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Crónicas

Willie Nile en Bilbao: El amigo de las estrellas

«Dicen que Nueva Jersey tiene a Bruce Springsteen, pues Nueva York pertenece por completo a Willie Nile. Una obsesión por la Gran Manzana que podría ser el equivalente musical a Woody Allen, su Manhattan probablemente sea el mismo, en blanco y negro, pero en vez de sonar jazz, atruena puro rock n’ roll.»

15 septiembre 2022

Sala Azkena, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Mucha gente se queda a menudo en lo superficial y no indaga lo más mínimo. Solo así se puede explicar que algunos artistas revienten pabellones y a otros similares apenas les conozcan en su casa a la hora de comer. Pero por muy deslumbrante que se torne el oropel, hay quienes viven su condición de maldito con orgullo y no les preocupa en absoluto no acostarse envueltos en millones de dólares, pese a codearse con todas esas estrellas que aparecerían en cualquier libro de historia de la música.

Es el caso del cantautor neoyorquino Willie Nile, un tipo de la estirpe de Bob Dylan, Elliott Murphy y demás trovadores urbanos en vías de extinción ante una generación a la que los textos se la traen al pairo. Ah, y también es amigo personal de Bruce Springsteen, con el que se ha subido al escenario en repetidas ocasiones, aparte de haber coincidido también con Ringo Starr, Ian Hunter, Elvis Costello y un amplio etcétera.  Se dice del mismo modo que The Rolling Stones copiaron su tema “She’s So Cold” en su disco ‘Emotional Rescue’, aunque ya se sabe que lo de los plagios a veces posee un componente eminentemente subjetivo.

Antes de la pandemia la presencia de este talentoso músico de Buffalo era una constante en nuestro país, por lo que esa fue otra de las cosas que echamos de menos en los últimos años. El personal andaba con ganas de directo, por eso la bilbaína sala Azkena estuvo hasta la bandera para recibir al estadounidense. No se quisieron perder el show ni siquiera los suecos Diamond Dogs, que habían llegado ya a la capital vizcaína de cara a su actuación del finde en el Blow Up Fest.

Con una parroquia de entregados fieles se topó desde el comienzo el sinpar Willie Nile, que irrumpió con una vitalidad desbordante a sus 74 tacos. Le flanqueaba el asturiano Jorge Otero de Stormy Mondays, uno de los acompañantes habituales que se ha convertido en una suerte de escudero desde que le conociera en 2001 en la FNAC de la calle Callao de Madrid. Una coalición de talentos que sigue gozando de una salud de hierro, por lo que pudimos ver aquella noche.

Casi como si fuera el Boss se arranca con una pieza tan épica como “Forever Wild”, una de esas canciones tan grandiosas como solo se pueden facturar al otro lado del Atlántico, el rollito de la libertad, la tierra de las oportunidades, etc. Eh, pero cuidado, que no hablamos de un pelagatos que cae en recurrentes tópicos, sino de un señor doctor en Filosofía y Literatura Inglesa. Es un paso más en la senda que marcaron en el pasado a fuego “Born To Run” de Springsteen o “Blood on Blood” de Bon Jovi, entre otras. Esa gloriosa tradición.

En 2020 tuvo que cancelar una gira por el motivo que todos imaginamos, algo demoledor para un trotamundos como él, así que no tarda en dedicar al nutrido respetable “This Is Our Time”. La situación bélica actual tampoco le es ajena a este ciudadano del mundo, por lo que “The Innocent Ones” va para la gente de Ucrania, más épica a paladas. Pura gloria.

El tipo intentó comunicarse en castellano con la concurrencia y confesó que “su español” era “bastante malo”, aunque su rock n’ roll “no estaba mal”. Un espectador le replicó en el último punto y le dijo que nada de eso, que era “muy bueno”. “All Dressed Up and No Place To Go” demostró que la realidad andaba más cercana a lo que decía el espontáneo que a lo que pensaba el propio artista. Y no hablemos ya de la energía con la que sale este hombre a escena, patearía mil jovencitos culos de esos que se quejan de que les deslumbran en un concierto o cualquier otra tontería.

Al igual que a Bruce, a Nile no le gusta nada Donald Trump y lo deja claro asegurando que “no es un buen tipo” y dedicándole “Blood On Your Hands”, de ese álbum que debería haber presentado el año pasado. El repertorio no poseía mácula alguna y se lograron picos reseñables de emoción, como cuando el respetable gritó “one, two, three, four” antes de “Give Me Tomorrow” y el rapsoda no se cortó a la hora de mandar a la peña cantar “Dame mañana”. Esto de traducir canciones a la lengua de Cervantes siempre resultó un poco cutre, pero a alguien con un talento de su categoría se le perdona eso y mucho más.

Relajó ánimos sentándose al teclado para “Across The River”, si no me equivoco, y constató que es un artista muy completo a la manera del Boss, pues canta razonablemente bien, de vez en cuando se marca punteos muy dignos y de actitud anda sobrado por todas partes. Ya nos había puesto la piel de gallina, pero todavía apeló más a los espíritus sensibles con una inmensa “Love Is A Train”, con un poderío poético tremendo a la altura del bardo de Minnesota.

Era lo más normal del mundo que el personal alucinara con lo que estaba viendo aquella noche, el de Buffalo siempre es agradecido y aseguró a la concurrencia: “¡Vosotros me inspiráis!”. La humildad por bandera. Como en otras partes del globo, su querido Nueva York durante la pandemia legó estampas inéditas en una de las ciudades más concurridas del planeta y eso precisamente le sirvió para componer “New York At Night” o “The Day The Earth Stood Still”, dos temazos rockeros que se crecen en las distancias cortas.

No podría faltar un clásico suyo como “House of a Thousand Guitars” y ni presentación fue necesaria nada más entonó el “na na na” que abre “One Guitar”. Habíamos quedado extasiados una vez más ante el buen hacer del norteamericano y muchos gritaban “Willy Willy” cuando regresó remarcando el hecho de que había tardado 4 años en volver a Bilbao.

No nos iba a permitir marchar de cualquier manera, por lo que “New York Is Rockin’” desató bailoteos a la vieja usanza por el recinto, al tiempo que adaptaba la letra a la idiosincrasia local y prendía fuego a la sala en términos metafóricos. Un fiestón descomunal de los que hacen época.

Dicen que Nueva Jersey tiene a Bruce Springsteen, pues Nueva York pertenece por completo a Willie Nile. Una obsesión por la Gran Manzana que podría ser el equivalente musical a Woody Allen, su Manhattan probablemente sea el mismo, en blanco y negro, pero en vez de sonar jazz, atruena puro rock n’ roll. Ese es el hogar del amigo de las estrellas.

Alfredo Villaescusa
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie dice:

    Pedazo de resumen hacia el gran concierto que se marcó todo un veterano de la escena rockera americana como es WILLIE NILE y sus cojonudos músicos en la Sala Azkena Bilbaina a través de esos cañeros y rockeros temas por parte de el de Buffalo. Espero que no pasen muchos años para que le tengamos por nuestro bello pais ofreciendo su rockero y cañero directo.

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