LO ÚLTIMO

Entrevista a Noche Cero: “Cuando tienes veinte años, amar puede ser tirarte al vacío; a los cuarenta y tantos, amar me parece mucho más punk que cualquier pose”

Noche Cero, el proyecto liderado por Carlos González Peñalba, tiene preparado un nuevo asalto en forma de disco. Pasaremos de combatir el sistema con ‘Manual del esclavo moderno’ a combatir las heridas del amor y seguir adelante con ‘Después del naufragio’, el sexto disco de este particular proyecto. A pocos días del lanzamiento, David Esquitino lanza sus preguntas a Carlos para que nos presente lo que nos espera con este nuevo paso y en el futuro de Noche Cero.

Ya tenemos casi aquí el próximo trabajo, ¿qué nos cuentas del mismo y qué nos puedes adelantar del que será el sexto disco del proyecto?

“Antes de nada, gracias por seguir abriendo espacio a Noche Cero. Este disco es probablemente el trabajo más desnudo que he hecho hasta ahora. Noche Cero siempre ha tenido rabia, ironía, crítica social, guitarras y ese punto de “vamos a prenderle fuego al sistema”, pero en ‘Después del naufragio’ el incendio va por dentro.

Es un disco sobre el amor adulto, pero no el amor de postal ni el de película romántica. Habla de amar después de haber sido roto. De volver a confiar cuando ya tienes cicatrices. De llegar a alguien con miedo, con hijos, con pasado, con heridas, con defensas levantadas… y aun así atreverse a decir: “vale, esta vez no voy a huir”.

Creo que es el álbum más emocional de Noche Cero, pero también uno de los más potentes. Hay rock alternativo, hay punk rock, hay momentos más oscuros, algún deje nu-metal, estribillos muy grandes y letras que no buscan quedar bonitas: buscan decir la verdad aunque escueza”.

¿Para cuándo está prevista la salida oficial? Coméntanos sobre la portada y concepto base que contendrá este potencial nuevo álbum que tendemos por aquí en pocas semanas.

“La salida oficial está prevista para el 30 de junio de 2026. La portada resume prácticamente todo el disco sin necesidad de explicar demasiado. Hay una figura femenina de espaldas, vestida de negro, frente a un barco destrozado en la orilla. Detrás está el mar, el cielo abierto, la tormenta todavía cerca… pero también hay luz en el horizonte. Para mí, esa imagen es el álbum entero: no el momento del hundimiento, sino el instante posterior. Cuando sigues en pie, empapado, herido, mirando los restos de lo que se suponía que iba a llevarte a casa.

No quería una portada limpia ni triunfal. Quería belleza, pero una belleza rota. Algo oscuro, romántico, casi gótico, donde el naufragio no fuese solo un barco destruido, sino una metáfora de todo lo que se rompe en una persona cuando pasa por relaciones tóxicas, abandono, culpa, miedo o amor mal entendido.

La portada tiene ese contraste que también está en el álbum: oscuridad y luz, ruina y esperanza, tormenta y amanecer. Porque el disco no dice “todo está bien”, dice algo mucho más honesto: “Todo se rompió, pero sigo aquí”. Y a veces eso ya es una forma brutal de victoria”.

Antes de avanzar, repasemos cómo ha funcionado y, sobre todo, cómo ves que ha sido aceptado ‘Manual del esclavo moderno’. ¿Crees que ha servido para cambiarle a alguien la manera de ver las cosas y en qué mundo estamos viviendo, o es mirar demasiado allá?

“No sé si una canción cambia el mundo, o si un disco puede despertarle la conciencia a alguien de golpe. Sería muy pretencioso decir eso. Pero sí creo que ‘Manual del esclavo moderno’ ha tocado una fibra concreta. Porque no hablaba de una esclavitud lejana o abstracta, hablaba de nosotros, de vivir agotados, endeudados, hiperconectados, medicados de ruido, aparentando que todo va bien mientras, por dentro, estamos fundidos. Y creo que mucha gente se ha visto ahí, en esa sensación de levantarte, producir, consumir, sonreír, repetir… y no saber muy bien cuándo dejaste de ser una persona para convertirte en una pieza del engranaje.

Para mí, ese disco fue importante porque consolidó una parte de Noche Cero: la de mirar al sistema a los ojos y decirle: “No me engañas”. Pero ‘Después del naufragio’ hace otra cosa: baja del sistema a la habitación, del mundo roto a la cama vacía, de la crítica social a la herida íntima. Es como si después de gritar contra la máquina, ahora tocara preguntarse: “Vale, ¿y qué ha hecho todo esto con nosotros por dentro?”

El último tema que has publicado es “Donde el miedo vacila”, e imagino que es representativo del nuevo álbum. ¿Qué tal se ha aceptado hasta ahora y para cuándo tendremos el siguiente single?

"“Donde el miedo vacila” funciona muy bien como puerta de entrada a esta etapa. Tiene ese punto de oscuridad, de tensión emocional, pero también una luz que intenta colarse entre las grietas. Para mí, representa muy bien el espíritu del disco: no negar el miedo, sino plantarse delante de él.

