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Crónicas

Evanescence: El principio de la eternidad

«Las palabras “Este es el principio de la eternidad” del final de la letra resonaron con el mayor significado del mundo en el contexto de la pandemia»

5 diciembre 2020

Rock Falcon Studio, Nashville (Estados Unidos)

Texto: Alfredo Villaescusa  

La pandemia está conllevando para muchas bandas periodos extrañamente largos sin tocar, al igual que para muchos aficionados nos está resultando casi insoportable esto de gozar únicamente de recitales con cuentagotas. Y cuando se obra el milagro en el que promotores y autoridades confluyen, lo máximo a lo que podemos aspirar es a sentarnos en una silla separados del resto de personal, con mascarilla y con prohibiciones que parecen más de desfile militar que de un concierto al uso. Adiós a la espontaneidad y a los gestos sinceros.

Los norteamericanos Evanescence nunca se caracterizaron por una discografía prolífica con nuevos lanzamientos cada dos por tres. Al contrario, no son pocas las ocasiones en las que se alcanza sin problema la cifra de un lustro entre álbum y álbum. Por lo tanto, el anuncio de un próximo trabajo para el 26 de marzo de 2021 titulado ‘The Bitter Truth’ solo puede entenderse como uno de esos eventos especiales que casi suceden con la misma frecuencia que los eclipses solares.

Previamente, ya se había calentado el terreno a finales de abril con un primer single llamado “Wasted On You”, cuyo vídeo mostraba a los integrantes del grupo desde sus casas en pleno confinamiento. A este avance le siguió a comienzos de julio “The Game Is Over” y a mediados de agosto llegó “Use Your Voice”, que cuenta con la colaboración de estrellas como Lzzy Hale (Halestorm), Taylor Momsen (The Pretty Reckless) o Sharon Den Adel (Within Temptation). Todo un conglomerado de vocalistas femeninas que sirvió además para animar al voto en una campaña de HeadCount para las elecciones presidenciales del pasado noviembre en EE UU.

En este contexto, del mismo modo en que otros artistas han hecho lo propio, Evanescence también ofrecieron a los fans un show en streaming desde el Rock Falcon Studio de Nashville el 5 de diciembre, aunque con algún integrante, como la guitarrista Jen Majura, desde su casa en Alemania. La única manera de poder llevar a cabo algo similar en tiempos de restricciones por doquier.

Antes de un breve bolo, que ya se anunció que se compondría de nueve canciones y que se podría disfrutar hasta las 23.59 del 8 de diciembre por los compradores del ticket, Amy Lee respondió a algunas preguntas que le plantearon los seguidores a través del chat del evento. Muchos quisieron conocer detalles del proceso compositivo de ‘The Bitter Truth’ y si la pandemia había precipitado o ralentizado los planes iniciales. Lee destacó en este sentido que fue una temporada muy buena para “la creatividad en general”, al tiempo que confesó que a la hora de componer “la música siempre venía primero”.

En lo que respecta a los cambios que ha experimentado a nivel personal desde que fundó la banda, habló de convertirse en madre, “uno de los grandes eventos” de su vida, un suceso que “abre tu mente” y “amplía tu perspectiva”. “Tu amor crece”, resumió. Y en cuanto a los formatos, se definió “de la vieja escuela” al abogar por la posibilidad de tener “algo físico en las manos”, así como cuando le preguntaron si lanzarían ‘The Bitter Truth’ también en cassette. Desveló que habría un proyecto en el futuro que tendría que ver con dicho formato, pero que todavía no lo podía desvelar.

Sobre cambios en el repertorio de la próxima gira, admitió que habría “mucho material nuevo”, pero también “otras cosas esenciales del pasado”. La manera en que combina su faceta pública con la privada atrajo asimismo la atención y afirmó que ese era precisamente el motivo de los largos espacios entre disco y disco. “Necesito ese tiempo para asuntos familiares y demás”, explicó.

Por último, a la lección que extraería de este aciago 2020 respondió con la máxima de “no dar nada por sentado” y de que “todo es un regalo”. Mandó ánimos a los afectados por el Covid-19 y confesó que ella misma también tenía muchos amigos sufriendo por la pandemia. “Sé que esto no es el final, lograremos superar esto”, dijo.

Con la mirada atenta del productor Nick Raskulinecz (Ghost, Rush y un amplio etcétera) allá al fondo del Rock Falcon Studio, Amy Lee se sentó al piano y empezó a entonar las primeras notas de “Wasted On You”, un corte que sigue la senda de su reválida ‘The Open Door’ y que a buen seguro agradará a sus incondicionales de siempre. Pese a que su aspecto físico diste bastante al de aquella jovenzuela que inició su aventura en 1995, su voz no ha perdido un ápice de intensidad y continúa estremeciendo igual que hace más de dos décadas, que se dice pronto.

“The Game Is Over” se antoja otro adelanto que le vale a Amy para demostrar sus descomunales habilidades vocales, a la par que revela cierto aire a Korn o a algunos temas de su recordado debut tipo “Haunted”. Con la mayoría de las salas y garitos al borde de la desaparición por la falta de ayuda gubernamental, no quiso pasar por alto “el complicado momento para las artes en general” antes de “The Only One” de su segundo álbum. Y en esta línea de versatilidad, no renunció tampoco a interpretar “Sick” de su obra homónima. Que no se diga que no hubo variedad.

Por supuesto, había cosas que no se podían obviar, su himno “Going Under” era una de ellas, engrandecido además por los coros de la guitarra Jen.  “Todos somos diferentes y únicos”, dijo Amy para reivindicar la diversidad previamente a “Use My Voice”, que en el inicio posee una atmósfera evocadora cercana al “Wicked Game” de Chris Isaak y suelta frases demoledoras como “no hables por mí”.

La inevitable “Bring Me To Life” también contó con mensajes de ánimo para los seguidores, a la par que volvió a revelar la química absoluta entre las voces de Amy y Jen, e incluso pilló al mismo productor flipado con el tema emulando las baquetas. Imperdonable que ni siquiera intentaran reproducir la parte de Paul McCoy, que casi es lo mejor de la canción, pero no les quedó mal, en cualquier caso.

En busca de un rollo más intimista, Amy cambió de piano para la orquestal “Lost In Paradise”, creando además un efecto muy conseguido con las teclas moviéndose como si fuera una máquina de escribir a la antigua usanza. Y toda una sorpresa fue que acto seguido se arrancara con el celebérrimo “Glory Box” de Portishead, una versión impecable gracias a los soberbios tonos de Amy, capaz todavía de cantar sin despeinarse semejante clásico del trip hop y muchas cosas más.

Las palabras “Este es el principio de la eternidad” del final de la letra resonaron con el mayor significado del mundo en el contexto de la pandemia. A ver si en breve podemos disfrutar de nuevo de los conciertos presenciales de siempre gracias a las vacunas, la providencia divina o una pata de conejo. Salvo que tengan otro plan maestro reservado para nosotros.

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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

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