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Crónicas

Amon Amarth + Arch Enemy + Hypocrisy: Suecia sigue abriendo fuego

«Un concierto imprescindible, un aquelarre de fuego y metal extremo con el indeleble sello de calidad de "Made in Sweden"»

23 noviembre 2019

Palacio Vistalegre, Madrid

Texto: Jason Cenador. Fotos: Alfonso Dávila

Suecia lleva décadas siendo el faro de muchísima expresiones musicales, caldo de cultivo ideal para el surgimiento de genialidades en muy diversos estilos y cuna para muchos de alguno, como el death metal melódico que marcó uno de sus mayores hitos de convocatoria en Madrid gracias al tremebundo cartel por Amon Amarth, Arch Enemy e Hypocrisy.

Hypocrisy

Para que hubiera tiempo para todo, el primer ataque de esta colosal invasión sueca fue temprano. A las 18:45 de la tarde estaban sobre el escenario los experimentados Hypocrisy, comandados por un Peter Tätgren a veces más célebre por su labor de productor de grandes álbumes que como líder de uno de los conjuntos más sólidos en la defensa del sonido de Gøteborg. Su actuación fue granítica, impecable e impecable, logrando envolvernos en ese abrumador y abrasivo death melódico plagado de pasajes devastadores, en los que la batería era más bien un arma de destrucción masiva, y otros más cadenciosos. Sobresalieron temas como “Fire in the Sky”, “Eraser”, “The Final Chapter” o “Roswell 47”.

Tras el pertinente cambio de backline, fue Arch Enemy, para algunos el mayor atractivo de la velada, el grupo que hizo acto de presencia, con una entregadísima Alissa White-Gluz, en un sensacional estado de forma. No cesó la vocalista de recorrer el escenario con fiereza mientras exprimía su garganta demostrando por enésima vez que es una de las cantantes más efectivas en terrenos guturales. Abrieron fuego con toda una bomba de relojería, “The World Is Yours”, que elevó por la nubes el entusiasmo de un público que se volcó con la colosal “War Eternal”, en la que vimos a un Jeff Loomis sobrado, espectacular en el solo. Sin duda, la inclusión de quién fuera alma máter de Nevermore a la banda junto a Michael Amott no ha hecho sino elevar todavía un listón de calidad ya de por sí excepcional.

Arch Enemy

“My Apocalypse”, precedida de su inquietante intro, hizo saltar a toda la audiencia, que se dejó hasta el último gramo de energía en “Ravenous” y “Under Black Flags We March”, en la que Alissa aprovecho para exhibir brevemente la bandera negra de la banda. Tomamos después aliento al calor de la increíble melodía de “The Eagle Flies Free”, sucedida por “First Day In Hell” y “As the Pages Burn”, interludio mediante. La resolutiva y elocuente “No God’s, No Masters”, de coreadísima melodía, nos puso sobre el raíl de la recta final del concierto, colmada por “Dead Bury Their Dead” y, cómo no, la mastodóntica “Némesis”. Para nuestra sorpresa, de dejaron fuera todo un emblema como “We Will Rise”, sobre la cual varios se preguntaban mientras saludaban al personal con la intro de aquel discazo que fue ‘Doomsday Machine’ de fondo. Culminaba así un concierto sobresaliente, en el que la perfección interpretativa del grupo volvió a dejarnos boquiabiertos. Hacen fácil lo imposible.

