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Crónicas

Christine Plays Viola + La Broma Negra: Oscuridad sin conexión

«Disfrutamos con la selección del repertorio de los italianos, aunque se podría achacar al frontman algo de falta de conexión con el moderado público»

2 junio 2018

Copernico Cavern, Madrid

Texto: Yorgos Goumas. Fotos: Juan de la Cruz

Con la llegada de la época estival, se cierra la temporada de los conciertos y de muchas sesiones en la capital. El pasado sábado pudimos disfrutar de uno de los últimos bolos de corte oscuro hasta el próximo otoño. Se trataba de la visita de los italianos Christine Plays Viola, quienes poco a poco han estado haciendo su propio hueco dentro de las preferencias de las huestes de gustos musicales más… luctuosos.

Foto: Juan de la Cruz

Antes pudimos ver la actuación de los madrileños La Broma Negra, un combo con una trayectoria que abarca casi tres décadas (con un largo parón entre medias, eso sí) que ha evolucionado desde su sonido a lo The Cult, The Mission o Héroes del Silencio de sus inicios a unas armonías con muchas capas que oscilan desde lo sinfónico lúgubre hasta el synth pop de tintes ochenteros. Aunque tienen disco recién salido, ‘Los extraños tienen los mejores caramelos’, hicieron un amplio repaso de casi toda su discografía, dejando fuera, eso sí, sus dos primeros discos. Sonaron temas como “Heridos”, “Virginia en los infiernos” o “Cuidado con lo que matas”, que tienen un cierto aire a lo Tino Casal o Fangoria; y otros más sombríos, oscuros y a veces con un aire casi marcial como “Los cuerpos celestes”, “La enfermedad del beso”, “Demonios en el jardín” o “Banderas de nuestros padres”. Su concesión al pop rock más convencional vino con “Rey Cuervo”. Desgraciadamente, aquella noche se repitió lo que nos habíamos percatado en otras ocasiones: la mesa de sonido de la sala no es la más adecuada para albergar el directo de una banda que no tiene que disparar muchas bases programadas. Aparentemente, la banda tuvo problemas a la hora de escucharse a sí misma, lo cual hizo que no solamente llegaran a entrar cada uno por su cuenta, sino que, a veces, desentonaban. Solo su buen hacer y su rodaje hizo que el desfase no se fuera a más. Afortunadamente, me consta que la sala va a aprovechar el parón estival para adquirir una mesa en condiciones.

Foto: Juan de la Cruz

Afortunadamente, los italianos Christine Plays Viola, como contaban con toda la percusión y las bases electrónicas pregrabadas, no tuvieron problemas a la hora de mezclarlos con la guitarra y el bajo, por lo que pudimos disfrutar de su mezcla particular de post punk, rock gótico y synth pop. “Sentenced to Fall” y “Nefarious” son toda una invitación para bailar al son de ritmos que llegamos a amar en los garitos góticos gracias a bandas como New Order, The Chameleons o The Cure. “Poles Apart” y “Permutations” tienen un aire más melancólico a lo Editors o Interpol mientras que la voz del vocalista, Massimo Ciampani, no se aleja mucho de la sombra de un Ian Curtis (Joy Division). Nuestros cuerpos ya se movían por sí solos al son de new wave irresistible del “The Stars Can’t Frighten”, “Midnight Trauma” o “The Most Beautiful of Our Seas Is the One We Didn’t Sail”. En estos tres temas demuestran que son alumnos aventajados de The Cure, The Mission o Killing Joke, sobre todo su guitarrista, Fabrizio Giampietro, quien reproduce con pasmosa facilidad y exactitud todos los sonidos y efectos guitarreros que los seguidores de los sonidos más cañeros amamos tanto.

En definitiva, disfrutamos con la selección del repertorio de los italianos, aunque se podría achacar al frontman algo de falta de conexión con el reducido público; el evento coincidía con otro del mismo corte. Además, la escena, todo hay que decirlo, no cuenta con un séquito ni de lejos tan amplio como de antaño… por no hablar de las trifulcas y dimes y diretes innecesarios que sólo dañan la ya mermada escena, pero esa es otra historia.

Posteriormente, los allí presentes disfrutamos de la sesión de música gótica, Mysteria, organizada por los promotores del concierto, y donde un servidor también aportó algo de música acompañado por algunos renombrados DJs de este ámbito. Sólo cabe esperar que las iniciativas de esta índole vuelvan con más fuerza a partir del otoño y sin divisiones innecesarias.

Yorgos Goumas

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