La edición del Primavera Sound de 2026 pasará a los anales de la historia del festival como el año en que el Parc del Fòrum (Barcelona) sucumbió a un lleno absoluto desde su primer suspiro. Una marea humana sin precedentes desbordó los accesos del recinto costero, ansiosa por entregarse a una narrativa sonora sin fronteras que este año decidió difuminar las líneas entre el pop de autor más preciosista, la irreverencia eléctrica contemporánea y la celebración colectiva más salvaje.
Miércoles 3 de junio
La primera gran sacudida de las jornadas principales llegó de la mano de Ouineta, encargada de abrir el festival con la autoridad natural y magnética de quien ya reina en el nuevo pop catalán; entre estéticas de color rosa chicle, coreografías de una precisión milimétrica y los celebrados y coreados cameos de Maria Jaume y Mushkaa, firmó una actuación tan divertida como musicalmente contundente, sirviendo como el prólogo ideal para la descarga de adrenalina posterior de Yard Act. Los de Leeds irrumpieron con una mezcla explosiva de punk-funk, líneas de bajo profundamente musculosas y una gloriosa saturación de ruido guitarrero que confirmó por qué siguen siendo uno de los secretos mejor guardados y más incendiarios de la escena británica actual.

Mientras tanto, la atención de los melómanos más irredentos también se desplazaba hacia las distancias cortas y la acústica controlada de la sala Paral·lel 62, dentro del selecto ciclo Primavera a la Ciutat. Allí, los neoyorquinos Geese protagonizaron un debut histórico en España que rozó lo mitológico. Lejos de ceñirse a los libretos, decidieron desmontar por completo las estructuras de su celebrado y complejo "Getting Killed" para convertir el concierto en una suerte de karaoke surrealista y desquiciado, liderado por la imprevisible, histriónica y genial figura de su vocalista, Cameron Winter. Aquello fue un ejercicio de caos perfectamente calculado, una rave de art-rock que dejó meridianamente claro que la banda de Nueva York juega en una liga completamente propia.
De regreso al Fòrum, Guitarricadelafuente ofreció una auténtica exhibición interpretativa en lo que fue, sin duda, uno de los momentos más absorbentes, íntimos y masivos de la jornada. Su escenario se transformó en un mapa de habitaciones emocionales en constante mutación conceptual. Arrancó sumergiendo al público en la sensualidad flotante y nocturna de "Full time papi" y "Calypso", antes de desplegar el romanticismo contemporáneo de "Futuros amantes" y la melancolía suspendida de "Continicio". Con una escenografía monumental donde los elementos visuales dialogaban constantemente con sus raíces folclóricas y vanguardistas, el espectáculo avanzó entre los pliegues emocionales de "Poses" y el trote hipnótico y magnético de "Caballito". El tema "Pipe Dream" abrió una grieta poética en mitad del recorrido acústico antes de que "Puerta del Sol" regalara una de las imágenes más impactantes y simbólicas de la noche: dos sosias enfrentándose físicamente en el barro en las pantallas mientras miles de espectadores observaban completamente hipnotizados.

La épica terminó de apoderarse del recinto cuando la letra de "Mataleón" apareció proyectada en dimensiones gigantescas sobre las estructuras del escenario, transformando la herida personal en un canto colectivo atronador. Después llegaron la brisa mediterránea de "Port Pelegrí" y el embrujo místico de "Agua y mezcal", dos momentos que ampliaron aún más la dimensión emocional del concierto. En el tramo final, una ya imprescindible "Guantanamera" sonó como un himno fuera del tiempo antes de desembocar en la tormenta acústica de "Tramuntana". El cierre definitivo con "BABIECA!" fue sencillamente arrollador: un estallido casi místico que terminó de sellar el vínculo especial entre el artista de Benicàssim y una Barcelona que lo ha adoptado como uno de los suyos.
Sin apenas margen para que el público pudiera procesar semejante viaje emocional, el escenario principal Estrella Damm se preparó para recibir a uno de los platos fuertes del rock independiente global: Wet Leg. Si en su anterior visita al festival las de la Isla de Wight prometían convertirse en una de las grandes bandas de su generación, esta actuación de 2026 confirmó definitivamente esa condición de gigantes. Convertidas ya en un quinteto en directo demoledor, Rhian Teasdale y Hester Chambers revolucionaron por completo la puesta en escena habitual del rock alternativo, rompiendo la simetría estática del escenario para trazar una diagonal profunda y dinámica sobre las tablas. Chambers ejerció durante toda la noche como una impecable, robusta y pesada columna vertebral eléctrica, mientras Teasdale desplegaba una presencia magnética, feroz, irónica y absolutamente irresistible al micrófono.

