Es Doctor en Historia Antigua, profesor en la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona) y uno de los concursantes más icónicos y queridos de la etapa reciente de Saber y Ganar, pero, sobre todo, Marc Mendoza es un metalhead de pura cepa. Tras revolucionar la pequeña pantalla luciendo en cada emisión una camiseta distinta de su descomunal colección, Pau Peñalver, nuestro plumilla en Cataluña, se sienta con él para analizar la escena con una lucidez aplastante. Una conversación sin filtros que abarca desde su contundente comparativa entre la deriva comercial de Metallica y el riesgo artístico de Iron Maiden, hasta el dilema ético con bandas como Manowar o Sabaton, su crítica a los macrofestivales y cómo se gestiona una vida a caballo entre las aulas, las cámaras de televisión y los decibelios a todo volumen.
Marc, te tenemos aquí por muchos motivos, pero en Saber y Ganar te conoce todo el mundo tanto por tu sabiduría como por tus camisetas. ¿Es verdad que tienes más de 600.000?
“No, 600.000 no (risas). Me lo han preguntado mucho últimamente... No las he contado todas, pero a fecha de hoy tendré unas 175 o 180”.
¿Las guardas en algún mueble expositor especial?
“Están en el armario, apiladas. Intento cuidarlas, pero es un miedo constante que tengo: pensar “¡Hostia, esta me gusta mucho, no quiero que se me desgaste!” Algunas sí las tengo repetidas, como las de 'Killers' o “Stranger in a Strange Land”. Las tengo ordenadas por temáticas: las que no son heavies, las de eventos, las de Maiden (que son la mayoría) y las de otras bandas. Según el espacio, me toca reconfigurar”.
Hoy llevas una camiseta de Phantom Spell. Siendo historiador, cuando te gusta un grupo nuevo, ¿haces toda una investigación sobre sus orígenes?
“Depende. Hay momentos en los que indago su trayectoria y otras veces simplemente los escuchas sin profundizar más, pero al principio sí me enfocaba mucho en eso. Con el tiempo, al menos te aseguras de que no tengan posicionamientos extremos, porque en el metal a veces es un campo de minas”.
¿Ese escrutinio te ha obligado a eliminar del catálogo a alguna banda o separas el arte del artista?
“No he dejado de escuchar a ningún grupo por eso, pero los sigo escuchando con un cierto placer culpable o culpabilidad. En Manowar han salido a la luz cosas gravísimas de su exbatería o ese tufo a "trumpismo" que no me convence. O con Sabaton y esa supuesta imparcialidad... "Hostia, muy bien, una canción sobre la Unión Soviética y luego otra sobre la Ghost Division de los nazis”… Me da un poco de vergüenza admitir que los escucho. Es un dilema difícil”.
Manowar, estarán de gira con fechas en España. ¿Irás a verlos?
“No. Lo vi y me dio pereza. Me enfadé cuando cancelaron hace unos años en el Rock Fest y me desenganché. Viendo sus conciertos grabados, se dedican a hacer solos interminables en vez de ir al grano. Luego vino Ross The Boss tocando temas de su primera época y fue de puta madre. A veces los exmiembros o las bandas de versiones acaban siendo mejores que la banda principal”.
¿Acudiste a la última edición del Rock Fest?
“No, por trabajo no pude ir. Además, el modelo de macrofestivales no me convence, prefiero las salas o recintos específicos por acústica e intimidad. El festival exige demasiados sacrificios para disfrutar de una banda. Tras leer el libro de Nando Cruz (ndr: se refiere a ‘Macrofestivales’) sobre el tema, estoy concienciado del daño que hacen a las salas pequeñas, cómo encarecen cachés y cómo fuerzan a los grupos a recortar sus repertorios a una hora por limitaciones de agenda”.

Tu adolescencia coincidió con el auge del P2P y eMule a mediados de los 2000. ¿Cómo descubriste esta música?
“Internet era un lugar maravilloso con acceso a todo. Mis amigos del instituto empezaron a escuchar metal y mi puerta de entrada fue System of a Down con 'Toxicity'. A partir de ahí exploré con recopilatorios muy variados que incluían desde Blind Guardian hasta Cradle of Filth”.
En esa época de descargas era inevitable cruzarse con Metallica. ¿Te atrae su propuesta?
“No, el thrash no me apasiona, y Metallica se ha desvirtuado muchísimo. Se han convertido en un gran negocio, una gran empresa que toca días seguidos en Las Vegas. Esa vocación comercial les resta la voluntad de hacer música de verdad. Aparte de temas puntuales como "Master of Puppets", nunca me han llegado”.
¿Por qué te convence Iron Maiden y no Metallica si los británicos también son una gran maquinaria comercial?