La aceptación está siendo muy bonita porque noto que la gente no la recibe solo como una canción, sino como una frase que podrían haberse dicho a sí mismos en un momento difícil. Y eso es lo que más me interesa de Noche Cero: que las canciones no sean solo “temas”, sino pequeños lugares donde alguien pueda reconocerse.

El siguiente avance irá más directo al corazón del álbum. Quiero que la gente entienda que ‘Después del naufragio’ no va de posar con cicatrices, sino de hablar de ellas de verdad. Vienen canciones muy importantes, como “Anomalía”, que para mí es una de las claves emocionales del disco: seguir queriendo querer después de haber sido destrozado y no convertirte en aquello que te hizo daño”.

De la crítica social, que nunca falte, pasamos quizás a la visión madura, adulta y visceral de la vida actual y el amor, con sus alegrías, penas, trabas y nuevo mundo al que nos enfrentamos los que ya no somos tan jóvenes. ¿Cómo ves que ha evolucionado conceptualmente el proyecto desde el comienzo?

“Noche Cero empezó como un grito de supervivencia. Como una forma de sacar fuera cosas que, si se quedan dentro, te pudren, te matan. Al principio había mucha necesidad de decir: “Estoy aquí, sigo vivo, no me habéis destruido”. Luego llegó la parte más combativa, más social, más de mirar alrededor y darse cuenta de que casi todos estamos rotos por las mismas estructuras: el trabajo, la presión, la imagen, la soledad, la falta de tiempo, la falta de verdad.

Y ahora siento que el proyecto ha madurado conmigo. ‘Después del naufragio’ no intenta hacerse el joven ni hablar de un amor adolescente, habla de amar con facturas, con hijos, con divorcios, con traumas, con miedo a repetir patrones, con la mochila llena. Cuando tienes veinte años, amar puede ser tirarte al vacío. Cuando tienes cuarenta y tantos, amar a veces es sentarte con alguien, poner todas tus ruinas encima de la mesa y decir: “Esto soy, esto traigo, y esto me duele… ¿te quedas?”. Eso me parece mucho más punk que cualquier pose. Porque requiere una valentía brutal”.

Me gusta tu punto musical entre punk rock combativo y potente, con un deje del estilo más accesible, divertido e incluso amable. Según la canción te pida una cosa y otra, haces, pero creo que tú has sabido equilibrar muy bien la balanza al respecto. ¿Qué bandas te han marcado el camino a la hora de llevar musicalmente adelante Noche Cero?

“Yo vengo de muchos sitios. En Noche Cero hay punk rock melódico, hay rock alternativo, hay metal, hay electrónica, hay pop oscuro, hay bandas sonoras, hay cosas que vienen incluso de mi época de DJ y de trabajar con sonidos más electrónicos. Pero si hablamos de espíritu, hay nombres que están muy presentes: Green Day, The Offspring, Blink-182, esa forma de hacer canciones directas, con energía, pero que debajo pueden tener bastante más dolor del que parece.

También me marca mucho el rock alternativo más emocional, cosas como Linkin Park, por esa mezcla de rabia, vulnerabilidad y producción moderna. Y luego hay una parte más oscura, más épica, más cinematográfica, que viene del metal, del gótico, del sinfónico, de querer que una canción no solo suene, sino que te arrastre. Lo que intento es que Noche Cero tenga pegada pero no sea inaccesible. Que puedas gritar un estribillo pero también quedarte pensando después. Me interesa mucho esa contradicción: canciones que entren fácil pero que no sean ligeras. Que parezcan himnos y, cuando lees la letra, digas: “Hostia, aquí hay sangre””.

Me llama la atención que cada disco tiene una temática e incluso un sonido (y casi estilo) distinto. Imagino que esto no es casual, y que la idea es no repetirte o abordar cada vez tus inquietudes musicales de una manera diferente. ¿Me equivoco?

“No te equivocas. Para mí, cada disco tiene que tener su propio mundo. No me interesa hacer una colección de canciones sueltas que podrían estar en cualquier parte. Me gusta que cada álbum tenga una identidad, una herida, una estética, una temperatura. Que cuando entres, sepas dónde estás.

Noche Cero no es una banda de “vamos a repetir la fórmula porque ha funcionado”. Es más bien un proyecto narrativo, emocional y musical. Cada disco responde a una necesidad distinta. Si el disco habla de esclavitud moderna, tiene que sonar a sistema, a presión, a ironía, a ciudad, a ruido. Si el disco habla de un naufragio emocional, tiene que sonar a cicatriz, a madrugada, a guitarras que pesan, a estribillos que intentan levantarse aunque estén rotos. No cambio por capricho. Cambio porque la historia lo pide. Y porque repetirse demasiado, para mí, es una forma elegante de morirse”.

Todavía hay gente que tiene una visión equivocada de cómo usar la IA a la hora de hacer música. Sin ser yo muy partidario de la misma, al menos si se puede evitar, creo que tú haces un uso inteligente y activo de ella. ¿Cuál es la diferencia entre componer con IA sin más (y que te haga las canciones y las letras “otro”) y que solo te ayude a completar el trabajo?