El impacto inicial fue inmediato con la combinación perfecta de la lascivia pop-punk de "Wet Dream" y las texturas rítmicas e histéricas de "Oh No". A partir de ahí, el concierto avanzó sin una sola fisura o bajón de energía a través de la contundencia de "liquidize", el nervio puramente guitarrero de "jennifer's body", el oleaje melódico de "pond song" y la explosión sentimental de "Being in Love". El clímax colectivo absoluto llegó con "Ur Mum", cuyo ya tradicional y catártico grito liberador de siete segundos fue coreado por un Fòrum entero convertido en un único organismo ruidoso. Lejos de aflojar el ritmo, la banda mantuvo la intensidad con los ganchos infecciosos de "davina mccall", la intimidad rugosa de "u and me at home" y las capas densas y envolventes de "pillow talk". La urgencia de "Too Late Now" añadió una dosis extra de adrenalina emocional antes de que "Angelica" preparara el terreno para el desenlace definitivo. Y entonces llegó el momento que todos esperaban. Rhian Teasdale y Hester Chambers abandonaron la diagonal escénica para encontrarse frente a frente en el centro del escenario.
La tremenda tensión acumulada durante la hora de concierto explotó de golpe con una monumental e histórica interpretación de "Chaise Longue", recibida por la masa humana como un auténtico himno generacional de la década. La provocadora "CPR" mantuvo el pulso y las pulsaciones por las nubes antes de que "mangetout" cerrará la noche con su riff afilado, sucio y contagioso. Los últimos acordes distorsionados quedaron suspendidos sobre la estructura metálica del Parc del Fòrum como una descarga eléctrica imposible de disipar, rubricando una jornada inaugural memorable, vibrante y destinada a permanecer durante mucho tiempo en la memoria colectiva del Primavera Sound.
Jueves 4 de Junio
La segunda jornada del festival vio cómo los escenarios principales abrían sus compuertas a las vertientes más oscuras, urbanas y abrasivas del rock, pero el verdadero protagonista del jueves terminó siendo el infortunio meteorológico. Fuertes lluvias, tormentas eléctricas y peligrosas rachas de viento azotaron con violencia el Parc del Fòrum, provocando retrasos y un caos organizativo que obligó a suspender por completo las actuaciones más esperadas de la noche por evidentes razones de seguridad.
Horas antes de que estallara el núcleo de la tormenta, la jornada ya había sufrido los primeros contratiempos con la suspensión de los directos de Alex G y Mac Demarco. Sin embargo, el golpe más duro para los asistentes llegó de madrugada, cuando la organización se vio obligada a emitir un comunicado oficial cancelando de forma definitiva los conciertos de los tres grandes cabezas de cartel en los escenarios Estrella Damm y Revolut: Massive Attack (cuyo pase inicial de las 22:00 fue pospuesto a las 00:30 antes de su caída total), la superestrella estadounidense Doja Cat —quien recurrió a las redes rota en llanto por no poder actuar— y el ídolo local Bad Gyal. El recinto no resistió el embate del temporal; de hecho, la gran carpa de la zona gastronómica sufrió graves filtraciones que hacían que lloviera en su interior con la misma intensidad que fuera, provocando que miles de personas vagaran empapadas buscando un refugio imposible. Ante el colapso de la movilidad y la imposibilidad de absorber las riadas de abandonos simultáneos, muchos optaron por caminar en procesión hasta el centro de Barcelona. Para mitigar el impacto del desastre, la organización anunció posteriormente la devolución íntegra del importe de las entradas del día del jueves.

