El lanzamiento de ‘La alianza del bastión’ nos ha presentado en todo su esplendor a Raebellion, formación sevillana que define su sonido como brutal folk, en busca del lado más oscuro y místico de la combinación del folk medieval y el metal, pero sin olvidar la diversión. Carlos J. Ríos, virtuoso multiinstrumentista al que también conocemos por su proyecto Naoki d’Hammer, ofrece a Kike Marcos todas las respuestas que busca sobre este renovador impulso que llega a la escena del folk metal.
‘La alianza del bastión’ es mucho más que una colección de canciones; parece una historia con principio y final. ¿Cómo nació el concepto del álbum y qué queríais transmitir con ese viaje entre fortalezas, bosques y tabernas?
“Nació de querer salirnos un poco de la normalidad de los grupos de folk y apostar por un concepto más cercano a la hechicería, los cultos y la veneración de los antepasados. Todo el disco cuenta un viaje de superación marcado por una gran traición: el abandono de las huestes y el posterior destierro.
A partir de ahí, la historia va avanzando a través de ese proceso de reconstrucción hasta desembocar en la gran batalla final contra quienes los traicionaron. Y, como buen cierre, el disco termina al día siguiente, despertando con una tremenda resaca en la taberna”.
En el folk metal siempre existe el riesgo de sonar a una suma de clichés del género. ¿Qué habéis hecho para que Raebellion tenga una personalidad propia y no sea simplemente "otra banda de folk metal"?
“Raebellion se caracteriza por hacer brutal folk, que nace de imaginar cómo sonaría la música medieval si sus músicos hubieran tenido acceso al conocimiento y la potencia compositiva de las grandes bandas de metal de la actualidad, así como de compositores como Bach o Vivaldi, pero utilizando exclusivamente los instrumentos y recursos propios de su época.
A partir de esa idea, apostamos por un sonido contundente y épico, pero también oscuro, tribal y, en ocasiones, con influencias balcánicas, buscando que cada instrumento tradicional tenga un papel protagonista y que el resultado conserve esa esencia ancestral sin renunciar a la fuerza del metal”.
Las melodías tradicionales tienen mucho peso en el disco, pero las guitarras mantienen una presencia muy contundente. ¿Fue complicado encontrar ese equilibrio entre la parte más épica y la más agresiva?
“Fue un proceso bastante complicado porque muchas melodías tradicionales parten de un carácter muy alegre y de tonalidades mayores. Al querer llevarlas hacia un terreno más oscuro y místico, tuvimos que reinterpretarlas: modificar algunas métricas, cambiar tonalidades y jugar con las armonías para conseguir otra atmósfera sin perder la esencia de la música tradicional. Al final, se trataba de encontrar ese punto entre lo ancestral y lo oscuro, buscando ese misticismo que, de una forma u otra, se ha convertido en una de las señas de identidad de Raebellion”.
Temas como "Son do Baälrik" muestran vuestra faceta más festiva, mientras que otros como "Vestigios de Éohgan" o "Augurium Noctis" tienen un carácter mucho más oscuro. ¿Cuál de esas dos caras define mejor a Raebellion?
“Yo creo que, dentro del lore de Raebellion, nos identificamos mucho con esas canciones más oscuras, místicas y relacionadas con lo ancestral. Sin embargo, fuera de ese universo también seguimos siendo chavales a los que les gusta hacer canalladas y pasarlo bien. Un poco como Mötley Crüe, pero cambiando el whisky por hidromiel y cerveza.
Por eso, aunque nuestra música y nuestra historia tengan ese componente oscuro y ritual, cuando llega la realidad y nos subimos a un escenario, somos bastante más canallas. Nos gusta la fiesta, liarla y disfrutar con el público. Creo que precisamente ese contraste entre lo místico del lore y nuestra forma de vivir los conciertos es una parte muy importante de la identidad de Raebellion”.
España cuenta con una escena folk metal muy interesante, con bandas que llevan años abriendo camino. ¿Qué creéis que puede aportar Raebellion para hacerse un hueco dentro de esa escena?
