La historia del rock y el metal no sería la misma sin verdadera lucha, riesgo y valentía para seguir adelante. Un ejemplo de esto cumple ahora 30 años, el octavo disco de Pantera, que llegaba después de una trilogía tan demoledora como legendaria, para elevar la tensión y la agresividad bajo el título de ‘The Great Southern Trendkill’. El 7 de mayo de 1996 vivió el alumbramiento del disco más peligroso de la bestia del groove metal, y hay cinco razones que resumen esta afirmación.
Unos discos se graban en estudios, pero hay otros a los que se da forma en auténticos campos de batalla, y esa es la sensación que deja cada escucha de ‘The Great Southern Trendkill’, el disco que metió en una cesta ‘Cowboys From Hell’, ‘Vulgar Display of Power’ y ‘Far Beyond Driven’, la agitó hasta el límite, y la destapó dejando al aire una amenazante serpiente de metal con once cabezas en forma de canción. Pantera saltaba al vacío en un momento de tensión que casi fue definitivo para Phil Anselmo, Dimebag Darrell, Vinnie Paul y Rex Brown.
‘The Great Southern Trendkill’: el disco más peligroso de Pantera
1. Una grabación dividida
Mientras el heavy metal peleaba a mediados de los 90 por mantenerse a flote frente al auge de otras tendencias, Pantera redoblaba su apuesta por los sonidos más agresivos. Lamentablemente, esto también llegaba de la mano de un momento de tensión extrema entre los miembros de la banda, especialmente con un Phil Anselmo al que los años de desgaste escénico pasaban una factura física que lo empujaba hacia el abismo de la adicción.
Miles de kilómetros separaron al vocalista, que grabó sus desgarradoras voces en Nueva Orleans, recluido en los Nothing Studios de Trent Reznor en Nueva Orleans, mientras el resto de la banda daba forma a su muro de sonido en los Chasin' Jason Studios de Dalworthington Gardens, en Dallas, Texas. Pese a la distancia, el sonido captado no pudo ser más aplastante y agresivo. Un caos controlado con las voces más desgarradoras y los riffs más explosivos se iba a imponer a cualquier idea de rendición con temas como "War Nerve” y su violencia descarnada o la desolación apocalíptica de “Floods”.
2. La lucha contra la adicción y por la unidad
El último disco de Pantera producido por Terry Date, que había dejado su huella desde ‘Cowboys from Hell’ (1990), llegaba en un momento de conflicto especialmente por los mencionados problemas del vocalista. Los hermanos Abbott hablaban de un comportamiento extraño que fue distanciando a Anselmo del resto, lo que, lejos de tratarse de un problema de ego, el propio vocalista achacaba a un insoportable dolor de espalda que primero lo empujaba al alcohol y que más tarde iría abriendo paso a otras sustancias más peligrosas, como la heroína, para aplacar el dolor y no enfrentarse a tratamientos médicos que, como comentó en VH1 “Behind the Music”, lo podrían tener demasiado tiempo lejos de la actividad y de la banda.
El oscuro momento personal se tradujo en una interpretación extremadamente visceral y cruda, que además contó con momentos en los que Seth Putnam (Anal Hard) intensificaba esta sensación aportando su voz en temas como el propio "The Great Southern Trendkill", "War Nerve", "13 Steps to Nowhere” o "Suicide Note Pt. II”.
3. Cinco minutos al otro lado: el peligro era muy real
La gira de presentación del disco, que contaba con Eyehategod y White Zombie completando el brutal cartel, tuvo el 13 de julio de 1996 un día que pudo cambiar la historia completamente. Tras el concierto ofrecido en Dallas, los citados excesos del vocalista iban a desembocar en una sobredosis letal que llevó a que estuviera entre cuatro y cinco minutos clínicamente muerto antes de que los médicos de emergencias pudieran reanimarlo.
El propio Anselmo comentaba en High Times este episodio que califica como “la noche más humillante” de su vida al recordar cómo murió “delante de toda la familia de los hermanos Abbott, de sus amigos, de gente a la que conocía desde hacía más de diez años. Me desperté en la parte trasera de una ambulancia, vomité, toda esa gente me gritaba y la novia que tenía por entonces lloraba a lágrima viva”.
El recuerdo continúa: “Mi guardaespaldas estaba haciendo retroceder a la gente, todo el mundo gritaba y lloraba, yo tenía un montón de tubos conectados a mí y pensaba: “¿Qué demonios pasa, amigo?” Empecé a soltar tacos al estilo Phil Anselmo, y unos tipos sin rostro me pusieron en mi sitio. Entonces una mujer me dijo: “Más te vale cerrar la boca, acabas de sufrir una sobredosis de heroína, señor fanfarrón. Estuviste muerto durante cuatro minutos; bienvenido de vuelta a la vida. Deberías dar las gracias a la gente que te rodea”. Me sentí muy humillado”.
4. Autodestrucción, nihilismo y los fríos números
Los grandes hits que Pantera plasmó en sus lanzamientos anteriores nos habían acostumbrado a un potente mensaje de fuerza, resistencia y lucha, una mirada hacia el exterior que ahora daba la vuelta para asomarse al interior y a ver el mundo arder. El odio a las tendencias, a la industria, los grandes medios, el suicidio o la decadencia personal de temas como "Suicide Note Pt. I & II" o "Living Through Me (Hell's Wrath)” ofrecían un impacto directo y aterrador.
Esta perspectiva nihilista y de autodestrucción contrastaba además con momentos de brillantez musical que se alejaban de un enfoque amigable para las emisoras de la época. La banda que animaba la fiesta ahora era la que alertaba de que el final estaba cerca. Esto no fue impedimento para que Pantera volviera a tener un razonable éxito con el lanzamiento, siguiendo la estela de los tres discos anteriores aunque no los alcanzara. Este octavo álbum terminaría convirtiéndose en disco de platino en Estados Unidos con un millón de copias vendidas. Además, en todo el mundo alcanzó puestos altos en las listas, destacando el segundo en Australia, el tercero en las listas británicas de rock y metal, los cuartos puestos en Finlandia y Estados Unidos, el quinto en Nueva Zelanda o el séptimo en Suecia.
5. Experimentación y oscuridad al extremo
El ‘Trendkill’ no fue solo un aviso, Pantera llevó su groove metal muy lejos de cualquier tendencia, hacia el extremo más oscuro y alcanzando en el caso de su virtuoso guitarrista cotas casi inimaginables tanto por la gravedad de afinación como por la propia calidad del material presentado.
Si anteriormente mencionábamos la visceralidad de la voz de Anselmo, ‘The Great Southern Trendkill’ no se considera el álbum más duro de la banda a la ligera, ya que hablamos de las afinaciones más bajas, con temas como "The Underground in America" o "Sandblasted Skin” cayendo hasta una afinación en Re con la sexta cuerda en Sol. Pero también de momentos de genialidad como la inmensa “Floods” con su destacado solo, incluido por los expertos entre los mejores que se recuerdan y, obviamente, de lo más destacado de la factoría Dimebag Darrell.
Experimentaron con guitarras acústicas, teclados, esas voces demoníacas en “13 Steps to Nowhere”, por ejemplo, y en el apartado rítmico, Brown y Vinnie Paul exprimieron sus instrumentos también en temas como “The Underground in America”. No había reglas, si es que alguna vez Pantera las tuvo.
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