A pesar de la inclemencia climática y en los momentos donde el cielo daba tregua, la música logró abrirse paso a contracorriente. En una frecuencia muy satírica, macarra y bailable, los suecos Viagra Boys tomaron el festival por asalto. Con Sebastian Murphy a la cabeza, luciendo sus tatuajes, sin camiseta y con una lata de cerveza en la mano, la banda desplegó su característico post-punk cargado de líneas de bajo grasientas y un saxofón desquiciado que inyectaba free-jazz a la mezcla. Temas como "Sports" y "Research Chemicals" convirtieron la pista en un lodazal de baile salvaje, sudor y cinismo, confirmando que son una de las bandas más divertidas, imprevisibles y enérgicas del circuito de festivales del planeta.
Para aquellos que buscaban una experiencia puramente física, opresiva y cercana al colapso sonoro, la cita ineludible del jueves estaba firmada por Chat Pile. Los originarios de Oklahoma trajeron al festival su perturbador, asfixiante y pesadísimo sludge metal mezclado con noise rock. Su concierto se sintió desde los primeros compases como una masa densa, pastosa y monolítica de angustia nihilista, apuntalada por riffs de guitarra aplastantes y la interpretación vocal desquiciada, casi agónica, de su frontman. Fue, sin lugar a dudas, una de las experiencias más oscuras, densas y extremas de todo el fin de semana, dejando al público exhausto y con el estómago revuelto por la violencia sónica. La jornada del jueves también sirvió para calentar los motores de la electrónica y el mestizaje de vanguardia: en el escenario CUPRA, la expectación era máxima para presenciar la electrónica hiperactiva de PinkPantheress, que sirvió como antesala perfecta para el drop flamígero y destructor de Skrillex. El legendario productor estadounidense no solo ofreció una sesión monumental que puso a bailar a decenas de miles de personas bajo las estrellas, sino que anunció su desdoblamiento bajo su alias original, Sonny, para ejercer como curador secreto del escenario Cupra Pulse durante el viernes, prometiendo un line-up experimental que mantendría a los buscadores de rarezas en vilo.
Viernes 5 de Junio
El viernes 5 de junio se recordará como la jornada más masiva, densa y emocionalmente devastadora de toda la edición 2026. "Pictures of You", "A Night Like This", "Lovesong", "Fascination Street", "Just Like Heaven", "A Forest", "Lullaby", "Friday I’m in Love", "Boys Don’t Cry"… Para hacerse una idea real del calibre histórico del concierto de The Cure en este Primavera Sound, solo hace falta enumerar de carrerilla esa porción del repertorio que los de Robert Smith hicieron desfilar por el escenario principal Estrella Damm. A lo largo de dos horas y media monumentales que se balancearon magistralmente entre el caramelo pop y la tiniebla gótica, los británicos impartieron una lección de historia de la música alternativa.

Se trataba de una actuación rodeada de una inmensa expectación espiritual: era su primer show desde 2024 y, de manera muy significativa, el primero tras la trágica muerte del teclista Perry Bamonte a finales de 2025. El testigo en los teclados fue recogido en un emotivo acto de continuidad familiar por Eden Gallup, hijo del bajista y puntal histórico indomable del grupo, Simon Gallup. Este relevo generacional sobre las tablas dotó al concierto de un aura de transmisión mística de un legado sagrado. Conscientes de que la música era la única protagonista, la banda redujo al mínimo la escenografía, limitándose a unas sencillas y elegantes proyecciones abstractas para que fueran las propias canciones las que llenaran el vacío del Parc del Fòrum.
Robert Smith, con su icónica voz intacta, dulce y desgarradora a partes iguales, reclamó el minutaje necesario para exhibir toda su vasta trayectoria: sonaron los hits inmortales que desataron la euforia colectiva, pero también abrieron espacios para esquinas oscuras y poco visitadas de su fondo de armario, como "Mint Car" o la exquisita cara b "2 Late". Estas rarezas sirvieron para encajar a la perfección las piezas de su reciente trabajo, "Songs of a Lost World", cuyas canciones no sonaron en absoluto a material "nuevo", sino a prolongaciones coherentes, densas y de una sabiduría crepuscular innegable de ese sonido inconfundible que inventaron hace cuatro décadas y que contiene toda la euforia y la melancolía de la que es capaz el ser humano.

Esa misma panorámica emocional es la que ha permitido a The Cure seguir reclutando a hordas de fans que ni siquiera habían nacido cuando el grupo editó sus obras cumbre. Un ejemplo perfecto de este puente generacional fue la presencia de Ethel Cain, quien actuó justo antes y cerró su propio set manifestando públicamente su devoción por Robert Smith. La artista estadounidense había transformado previamente el escenario principal en un desvencijado patio trasero del sur de los Estados Unidos, decorado conceptualmente con malas hierbas, neumáticos viejos y metales oxidados para proyectar su visión gótica de la América profunda. Convertida en la princesa de un reino pantanoso, Ethel Cain tomó el sludge pesado y el grunge más narcotizado y ralentizado como improbables puntos de partida para levantar monumentales torch songs, coreadas y lloradas por una masa de fans leales que llevan su lírica grabada a fuego.
El testigo de la melancolía eléctrica fue recogido en el escenario Riviera por Slowdive. Los de Reading han convertido el Primavera Sound en su segunda casa desde su regreso hace una década, y el reencuentro con Rachel Goswell y Neil Halstead fue, una vez más, un oasis de belleza sónica mariana. Su concierto fue una clase magistral de shoegaze atmosférico; texturas de guitarra que flotaban sobre el mar, psicodelia hipnótica y pop de ensueño que envolvieron a una audiencia intergeneracional a través de clásicos imperecederos como "Catch the Breeze" y una devastadora "When the Sun Hits".