“La diferencia está en quién tiene la herida. Una IA puede generar sonido, puede ayudarte a producir, puede proponerte caminos, puede acelerar procesos, pero una IA no ha pasado por tu divorcio, no ha abrazado a tus hijos cuando estabas roto, no ha tenido miedo de volver a amar, no ha vivido una relación tóxica, no ha tenido que reconstruirse desde el suelo.

Para mí, la IA es una herramienta, no el autor. Igual que una guitarra no compone por ti, un amplificador no siente por ti y un programa de producción no decide qué necesitas contar. En Noche Cero las canciones nacen de una historia real, de una dirección artística, de letras trabajadas, de conceptos, de revisiones, de intención. No es escribir “hazme una canción punk triste” y publicar lo primero que salga. Es dirigir, corregir, rechazar, volver a escribir, buscar el tono, construir un álbum con sentido.

Entiendo perfectamente el recelo con la IA, porque hay mucho uso vacío, mucho contenido generado sin alma, pero también creo que demonizar la herramienta es perder de vista lo importante: la honestidad. La pregunta no es si hay IA o no. La pregunta es: ¿Hay algo que decir? ¿Hay una visión detrás? ¿Hay una persona tomando decisiones artísticas? ¿Hay verdad? En mi caso, la IA no sustituye la emoción: la amplifica. Me permite convertir una herida en una canción, una canción en un disco y un disco en un universo”.

Imagino que sigues con la idea de hacer conciertos y presentar el proyecto de una vez en directo, como siempre crecimos viendo a las bandas que nos gustan. ¿Has dado pasos adelante o sigue todo un tanto en pausa en este sentido?

“Sí, y aquí es donde creo que Noche Cero empieza a entrar en un terreno bastante especial. Yo sigo teniendo un respeto absoluto por el directo real, por las bandas que se han dejado la piel en escenarios pequeños, medianos y enormes; por la gente que ha cargado amplis, ha dormido poco, ha tocado enferma, ha sudado cada canción y ha convertido un concierto en algo irrepetible. Eso no se puede falsificar. Y precisamente por respeto a eso, Noche Cero no se merece acabar convertido en una pantalla con un karaoke delante.

Pero al mismo tiempo hay una pregunta que me obsesiona: ¿qué pasa si un proyecto como Noche Cero, nacido en esta época, puede imaginar el directo antes incluso de pisar físicamente un estadio? ¿Qué pasa si podemos construir una experiencia que no sea un concierto tradicional pero tampoco un simple disco de estudio? Ahí nace una idea que, sinceramente, creo que todavía no se ha explorado fuera de los grandes escenarios: llevar ‘Después del naufragio’ a una versión de estadio, con público, con interacción, con improvisaciones, con pausas, con coros, con esa respiración colectiva que cambia una canción cuando deja de estar sola.

No hablo de poner aplausos por encima y ya está. Hablo de rehacer el álbum desde la visión de Noche Cero como concierto. Como si esas canciones hubieran sido cantadas delante de miles de personas que entienden la herida, que responden, que gritan, que se quedan en silencio cuando toca y que convierten algo íntimo en algo enorme. De hecho, en el propio disco ya hay una primera pista de eso: “Promesas sin altar” está concebida en ese formato. No como una canción cerrada en una habitación, sino como un momento compartido, una ceremonia eléctrica, una promesa cantada con gente delante. Para mí, esto no sustituye al directo real: lo prepara, lo sueña, lo invoca.

Es como abrir una grieta entre el estudio y el escenario. Entre lo que una canción es y lo que podría llegar a ser cuando el público entra dentro de ella. Me interesa mucho esa frontera, porque Noche Cero siempre ha ido de eso: de romper límites. Entre humano y máquina. Entre herida y himno. Entre realidad y ficción. Entre lo que se supone que una banda puede hacer y lo que una banda podría llegar a imaginar.

No sé si esto es un disco en directo, una película sonora, una maqueta emocional de un concierto futuro o una forma nueva de contar una banda antes de que exista sobre un escenario. Y esa parte de misterio me gusta. Lo que sí sé es que ‘Después del naufragio’ no pide solo ser escuchado. Pide luces apagadas, pide voces, pide público, pide ser cantado por supervivientes”.

Muchas gracias, Carlos. Si quieres añadir algo más, las siguientes líneas son tuyas.

Gracias a vosotros por el espacio y por tratar a Noche Cero como lo que intento que sea: no solo un proyecto musical, sino una forma de contar lo que muchos vivimos y no siempre sabemos decir. ‘Después del naufragio’ sale el 30 de junio de 2026. No es un disco de amor. Es un disco sobre sobrevivir al amor. Y ojalá quien lo escuche encuentre ahí una canción que le diga, aunque sea durante tres minutos: “No estás solo, todavía queda ruido, todavía queda vida””.

Escucha a Noche Cero en Spotify:

David Esquitino

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MariskalRock.com
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.