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Crónicas

Frank Carter & The Rattlesnakes + Kid Kapichi: El héroe pelirrojo

«El tipo es un animal de escenario y transmite una intensidad y sentimiento al alcance de pocos»

14 noviembre 2019

Sala Mon, Madrid

Texto: Alberto Zamora. Fotos: Nerea Mayor

El único problema que veo en el actual grupo del menudo pelirrojo, más allá de su pérdida de nervio rockero en el reciente ‘End of Suffering’, es que la brutal presencia escénica del cantante termina por fagocitar la de sus compañeros, pobres comparsas que cumplen, pero se ven abducidos por el agujero negro de carisma que representa Frank Carter.

Kid Kapichi se mueven en coordenadas similares al grupo principal de la noche, aunque con un punto más alternativo 90 en su música, que ahonda en guitarrazos sueltos y fraseados de claro acento inglés. Que viéndolos dan ganas de tomar un fish & chips, vaya. Le pusieron muchas ganas y la gente se lo paso bien, que es lo importante.

Lo de Frank Carter & The Rattlesnakes es de otro planeta. Qué showman, qué intensidad, qué manera de acaparar todas las miradas. Da igual que se encuentra bailando, berreando o dando una clase teórica sobre cómo debe hacerse de forma correcta el stage diving; el tipo es un animal de escenario y transmite una intensidad y sentimiento al alcance de pocos. Puede parecer que me masturbé al llegar a casa pensando en él, pero en realidad lo hice en los baños de la sala.

La energía que eche en falta en disco se convirtió en intensidad sobre el escenario, con el comienzo representado por una inestable “Why a Butterfly Can´t Love A Spider” y una festiva (y coreada) “Tyrant Lizard King”. Continuaron con “Kitty Sucker” para recuperar la más punkarra “Trouble”.

La bailable “Wild Flowers” precedió al primer momento emotivo de la noche, una celebrada “Anxiety”, con un sentido discurso del cantante, que convirtió el concierto en una suerte de terapia colectiva, lanzando mensajes positivos y de ayuda contra temas peliagudos como la citada ansiedad o incluso el suicidio, “Angel Wings” mediante, en la que llegó a encararse con un tipejo del público. Lejos queda la locura desenfrenada: ahora Carter es un toro con la cabeza en su sitio, al que se le nota la mentalidad punk, en el sentido positivo y no destructivo del término.

El público no dejaba de cantar y se encargaba de finalizar “Love Games” a capella, en un canto colectivo emocionante. De nuevo, arrebato punk con “Juggernaut” lo más cercano a Gallows de todo el bolo.

Todavía quedaban más números escénicos de Carter (saltando desde el techo de la sala, cantando de pie sobre las manos de la gente), pero más importante era la retahíla de temazos que se avecinaban: “Lullaby”, “Heartbreaker”, “Devil Inside Me”, “Crownbar” y una hímnica “I Hate You” como cierre.

Gallows fue lo más importante que le paso al punk en años y Frank Carter va camino de serlo para el rock. Desde luego, si grupos como el suyo o Queens Of The Stone Age, coparan las listas de éxitos, el mundo sería un lugar mucho mucho mejor.

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Esta entrada fue escrita por Alberto Zamora

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