Mientras tanto, en las profundidades arquitectónicas del festival, los pioneros alemanes Einstürzende Neubauten hacían historia al pisar por primera vez el Auditori Rockdelux. Este recinto cerrado y de acústica perfecta demostró ser el templo ideal para los sutiles y violentos matices que exige la compleja arquitectura sónica de los berlineses. El recital no solo sirvió para presentar formalmente a su flamante y virtuosa bajista, Josefine Lukschy—ya plenamente integrada en la dinámica de oscilación entre el estrépito industrial y el silencio seductor que proponen los alemanes—, sino para armar un puente dorado entre su pasado y su presente. Colocaron clásicos de movilidad perpetua y ruidista como la espeluznante "Sonnenbarke" y la magnética "Sabrina" junto a composiciones de su catálogo más reciente como "Gesundbrunnen". Este tema, inspirado directamente por el hijo transgénero de su líder Blixa Bargeld, sirvió para que el magnético frontman teutón lanzara un emotivo y severo alegato a favor de demoler "toda forma de determinismo biológico". Ver a Blixa Bargeld experimentar con muelles, chapas metálicas, taladros y tubos de plástico para crear texturas de una belleza sobrecogedora fue un gesto emocionante, político y plenamente consecuente con la filosofía de un grupo que, hace más de cuarenta años, destruyó las definiciones tradicionales de la música.
Como contraparte perfecta a la vanguardia alemana, el escenario Port ardió con la llegada de las británicas Lambrini Girls. El dúo de Brighton desembarcó con una propuesta de garage punk crudo, ruidoso, acelerado y absolutamente desprovisto de filtros o sutilezas. Cargadas con dardos políticos explícitos, consignas antifascistas y discursos en favor del feminismo interseccional, Phoebe Lunny y Lilly Macieira ofrecieron pura actitud Do It Yourself, metiéndose literalmente entre el público, provocando pogos masivos y demostrando porqué son una de las bandas más incendiarias y necesarias del punk global contemporáneo.

El viernes también guardaba espacio para la resurrección del sludge metal psicodélico de los icónicos Kylesa, que con su legendaria doble batería autopropulsada machacaron las cabezas de los fieles de los sonidos pesados a base de riffs oscuros y afinaciones bajísimas. Los amantes del purismo hardcore también tuvieron su dosis de oro con el set de culto de los reactivados Texas Is the Reason, pioneros del emo neoyorquino de los 90, quienes ofrecieron un concierto milimétrico, nostálgico y cargado de una integridad emocional que contrastó radicalmente con la agresión sónica pura y destructora de tímpanos que el maestro del harsh noise japonés, Merzbow, desató en los escenarios experimentales a última hora de la noche.
Sábado 6 de Junio
La jornada de clausura del sábado en el Parc del Fòrum se planteó como un asalto final donde las guitarras de vanguardia y el hardcore de nueva escuela debían reclamar el trono definitivo del festival. Más allá de lo musical, el sábado estuvo marcado por un fuerte componente político e institucional debido al viaje relámpago y por sorpresa que realizó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Barcelona. Acompañado por el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, Sánchez se alejó durante unas horas del fragor político para disfrutar de la oferta musical del festival, dejándose ver en una actitud distendida e interactuando con algunos artistas tras los escenarios, consolidando al festival como una vitrina cultural internacional para el país.
En el plano estrictamente musical, uno de los mayores hitos de este día fue la consagración en territorio de grandes masas de Depresión Sonora. El proyecto de Marcos Crespo congregó a una multitud inmensa que buscaba refugio en su post-punk claustrofóbico, de espíritu lo-fi, herencia de la coldwave y letras cargadas de alienación juvenil, automatismo laboral y desencanto urbano. Canciones como "Ya no hay verano" o "Hasta que el cuerpo aguante" desataron coros unísonos y bailes espasmódicos bajo la luz crepuscular, demostrando que el post-punk cantado en castellano tiene un poder de convocatoria gigantesco y una conexión emocional directa con las entrañas de una juventud desilusionada que cerró filas en la penumbra del sábado.

