jugaron un poco al despiste al parar en seco, momento en el que alguno aprovechó para pedir utopías como “Witch Hunter”, pero no caería esa breva, puesto que retomarían su primigenio grito de guerra para una arremetida final. Lo lógico.

Muy lejos de la gloria pretérita se mostraron en este último periplo por suelo patrio, que tuvo sus instantes destacados, como hemos dicho, y rozó la calificación de aprobado. Eso sí, ya que se trataba de una ocasión especial, podrían haberse esmerado con un repertorio en plan aniversario más acorde al de una despedida que al de otra gira sin nada en especial. En cualquier caso, ya se han ganado su lugar en la historia del metal.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Juandie says:

    Otro gran concierto en nuestro país por parte de una de las bandas mas históricas del Heavy Metal germano como son GRAVE DIGGER y es una putada que al final decidan que lo van a dejar. Grandes entre los grandes para mí.

  • Tony says:

    Es importante dejarlo con dignidad, no alargar la agonía como otros…. Y las Brujas estuvieron bestiales! Hay que dejar paso
    ..

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