“Maiden mueve muchísimo dinero, pero musicalmente no se han vendido y hacen lo que les da la gana. El camino que tomaron en 'Brave New World' se aleja de los 80, y 'Senjutsu' me parece un disco excepcional. Si buscas otro "Aces High", no lo van a hacer porque no quieren; a Steve Harris le apetece componer temas progresivos de doce minutos sin buscar la complacencia fácil. En cambio, Judas Priest ha encontrado una fórmula que funciona y no se mueve de ahí. Maiden arriesga en sus giras mezclando discos nuevos con etapas olvidadas”.
Acabas de ver a Maiden en directo en París. ¿Qué tipo de repertorio prefieres en sus shows?
“Prefiero que toquen cosas nuevas o poco habituales; si no vuelven a tocar "Fear of the Dark", no me pasa nada. Para mí, el momento más especial en París fue escuchar "Infinite Dreams", que hacía 38 años que no la interpretaban”.
¿Qué temas consideras imprescindibles y cuál tienes clavado como asignatura pendiente en vivo?
“"Iron Maiden" y "Hallowed Be Thy Name" son los pilares que no pueden faltar. Como deuda personal, me encantaría escuchar "Drifter", que no la hacen desde la gira 'The Early Days', "Sea of Madness" o "The Parchment", que es de lo mejor que han compuesto en los últimos veinte años”.
Eres de Sabadell y estás involucrado en el fútbol modesto. ¿Cómo vives esa vertiente?
“Sabadell tiene una personalidad muy marcada y una identidad asociativa propia. Frente al fútbol de élite del Camp Nou o el Bernabéu, masificado por el turismo y los compromisos comerciales, el fútbol modesto conserva esa esencia popular donde el seguidor siente que forma parte del club”.
¿Qué opinión te mereció la sonada polémica en el balcón del Ayuntamiento (con el portero del equipo alentando el conocido y desafortunado cántico contra el Presidente Pedro Sánchez) durante la celebración del ascenso del CE Sabadell?
“Fue una lástima porque empañó el mérito deportivo. Por hacerse el gracioso, el portero quitó el foco de lo importante. El fútbol y la política son inseparables, pero hay que usar ese altavoz para mejorar el mundo, como hacen Borja Iglesias o Bellerín visibilizando causas sociales, y no para lanzar proclamas reaccionarias”.
Con tanto volumen de trabajo académico, ¿de dónde sacas tiempo para mantener el equilibrio personal?
“Planificación. Con los años te das cuenta de que estar cuatro horas seguidas estudiando no sirve de nada porque se te fríe el cerebro. Es mejor hacer bloques intensivos de hora y media, parar a escuchar música o hacer ejercicio, y luego seguir. Si te organizas, no tienes que sacrificar el ocio”.
¿Cómo es el Marc Mendoza docente en la Universidad Autónoma de Barcelona?
“Voy con mis camisetas de metal a clase. Tuve como referente al profesor Jordi Vidal, que ya venía así a dar clases, y ver a alguien identificado con esa estética me lo hizo sentir natural. Además, ¡no me saldría a cuenta cambiar todo mi armario!”
¿Se respira mucho ambiente metalero en tu departamento?
“Mi compañero de despacho, Borja Antela, también escucha metal. Nuestra gran discusión diaria es cuál es la mejor etapa de Black Sabbath: para él es la de Ozzy Osbourne, para mí, claramente, la de Ronnie James Dio. Dio tenía una voz y una presencia escénica superiores, y trabajos como 'Heaven and Hell' o 'Dehumanizer' están a un nivel increíble”.
¿Has trasladado esa pasión por la música a tus investigaciones sobre Alejandro Magno?
“Alejandro Magno tiene ese paralelismo con las rockstars: figuras que viven rápido y mueren jóvenes. En la introducción de mi tesis doctoral puse el estribillo de "Alexander the Great" de Iron Maiden, y suelo utilizar títulos de canciones de heavy metal en mis artículos académicos como un guiño”.
Para terminar, ¿cómo acabaste concursando en Saber y Ganar?
“¡Fue una conspiración de mi madre y mi pareja! Yo ponía excusas diciendo que tenía que estudiar más, y ellas enviaron mis datos al casting a mis espaldas. Cuando me llamaron por teléfono ya no me podía echar atrás”.
¿Cómo compaginas la exigencia del plató con tu carrera universitaria?
“Es complejo porque las grabaciones requieren dos o tres días seguidos. Al no tener una plaza fija en la universidad, no puedo pedirme un año sabático, por lo que tengo que hacer pausas periódicas. Pero tras el parón estival, mi intención es regresar al plató para seguir dando guerra”.
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