El acontecimiento más esperado por la comunidad melómana internacional era, sin duda, el regreso de My Bloody Valentine. Hacía años que Kevin Shields y Bilinda Butcher no pisaban un escenario, y su aparición el sábado por la noche rozó lo religioso. La banda irlandesa desplegó su mítica, legendaria y ensordecedora "turbina de ruido" melódico, sumergiendo a las decenas de miles de asistentes en una pared de sonido tridimensional compacta, monolítica e impecable. El viaje sensorial arrancó con la hipnótica cadencia de "I Only Said", seguida inmediatamente por el pulso arrastrado de "When You Sleep", que desató las primeras lágrimas de nostalgia entre los fieles del shoegaze. La distorsión controlada de Kevin Shields y las voces susurradas de Bilinda Butcher flotando sobre capas de samples hermosos crearon una experiencia casi física de desorientación sensorial a medida que avanzaban himnos de una belleza abrasiva como "Only Shallow" y las texturas densas e industriales de "Feed Me With Your Kiss". La delicadeza melancólica de "To Here Knows When" ofreció un breve y nublado espejismo de calma antes de que la urgencia rítmica de "Soon" transformara el Fòrum en una pista de baile psicodélica y ruidosa. Fue un concierto bellamente violento que reafirmó el estatus de la banda como arquitectos absolutos del ruido moderno, alcanzando su clímax definitivo con la monumental e interminable apoteosis de "You Made Me Realise", cuyo legendario "holocausto sonoro" de ruido blanco central dejó a la audiencia completamente hipnotizada, exhausta y con los oídos pitando en señal de reverencia histórica.
En una línea radicalmente opuesta en cuanto a formas, pero idéntica en cuanto a intensidad emocional, los norteamericanos Big Thief ofrecieron uno de los sets más bellos, crudos y honestos de toda la edición. Liderados por la fragilidad indomable, salvaje y profundamente poética de Adrianne Lenker, la banda de Brooklyn prescindió de cualquier tipo de artificio visual o truco de producción. Su concierto fue una exhibición de folk-rock eléctrico orgánico en estado puro, donde las guitarras se entrelazaban de manera casi improvisada, transitando desde la delicadeza acústica más íntima hasta explosiones de distorsión ruda y descarnada que erizaron la piel del público. Adrianne Lenker cantó como si le fuera la vida en ello, consolidando a su banda como un bálsamo de autenticidad humana en medio del gigantesco engranaje del festival.
Sin embargo, el secreto mejor guardado de la noche y el secreto que terminó por dinamitar el Fòrum fue la actuación sorpresa de la superestrella del pop global Olivia Rodrigo. En un movimiento estratégico que nadie vio venir, la artista estadounidense se apoderó de uno de los escenarios principales desatando la histeria colectiva de una masa humana que corría en desbandada para presenciar un hito histórico. Desplegando su característico arsenal de pop-punk efervescente e himnos de ruptura generacionales, la locura alcanzó cotas de leyenda cuando anunció un invitado muy especial para compartir las tablas. Ante la mirada atónita y los gritos ensordecedores de los miles de presentes, Robert Smith, el mismísimo líder de The Cure, hizo su aparición sobre el escenario para interpretar de manera conjunta su nueva canción. La combinación de la desgarradora frescura juvenil de Olivia Rodrigo y la densidad crepuscular y mística de la guitarra y voz de Robert Smith tejió un puente generacional único y sobrecogedor, regalando el que sin duda se coronará como el momento más icónico, fotografiado y comentado de toda la edición 2026.

