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Crónica de Babasónicos + Silvestre y la Naranja en Barcelona: Purpurina, electrónica y distorsión

Babasónicos

Calentar el escenario para una institución como Babasónicos no es tarea fácil, pero lo que hace Silvestre y la Naranja en el Poble Espanyol de Barcelona supera cualquier expectativa de un telonero. La banda argentina salta a la palestra con una solidez desbordante, transformando el monumental recinto en un hervidero de pop psicodélico, funk elegante y coros infecciosos que atrapan de inmediato a las miles de almas que van llenando la plaza.

Silvestre y la Naranja

Desde el arranque con "Puerta del Sol", la adictiva "Supersticiones" y una coreadísima "Loco por vos", el combo de Buenos Aires deja claro su poder de seducción. El quinteto teje un viaje sónico impecable donde cortes como "Nunca te calmes", "Prisionero perfecto" y la lúdica "Sos todo lo que está bien" suenan robustos, nítidos y con una pegada idónea para las grandes dimensiones del espacio abierto. La cadencia magnética de "Hechizao" y la vibrante "Adicto al temblor" mantienen las revoluciones al máximo, encontrando un precioso contrapunto en la belleza melódica de "Océano".

Silvestre y la Naranja

El tramo final es un auténtico torbellino de groove. Con "Amores callejeros" y la visceral "El instinto", la plaza se rinde por completo a su propuesta, estallando definitivamente con el ritmo irresistible de "Tu veneno". Para el cierre, la banda elige su declaración de intenciones definitiva: una enérgica "Fiebre atemporal" que deja la atmósfera cargada de electricidad y los cuerpos en movimiento, demostrando que Silvestre y la Naranja ya no solo pide paso, sino que brilla con luz propia en cualquier gran escenario.

Babasónicos

Hay bandas que dan conciertos y hay bandas que dictan misa. Lo de Babasónicos, la noche del pasado 11 de julio en el Poble Espanyol de Barcelona, estuvo decididamente más cerca de lo segundo: una auténtica liturgia pagana, sudorosa y cargada de ese misticismo pop que vienen perfeccionando desde hace más de tres décadas. Con una convocatoria de prensa estricta a las 21:45 h en el lateral izquierdo del escenario, la expectación flotaba en el aire condensado del verano catalán como electricidad estática. A las 22:00 h en punto, la oscuridad se rompió para demostrar por qué los argentinos siguen siendo los dueños absolutos de la vanguardia rockera en español.

La cobertura de los primeros tres temas evidenció una estocada de elegancia milimétrica. Sin mediar palabra, los acordes densos e hipnóticos dieron el disparo de salida con "Revelación", seguidos inmediatamente por el pulso sintético de "Tiempo Off" y el magnetismo bailable de "Pijamas". Para cuando sonaban "Fizz" y "Miau", el público ya estaba sumergido en una atmósfera envolvente donde la formación actual —con la consistencia rítmica de Diego Castellano en la batería y Tuta Torres en el bajo, sumada a la siempre mística presencia multiinstrumental de Carca y los teclados de Diego Tuñón— demostraba una solidez aplastante.

Babasónicos

El primer gran estallido de la noche llegó con "Putita", convirtiéndose en el primer karaoke masivo de la velada, impulsado por una vibrante y mayoritaria presencia femenina que coreó cada verso a pleno pulmón. Acto seguido, la noche mutó hacia la seducción con "En privado", una interpretación de profunda intimidad donde Adrián Dárgelos abandonó cualquier atisbo de indiferencia, desplazándose con felina soltura hacia cada extremo del escenario para coquetear directamente con las primeras filas. El contrapunto eléctrico lo puso "Estoy rabioso", disparando los primeros riffs afilados de la guitarra de Mariano Roger para despertar los costados más salvajes del recinto.

La puesta en escena alcanzó su cénit visual durante "Puesto". Con Dárgelos estático en el centro del escenario, envuelto en un verde Matrix abrasador, las pantallas gigantes comenzaron a proyectar imágenes duales de alto impacto conceptual. Durante "Advertencia", las letras texturizadas de Babasónicos se fundieron orgánicamente con las sombras y las visuales que abarcaban la totalidad del tablado, sumergiendo a la audiencia en un trance magnético. La fiesta explícita regresó con "Microdancing", donde el vocalista se animó al baile desplegando sus característicos pasos prohibidos, uniendo fuerzas en una dupla coreográfica perfecta junto a Mariano Roger, quien se sumó al frente de la escena.

Babasónicos

El show supo transitar una perfecta montaña rusa de emociones. La calma introspectiva regresó bajo un espeso manto rojo con "La pregunta", una pieza sostenida sobre baterías programadas que transformó el Poble Espanyol en una rave de emociones cruzadas. En un arrebato de espontaneidad, Mariano Roger se apoyó sobre los retornos, mirando fijamente al público desde el suelo en una pose tan desafiante como delatora. Tras este remanso, la banda defendió su presente con "Maracuyá", un corte de estreno extraído de su producción más reciente, donde las bases electrónicas fueron narradas en primera persona con una cadencia hipnótica. Con esa misma corporalidad aferrada al pie del micrófono, Dárgelos encadenó "Mimos" y "Paradoja", oscilando con maestría entre el desdén y la entrega absoluta.

Uno de los pasajes más emotivos de la velada se vivió en "Como eran las cosas". Con Roger sentado cómodamente sobre el retorno del escenario, regalando acordes cristalinos a escasísimos centímetros de las primeras filas, la canción se transformó en una declaración de amor mutuo. Un mágico solo ejecutado desde la otra guitarra terminó por fusionar la voz de Adrián y el rugido del público en un único e inmenso coro.

Babasónicos

La recta final desató el delirio estival. Con "Bye Bye", la pista de baile terminó de abrirse por completo, decorada por el vaivén de los abanicos del público que emulaban coreografías propias del verano de Ibiza. La potencia del riff de "Carismático" encandiló los primeros pogos serios de la noche, encadenándose a la perfección con la infaltable "Yegua". Para cerrar el bloque principal, la banda se despidió arrojando souvenirs al público mientras el fervor popular se traducía en los clásicos e inevitables cánticos futboleros locales ("¡El que no salte es un inglés!" y el coreado "¡Ole, ole, ole, cada día te quiero más!"), transformando la elegancia sofisticada en un festejo de estadio.

El encore no dio concesiones. Tras unos breves instantes de penumbra, Babasónicos regresó al escenario para sentenciar la noche con la provocación irreverente de "¿Y qué?" y el broche de oro nostálgico de "El colmo". La banda se retiró de la misma forma en que entró: con una elegancia despectiva, prescindiendo de saludos demagógicos, dejando a miles de personas con la respiración entrecortada y la certeza absoluta de que, mientras el resto del mundo intenta descifrar hacia dónde va la música, ellos ya fueron, volvieron y dejaron el camino pavimentado con purpurina, electrónica y distorsión.

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