El cambio de bártulos previo al concierto de Amon Amarth fue más prolongado de lo habitual y discurrió tras un enorme telón con el título de su último álbum, ‘Berserker’, como protagonista. Podíamos imaginarnos que la producción escénica con la que los vikingos arribaban iba a ser de lo más llamativo, pero todos nuestros esquemas fueron saltando por los aires a medida que avanzaba el concierto con una de las puestas en escena más espectaculares que se recuerdan. Con un derroche de pirotecnia bestial, más digno de un espectáculo de fuego que de un concierto de metal, lanzaron su primera incursión con “Ravens Flight”, logrando igual que sus predecesores que, por una vez, Vistalegre sonase como una sala propiamente dicha. En el escenario sobresalía el enorme casco vikingo – con cuernos, como lo idearon los románticos del siglo XXI – sobre el que se asentaba la batería y cuyos ojos eran pantallas en las que se iban proyectando imágenes de diversa índole. A ambos lados, había sendas runas que, ante nuestra perplejidad, entraron en combustión en la salvaje “Runes to My Memory”, introducida con la frase del estribillo por un Johan Hegg pletórico, que se atrevió con algunas palabras en castellano y que se mostró siempre afable con la audiencia, que disfrutó de un torrente de voz gutural grave y abrasivo, como pocos en directo.

Amon Amarth

Tras ser apagadas con extintores y retiradas las ruinas, la devastación continuó con “Death in Fire” (con un temible dios Loki en escena), “Deceiver of the Gods” y “First Kill”, inapelables himnos de brutalidad sonora erguidos sobre unos riffs de lo más efectivo, sin duda uno de los puntos fuertes de la que, hoy por hoy, es la banda de melodeath más convocante del mundo, condición trabajada con tesón durante más de cinco lustros de trayectoria fulgurante.  Empezó literalmente a llover fuego sobre el escenario mientras sonaban los primeros compases de  “Fafner’s Gold”, sucedida por otro peso pesado del aclamadísimo reciente trabajo como “Crack the Sky”, en la que llenaron de papelitos brillantes todo el Palacio de Vistalegre y Johan apareció con un enorme martillo de Thor. No cesó el headbanging con “The Way of Vikings” y “Prediction of Warfare”, en la que alucinamos mientras comprobábamos cómo la batería se elevaba aún mucho más. ¿Cuánto habrá costado esta barbaridad de escenografía?

El frontman nos arengó antes de la excelente “Shield Wall”, con la que retornaron por última vez a ‘Berserker’ antes del derroche final de clásicos. “Guardians of Asgarth” fue el siguiente, perfectamente ejecutado sobre un escenario en el que de repente aparecieron dos enormes esculturas que venían precisamente a representar a los protagonistas de la letra. Llegó entonces el momento de que Johan nos dedicase un brindis con su cuerno, respondido con algún que otro cuerno entre el público, pues excepcionalmente se permitió el acceso con ellos. Su paisana Greta Thunberg habría esbozado una sonrisa, por lo del ahorro de plástico.

Tras una momentánea retirada, respondieron a la llamada de un público emocionado y regresaron con la imprescindible “The Pursuit of Vikings”, el tema que les condujo al éxito masivo hace ya década y media. Su estribillo fue cantado a viva voz por todo el público, a instancias de un Johan exultante, flanqueado por una banda que sonó muy poderosa y sincronizada al milímetro. Aquello llegaba a su fin, pero aún quedaba un último cartucho, “Twilight of the Thunder God”, la monumental canción que prestaba su título al álbum que la contiene y en la que apareció un enorme – y cuando digo enorme, es enorme – dragón en la parte trasera del escenario, al cual Johan arreó unos cuantos martillazos con su martillo de Thor.

Un último y afectuoso brindis final y la enésima llamada a alzar los cuernos fueron las despedida del frontman y encarnaron el final de un concierto imprescindible, un aquelarre de fuego y metal extremo con el indeleble sello de calidad de “Made in Sweden”.

Jason Cenador
Algún día en

Jason Cenador

Periodista y redactor at Mariskalrock
Periodista musical por vocación y Licenciado en Periodismo. Apasionado del rock y el metal en toda su riqueza. Libertario convencido.
Jason Cenador
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

2 comentarios

  • Juandie says:

    Potentes descargas por parte de estas tres pedazos de bandas suecas cada cual a su estilo pero con el denominador común de la calidad por bandera a través de esos brutales temas.

  • José Luis says:

    El concierto de 10. La organización con el guardarropa un cero. Más de media hora antes para dejar la
    Chaqueta y una hora después del concierto para recogerla. No hubiese costado nada poner algo más de personal para este tema.

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