El contrapunto de masas masivo y multidisciplinar lo puso Gorillaz. El titánico proyecto de Damon Albarn convirtió el escenario principal Estrella Damm en una fiesta descomunal y expansiva. Con un despliegue visual imponente en las pantallas que daba vida a los personajes animados de Jamie Hewlett, y una lista interminable de colaboradores estelares sobre las tablas, Damon Albarn capitaneó un viaje de dos horas que unió el rock alternativo, el hip-hop, el dub y la electrónica pop. La maquinaria de éxitos arrancó a toda revolución con el bajo magnético de "M1 A1" y la energía contagiosa de "Last Living Souls", antes de desatar la locura colectiva con los ritmos funk de "19-2000" y la cadencia hipnótica de "Rhinestone Eyes". El repertorio fluyó sin descanso, regalando paradas memorables en la psicodelia melódica de "On Melancholy Hill" y el groove arrastrado de "Dirty Harry", que puso a botar a todo el recinto. Fue precisamente durante este show donde se pudo ver a Pedro Sánchez vibrando en el lateral del escenario, llegando a charlar posteriormente con el propio Damon Albarn y compartiendo el encuentro en sus canales oficiales de comunicación.
La recta final del concierto se reservó para un desenlace apoteósico que pasará a la historia del festival. El Fòrum entero contuvo el aliento cuando sonaron los acordes iniciales de "Feel Good Inc.", una explosión de energía pura potenciada por las visuales gigantes de la banda virtual en las pantallas, para inmediatamente después enlazar con el misticismo hip-hop de "Clint Eastwood". El cierre definitivo y monumental llegó con la catarsis colectiva de "Dare", transformando la explanada en una gigantesca pista de baile bajo las estrellas. Fue una celebración colectiva unificadora que sirvió como el perfecto cierre de alta energía para las masas del Fòrum.

Por supuesto, el punk y el hardcore más extremo tuvieron sus templos de caos absoluto durante el sábado. El trío de Belfast Kneecap se consagró como uno de los grandes fenómenos de masas de la edición. Su mezcla irreverente de hip-hop satírico, actitud puramente punk, letras combativas cantadas en gaélico y un explícito e incendiario discurso político pro-palestino desató una auténtica revolución en la pista; el público respondió con bengalas, oleadas de pogos ilegales, sudor y un caos descontrolado que obligó a los servicios de seguridad a emplearse a fondo. En una frecuencia de agresión hardcore mucho más pesada y contemporánea, Knocked Loose se coronaron indiscutiblemente como los reyes de la zapatilla y la violencia coreografiada de este año. Los de Kentucky destrozaron el escenario Cupra Pulse desatando los mosh pits y circle pits más gigantescos, peligrosos y salvajes que se hayan visto en la historia del Fòrum. Sus brutales y afiladísimos breakdowns de metalcore y la voz estridente de Bryan Garris funcionaron como un mazo hidráulico contra las cabezas de miles de jóvenes que se entregaron a la violencia física del baile. Como broche de oro de la vertiente más desquiciada, los veteranos japoneses Melt-Banana trajeron su inclasificable y legendario noise rock/grindcore hiperactivo; Yasuko Onuki y Ichirou Agata desataron un torbellino de velocidad sobrehumana, efectos de guitarra espaciales imposibles y ritmos de batería programados a tempos inhumanos que dejaron a la audiencia entre la estupefacción absoluta y el enamoramiento total. Fue el cierre perfecto, ruidoso y descabellado para un bloque histórico de guitarras que revalidó el espíritu indomable del Primavera Sound Barcelona 2026.
Domingo 7 de Junio
El Primavera Sound cerró su edición transformando el Parc del Fòrum en un club al aire libre para una última jornada de baile diurno. La tarde comenzó con el pulso fresco de Greta, ideal para calentar la pista bajo el sol, seguida por el house orgánico y vibrant de BLOND:ISH, que terminó de llenar el recinto de color. El ecuador de la jornada subió de revoluciones gracias a un set contundente e impecable de Joseph Capriati, dejando el ambiente en ebullición para el gran final. El broche de oro lo puso la leyenda Carl Cox, quien con una lección magistral de techno desató la locura colectiva y despidió el festival en lo más alto.
El cierre del Primavera Sound volvió a demostrar su indudable éxito musical y su capacidad de atracción global, con un público internacional que ya roza el 70%. Sin embargo, este brillo cultural contrasta con la realidad de una población local de salarios bajos que no puede permitirse el coste de la entrada. El dilema social se hace invisible pero real a escasos metros del Fòrum: mientras dentro se vive una fiesta de confort y glamour, en las inmediaciones convive la realidad de personas durmiendo en carpas y buscando comida en la basura ante la falta de vivienda y programas sociales. El gran reto del festival es evitar convertirse en un modelo depredador al mejor postor y lograr que su impacto no actúe como un escaparate ajeno, sino como un motor que sume y respete la vulnerabilidad de la comunidad que lo acoge.