“La clave está en la frescura y la novedad. Hace años que no vemos en España un proyecto como Lurte, que consiga irrumpir con tanta fuerza dentro de esta escena, y creo que ahí hay una oportunidad muy interesante.
Al final, el folk metal en España siempre ha estado muy ligado al imaginario medieval, así que pensamos: “¿Qué mejor que llevar esa idea un paso más allá y hacer verdadera música medieval, utilizando instrumentos y sonoridades de la época, pero acompañándola de letras modernas, historias cercanas y mensajes que puedan llamar la atención y, sobre todo, llegar al corazón de la gente?” Creo que esa mezcla entre lo ancestral y lo contemporáneo es precisamente lo que hace que Raebellion tenga algo diferente que aportar”.
Da la sensación de que ‘La alianza del bastión’ está pensado para ser vivido en directo. ¿Qué canciones teníais claro desde el principio que iban a funcionar especialmente bien sobre un escenario?
“Las joyas de la corona, sin duda, son “Desquicios de Lugh” y “La danza de Sandronette”, dos canciones con un carácter mucho más rumbero y festivo que consiguen que prácticamente todo el público se ponga a bailar. Y después está “Batalla en la taberna”, que juega mucho más con la parte instrumental y el virtuosismo. Es un tema pensado para impresionar al público, con muchos momentos de exhibición musical y ese punto de competición entre los instrumentos que hace que cada directo sea todavía más especial”.
Si tuvierais que elegir una canción del disco que represente al cien por cien la esencia de Raebellion, ¿cuál sería y por qué?
“Definitivamente, sería “Son do Baälrik”. Creo que representa a la perfección el equilibrio entre la fiesta y lo ritual que buscamos en Raebellion. Al final, es una canción que resume muy bien nuestra esencia: cuenta parte de nuestra historia, de dónde venimos y, sobre todo, por qué somos como somos”.
El álbum transmite mucha ambición para tratarse de un debut. Mirando atrás, ¿hubo algún momento durante la composición o la grabación en el que pensasteis que el proyecto se os estaba yendo de las manos?
"Ha habido muchísimos momentos de incertidumbre, sobre todo al ser conscientes del enorme abanico de géneros que abarca el disco: desde el folk metal hasta la rumba, pasando incluso por sonoridades árabes. Podía parecer complicado conseguir que todo tuviera sentido dentro de un mismo álbum. La solución estuvo siempre en buscar un hilo conductor que uniera todas esas influencias: un buen trasfondo, una historia sólida y, sobre todo, algo que nos representara a todos. Al final, más que encasillarnos en un género concreto, queríamos que cada canción aportara algo diferente sin perder nunca la identidad de Raebellion”.
Ahora que el bastión ya ha abierto sus puertas con este primer disco, ¿qué os gustaría que dijera el público cuando termine de escucharlo por primera vez? ¿Cuál sería la mayor victoria para Raebellion?
“Nos encantaría que la gente siguiera nuestro trabajo y que Raebellion se convirtiera en una nueva puerta de entrada a un universo en el que nadie se sienta solo, donde siempre pueda encontrar algo a lo que aferrarse, ya sea una historia, un personaje o simplemente una canción. Y, sinceramente, creo que la mayor victoria ya la hemos conseguido. Ver a un público enorme vitoreando nuestro nombre, a niños bailando, saltando y disfrutando con nuestras canciones, y que al terminar un concierto nos pidan una baqueta o incluso quieran tocar alguno de nuestros instrumentos es algo que nos llena muchísimo.
Al final, también queremos despertar en los más pequeños esa curiosidad y esa ambición por acercarse al arte, a la música y a la historia, pero hacerlo de una forma divertida, cercana y que puedan recordar. Si conseguimos que un niño se vaya de un concierto queriendo aprender a tocar un instrumento o interesándose por nuestra historia, para nosotros ya es una victoria enorme”.
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