Duelen las manos de aplaudir después de escuchar el emotivo discurso pronunciado por la siempre contundente y poderosa Lzzy Hale, líder de Halestorm, durante la inauguración de una nueva exposición del Rock and Roll Hall of Fame que rinde homenaje a las mujeres del metal el pasado 10 de julio en Cleveland, Ohio. “El metal nunca fue hecho para encajar en moldes, sino para quienes se niegan a encajar en ellos”, proclama Lzzy en un discurso dirigido a las mujeres pero que se hace universal con un mensaje que apunta directo al futuro de la escena.
“Women In Metal: You Will Know My Name” es el nombre de la exposición que se presentó como homenaje a “aquellas que traspasan los límites y desafían el statu quo para realizar esfuerzos significativos y pioneros en el metal”, o lo que es lo mismo, a todas las mujeres que han derribado las barreras que han encontrado a lo largo de los años para tener su merecido reconocimiento en el rock y el metal.
Tras ofrecer un set acústico junto a su compañero guitarrista Joe Hottinger, la frontwoman de Halestorm, a la que pudimos ver al frente también de Skid Row con excelente resultado, pronunció un discurso que debería pasar a las páginas doradas de la historia del rock como fuente de inspiración, homenaje y empoderamiento para todas las generaciones que vengan detrás y para ti que estás leyendo estas líneas, seas del género que seas.
El discurso comienza desde lo personal y va cogiendo altura hasta erizar el vello a cualquiera: “Crecí amando el rock y el metal porque esos géneros nunca pedían permiso. Eran rebeldes, intrépidos, emotivos y sin complejos. Daban cabida a la ira, la alegría, el desamor, la fuerza, la vulnerabilidad y todo lo que hay entre medias. Lo que no siempre veía era a alguien que se pareciera a mí. Pero había mujeres. Siempre había mujeres”.

Hale enfoca sus palabras: “Mujeres que dibujaron su propia carrera. Mujeres que treparon a las ventanas cuando las puertas no se abrían. Mujeres a las que dijeron que eran demasiado fuertes, demasiado agresivas, demasiado emocionales, demasiado ambiciosas, demasiado femeninas, demasiado masculinas. Demasiado de algo o no suficiente de alguna otra cosa. Y cada vez que alguien asumió que ella era solo la novia o la chica del merchandising, cada vez que la radio decía que no pondrían sus canciones porque ya tenían cupo de artistas femeninas cubierto, cada vez que un sello discográfico la descartó porque las mujeres en el metal no estaban de moda en ese momento, ella se aferró a la música y lo hizo de todos modos. Con sangre en sus dientes y tierra bajo las uñas, ella abrió la puerta para las mujeres que estaban luchando por detrás de ella”.
El discurso continúa con fuerza y entre aplausos: “Esta noche celebramos a estas mujeres. No como excepciones, no como novedades, sino como músicas. No como músicos femeninas. Solo músicas. Como artistas. Como arquitectas de esta música que amamos y a la que hemos dado nuestras vidas. La historia de las mujeres en el metal no es una historia paralela. Es la historia. Son las historias de cantantes que rehusaron a ablandar sus voces, guitarristas que rehusaron a quedarse en el fondo, baterías que tocaron más fuerte de lo que nadie esperaba, bajistas que sostuvieron bandas enteras, y compositoras que transformaron su dolor en poder”.
Lzzy no se olvida de nadie y mira hacia delante: “También las fans que aparecieron con botas negras y chalecos parcheados y demostraron que el metal pertenece a todos. Es un gran honor para mí ser incluida en esta presentación, pero estoy aquí sabiendo que ninguna de nosotras ha llegado sola. Cada mujer representada aquí se apoya en los hombros de alguien que vino antes de ella. Y si lo estamos haciendo bien, también estamos creando nuevos hombros para que alguien más esté ahí. Y ese es el aspecto que tiene el progreso. No reemplazando una generación con la otra, sino construyendo una escena más grande, una escena más potente. Una escena con espacio para más historias que nunca. Porque el futuro del metal no pertenece a un género específico ni a un país específico ni a una escena específica, pertenece a cualquier suficientemente valiente para crear algo honesto, poderoso y verdadero”.
“No estamos pidiendo un sitio en la mesa; estamos construyendo la siguiente mesa”
La mirada vuelve a las pioneras: “Así que esta noche quiero agradecer a las pioneras, a las marginadas, a las que rompieron las reglas, a las mujeres que llevaron esta antorcha cuando llevarla era algo mucho más solitario que lo que tenemos hoy. Y quiero hablar directamente a la niña joven que podría caminar por este lugar mañana. Tal vez esté agarrando una guitarra por primera vez, tal vez esté escribiendo canciones en su habitación, tal vez le estén diciendo que no se ajusta al molde. Bien, porque el metal nunca fue hecho para encajar en moldes, sino para quienes se niegan a encajar en ellos”.
El alegato final es digno del cine: “Así que tomad ese espacio, haced ruido, escribid la canción, montad la banda, errad la nota, intentadlo de nuevo, pero no os rindáis nunca, porque cuando alguien ose a decirte que no perteneces a esto, recordad algo: No estamos pidiendo un sitio en la mesa; estamos construyendo la siguiente mesa”.
Lzzy, que unos días atrás recordaba cómo sus padres fueron responsables de su pasión rockera y su determinación, termina ganándose la ovación: “Así que muchas gracias a Rock and Roll Hall of Fame por preservar estas historias. Gracias a los fans que han llevado esta música a través de generaciones. Y gracias a todas las mujeres en metal pasado, presente y futuro. Esta exposición no es sobre lo lejos que hemos llegado, es sobre cuánto más lejos vamos a llegar. Los amplificadores siguen sonando. Las luces están encendidas, y vosotros sabréis nuestros nombres. Muchas gracias”.
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