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Crónicas

Yo Ciervo + Red Apple: “El pedregoso camino hacia la cima”

«Un estribillo insta a separar los pies de la tierra, pero nosotros hacía ya un buen rato que levitábamos sobre un rock alternativo impecable y contagioso»

We Rock, Madrid

Texto y fotos: Jason Cenador

Hay bandas que, con solo una escucha, desprenden un aura de grandeza que, a menudo, no se corresponde con las dinámicas propias de sus primeros estadios, como si un vehículo de alta gama recorriese una pista forestal en lugar del incólume asfalto que le sería más apropiado. Algo así sucede con Yo Ciervo, heredera de pleno derecho de la cúspide del rock alternativo nacional, que en su primera visita a Madrid con su tercer redondo, ‘La Guerra de La Independecia. Vol. 2’, bajo el brazo, no concitó el público que corresponde a su excelsitud sonora y personalidad compositiva.

No debemos, no podemos, no obstante, ocultarnos detrás del translúcido telón de que aún están empezando y todo se andará. Pelean como jabatos, se han movido y no defienden ni el primero ni el segundo trabajo. Un sendero de dignidad y buen hacer a sus espaldas les avala, y la pelota de la escasa afluencia a su show de We Rock no está en su tejado, sino en el del público de una ciudad, Madrid, con una dilatadísima oferta de música en directo y una respuesta que no está a la altura de las circunstancias.

No hay paños calientes: se ha entrado en un bucle peligroso para nuestra cultura, la del alto voltaje, que hemos de revertir antes de que sea demasiado tarde. No se apoya la música en directo todo lo que se debería, no cuando los artistas no son figuras ya consagradas, en cuyo caso la cartera no duele tanto para dejarse tres, cuatro o más veces el dinero que cuesta la modesta entrada de un concierto de bandas emergentes. A veces, ni gratis se acude. Se venera mucho más una copa en el bar de siempre que la música en directo, cuando, además, por horario ambas cosas son compatibles.

Red Apple

Fue We Rock, templo del rock y el metal en Madrid con fecha de caducidad también por la baja afluencia de unos feligreses que lamentarán su cierre en junio, el local que acogió, con exquisitas prestaciones técnicas, un concierto que para quien escribe es tan recordable como si se hubiera celebrado en un pabellón. Los guipuzcoanos dieron una lección de saber estar y de entrega sobre las tablas, armados con un arsenal de exquisitas canciones rebosantes de emociones, profundidad e intensidad.

Abrieron la veda, no obstante, los locales Red Apple, que desbordó con su rock and roll auténtico, sentido y orgánico de los temas de su ya quinto trabajo, ‘Thus Spoke Zarathustra’, un álbum conceptual sobre la obra cumbre de Nietzsche cuyas canciones predominaron en un repertorio excelsamente ejecutado.

El batería, Javier García, es un auténtico crack a las baquetas, infalible, esforzado y  dinámico. Sobre su opulento sustento rítmico tejía el bajo de Isabel Walsh, siempre en su sitio, con una firmeza en la ejecución que no se trasladó al discurso, pues se echó en falta un poquito más de vehemencia al dirigirse al personal desde un escenario. Redondeaba el power tío Darío Buñuel, encargado de las voces y de una guitarra siempre inquieta y expresiva, de formidable calidad. Mordimos la manzana como si fuera la última en el planeta y caímos en su pecado de rock and roll llegando a desear que su retahíla de irresistibles temas no culminase jamás, y eso que el plato fuerte aún estaba por llegar.

Yo Ciervo

Alrededor de dos decenas de personas vibraron con la tremenda calidad de Yo Ciervo bajo los focos, que salió a relucir desde que acometieron las primeras notas de “Orwell”, sucedida por “Nunca es tarde” y “Cohetes”. En un repaso exhaustivo de los dos volúmenes hasta ahora publicados, el volumen 3 y el volumen 2, de su vigente trilogía decreciente, ‘La Guerra de la Independencia’, glorificaron la susodicha independencia musical dando el do de pecho como si en un gran recinto estuviesen. Gozando de un magnífico sonido – el equipo y técnico de la sala son de lo mejorcito de la capital –, continuaron, tras un breve saludo, con “La nave despega” y “A la altura de la realidad”, probablemente una de sus piezas más brillantes y efectivas. Su estribillo insta a separar los pies de la tierra, y nosotros hacía ya un buen rato que levitábamos sobre un rock alternativo impecable y contagioso.

Regresaron a su más reciente esfuerzo discográfico con “El fuego y las brasas”, acompasada y envolvente apología de la fogosidad, de echar el resto y de no conformarse con las brasas, con los restos. Su muy coreable estribillo deleitó a los presentes, alguno de los cuales balbuceamos el son de “Ezker-Escuin”, una de las dos canciones en euskera que contiene su último redondo.

La intensidad por parte del bajista, Koldo Belloso, era tal que en un momento de frenesí durante “Reinar en el tiempo” se le desenganchó la correa de su instrumento, lo cual le obligó a seguir tocando de rodillas hasta que el cantante y guitarrista Imanol Rivas, pura eficacia tanto en sus cometidos como fuera de ellos, le asistió enganchándosela de nuevo, todo sin parar la canción. Porque el rock no podía cesar, contra viento y marea, y por eso la contestataria “Nadie te escucha” fue la siguiente en liza.

Yo Ciervo

El final se aproximaba peligrosamente, y como buena banda que aspira – tiene que hacerlo – al máximo, Yo Ciervo bien sabe dejar a la audiencia con un sensacional sabor de boca, dejando para el postre varias de sus recetas musicales más apetitosas. Sin duda, una de ellas es “Mundu Honetan”, pieza en euskera que abandera su último plástico y no es para menos. La canción es irresistible, redonda, impecable, todo un himno capaz de encandilar tanto a euskaldunes como a los que no lo somos. También nos embriagó la emotiva “¿Dónde estás?”, una de esas canciones que araña hasta el alma más inoxidable.

La guinda la puso una inesperada y no por ello menos vehementemente “Ace of Spades” de Motörhead, con la que rompieron la baraja recordando lo más profundo de sus raíces musicales y en la que Julen Rivas se ahorró a la batería alguna que otra sesión de gimnasio. Así, con la electricidad adueñándose por completo de todo cuanto nos rodeaba, culminó un concierto que no ha de ser concebido sino como un formidable ensayo de la grandeza que aguarda a una banda que tiene argumentos de sobra para que, la siguiente vez que acuda a Madrid, la cola de asistentes que vayan a verlos doble la esquina de la manzana.

Para concluir, quisiera compartir una frase que un buen amigo, zamorano de pura cepa, me confesó in situ: “En Benavente programan algo la mitad de bueno y la sala se pone hasta arriba”. Para que nosotros, capitalinos bien acostumbrados, reflexionemos un poco. Todos.

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1 comentario

  • Juandie says:

    Que mejor sala que la WE ROCK para presentar YO CIERVO su nuevo e interesante álbum de estudio el cual le dieron bastante cancha y lo bordaron como es costumbre en esta buena banda.

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