Hay batallas que se libran con espadas y otras que se afrontan en silencio, sin que nadie vea las heridas. En ‘Entre la niebla’, Warcry utiliza la épica para hablar de decisiones, caídas, aprendizajes y segundas oportunidades. Nueve canciones dan forma al undécimo álbum de estudio de la banda asturiana, un trabajo que alterna contundencia y emoción sin perder de vista su capacidad para convertir experiencias reconocibles en canciones con las que resulta fácil identificarse.
“Basta de llantos” es una elección acertada para abrir el disco. Su carácter épico y su fuerza marcan territorio mientras la letra anima a dejar de lamentarse y agradecer que seguimos vivos un día más. La imagen de los guerreros que continúan en pie después de la batalla funciona también como metáfora de las dificultades cotidianas. Esa voluntad de levantarse reaparece en “Gaugamela”, uno de los cortes más contundentes, con medios tiempos, pasajes rápidos, riffs poderosos y un solo de guitarra especialmente destacado. La referencia a la batalla de Alejandro Magno sirve para plantear un dilema mucho más cercano: luchar o huir cuando nuestras decisiones también afectan a los demás. La canción combina músculo y contenido, y encuentra en esa doble lectura uno de sus principales atractivos.
“Fénix” recoge esa idea de superación desde una perspectiva más emocional. Su ritmo pesado y marcado sostiene una interpretación vocal de Víctor García especialmente intensa, mientras la letra combina melancolía y esperanza alrededor de la capacidad de volver a levantarse. En otro registro, “Testamento” introduce una base electrónica antes de recuperar velocidad y adentrarse en un terreno más introspectivo, marcado por el perdón y la rendición. No todas las batallas se ganan resistiendo; algunas empiezan cuando uno se atreve a mirar hacia dentro.
La rabia toma el protagonismo en “Lo siento”, una respuesta directa a quienes desean ver caer a los demás por pensar diferente. Frente a la introspección de “Testamento”, aquí predomina la voluntad de plantar cara y no permitir que la presión externa determine el propio camino. Son dos maneras distintas de afrontar el conflicto que ayudan a dar variedad al recorrido del álbum.
Uno de sus momentos más emotivos llega con “La larga marcha”. La introducción de guitarras es preciosa y prepara el terreno para una interpretación vocal de García muy personal. La letra mira atrás para hacer balance de las pérdidas y los logros acumulados durante años de lucha. Hay nostalgia, pero también aceptación: equivocarse y caer forman parte del viaje, y lo importante es aprender de cada tropiezo. La canción destaca por su carga emocional y por una reflexión en la que resulta sencillo reconocerse.
Esa mirada hacia el interior conecta con “La Llama”, que baja las revoluciones y aporta uno de los contrastes más claros del disco. Víctor comienza prácticamente a capela antes de que la orquestación envuelva su voz y construya una atmósfera más íntima. Es una balada en toda regla, centrada en la llama vital que permanece en cada persona. Después de los riffs contundentes y los pasajes rápidos de otros cortes, este cambio de intensidad resulta necesario. La canción no necesita competir en velocidad para dejar huella: su fuerza reside en la interpretación y en la emoción que transmite.
“El hombre en el espejo”, uno de los adelantos publicados antes del lanzamiento, forma parte de un recorrido que alterna distintas intensidades y perspectivas. El cierre llega con “El pasado”, que comienza con piano y crece hasta desembocar en un final potente, con un estribillo reforzado por el doble bombo. La letra invita a aceptar que lo ocurrido no puede cambiarse y que quedarse atrapado en la nostalgia impide avanzar. No se trata de renegar de lo vivido, sino de asumirlo sin convertirlo en una cadena.
En el apartado técnico, Dani Sevillano se encarga de la producción y la mezcla, mientras que Brad Blackwood firma la masterización. La portada, realizada por Breogán Álvarez, completa la identidad visual de un disco que no necesita contar una única historia para mantener una atmósfera común. Sus canciones comparten una mirada sobre la responsabilidad, el perdón, la superación y la aceptación, aunque cada una encuentra su propia forma de expresarla.
‘Entre la niebla’ encuentra su personalidad en el equilibrio entre la contundencia reconocible de Warcry y una dimensión más introspectiva. Hay riffs potentes, pasajes rápidos y una interpretación vocal que gana fuerza en los momentos emocionales, pero también espacio para la pausa y la reflexión. La variedad de registros evita que el álbum se limite a repetir una misma fórmula y permite que las canciones alternen la descarga con la intimidad.
En el año de su XXV aniversario, Warcry hace balance de lo recorrido sin quedarse atrapado en la nostalgia. ‘Entre la niebla’ habla de las batallas que dejan cicatrices, de los errores que no pueden deshacerse y de la necesidad de continuar incluso cuando no tenemos todas las respuestas. Un disco que mira hacia atrás para comprender el camino, pero mantiene la vista puesta en lo que queda por delante. Porque todavía hay decisiones que tomar, caminos por descubrir y sueños por cumplir.
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