Crónicas

Torazinas + John Dealer & The Coconuts en Bilbao: Salvaje locomotora de rock n’ roll

«Esta salvaje locomotora de rock n’ roll arrasó tanto en actitud como en cantidad de peña congregada. Que nadie se asombre si no vuelve a crecer la hierba por ese lugar.»

15 diciembre 2023

Sala Rocket, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Puede haber grupos que con solo uno o dos discos dejen una huella en el panorama musical que cueste décadas olvidar. Sex Pistols con su álbum ‘Never Mind The Bollocks’ llegaron incluso a apadrinar a todo un movimiento que no se tomó en serio hasta que alguien se atrevió a cantar que la reina de Inglaterra no era un ser humano. Siempre debe haber pioneros que aparten la maleza y hagan camino a machetazos si es necesario.

Torazinas

Los punks de Reus Torazinas con un par de trabajos y un EP consiguieron ya marcas importantes para un grupo novel, como llegar a la final del prestigioso certamen Villa de Bilbao y recorrerse la península junto a bandas de las que eran fans como Señor No o Flamin’ Sideburns, entre otras. Tal vez por estos motivos, la expectación para ver el regreso a los escenarios tras seis años de parón de estos fenómenos era máxima.

Habían visitado ya previamente la capital vizcaína allá por 2017, pero Poli Boy y compañía difícilmente podrán superar la calurosa acogida que les brindó una abarrotada sala Rocket repleta de fans de la música de verdad, con gran parte de los habituales de la escena punk local y otros que no se querían perder un evento que se olía a kilómetros que sería memorable. Y encima sin charlas innecesarias sobre el escenario, palmas ni demás pijotadas verbeneras.

John Dealer & The Coconuts

Calentaron el ambiente hasta la ebullición los guipuzcoanos John Dealer & The Coconuts, a los que habíamos catado anteriormente, pero la impresión que nos dejaron entonces ni de lejos se acercó al recital de cátedra que se marcaron en esta ocasión. Su hard rock punkarra de inspiración escandinava encajaba cual guante en la tónica de la velada, pero es que además salieron con muchas ganas, dispuestos a sudar la gota gorda y lo que hiciera falta. En este sentido, la entrega y competencia de su batera fue descomunal, un auténtico animal que engrandeció una descarga realmente memorable.

Y es que no hace falta demasiado para lograr que disfrute la peña, riffs en la estela de The Hellacopters, mástiles al cielo y una actitud triunfadora de los que saben que gozan de los favores de la concurrencia desde el mismo comienzo. La versión de “Fortunate Son” de Creedence Clearwater Revival solo pudo confirmar la espectacular solidez que han adquirido en directo en los últimos tiempos. Aficionados al guitarreo, he aquí una propuesta más que digna.

Torazinas

A Torazinas lo único que se les pudo echar en cara aquella noche es que fueran demasiado a machamartillo, si es que esto puede considerarse negativo. A un servidor le sentó a gloria, cansado de tantos bolos en los que el personal se pone a hablar como si estuviera en la pescadería y arriba del escenario nos aburren con insufribles palmas igual que en el circo o con gratuitas demostraciones de onanismo instrumental. Por fin, tocaba un concierto a la antigua usanza, según los sagrados preceptos ramonianos de “one, two, three, four”.

El colosal arranque con “Jóvenes cadetes” no pudo resultar más enérgico y no tardaron en subir la apuesta con un temazo tan antiofendiditos como “Machos”. Era uno de esos recitales en el que si parpadeabas, ya te habías perdido demasiado, por lo que no quedaba otra que recibir tal festín guitarrero cual maná caído del cielo. Lo hemos dicho, después de comerse unas cuantas brasas se valoran en su justa medida estas demostraciones de electricidad a mansalva que desde luego dejan a cualquiera como nuevo.

Torazinas

“Culos” subrayó la afinidad estilística con los grandes Discípulos de Dionisos, representantes de la santa trinidad donostiarra junto a Señor No y Nuevo Catecismo Católico. Decir que la muchedumbre estaba desatada sería quedarse corto, pues los pogos no tardaron en brotar, hubo derramamiento de los preceptivos líquidos y hasta se ocupó la parte cercana al escenario al lado de los baños. No cabía un alfiler en el recinto.

Muchos se lo gozaron de lo lindo, pues no todos los días se tenía la oportunidad de cantar temazos a escasos centímetros de la banda, que salieron sin apenas probar, puesto que debido a un accidente en la carretera llegaron al garito con el tiempo justo para desarrollar la faena. De sobra es sabido que las mejores cosas de la vida son aquellas que apenas se preparan.

Torazinas

Para dotar de más importancia al concierto de esa noche nos anunciaron que era el primero con su nuevo batería, algo que no se notó en absoluto, cualquiera hubiera dicho que llevaba en la banda toda la vida. Y los punteos a las entrañas en plan Turbonegro eran del mismo modo para ganarles el cielo de un plumazo.

“Todo rapado” volvió a beber a paladas de Discípulos de Dionisos, por lo que deseamos que en la próxima visita no falten estos últimos, habida cuenta de que no nos suena que hayan presentado mucho su genial álbum ‘¡Apolo debe morir!’. Y “El poder de la línea” certificó la fortaleza de un repertorio en el que no sobraba nada y encima se pasaba a velocidad de vértigo. Creo que desde los Bonzos no veíamos a nadie tocar tan rápido.

Torazinas

Lo más bonito de todo fue que apenas había rastro de esa odiosa plaga de documentadores con móvil por nuestra zona, salvo lo típico y comprensible de un rato y ya. Prueba evidente de que cuando se ofrece un producto atractivo y entretenido sobran las nuevas tecnologías. Haber vivido aquello superaba cien mil fotos y vídeos grabados de ese momento.

Fieles a su estilo, desaparecieron al de unos cuarenta minutos sin demasiados aspavientos, y se hicieron un poco de rogar, pero finalmente regresaron para proporcionar esa estocada definitiva con “Poper”, uno de sus grandes himnos que se entonó a pleno pulmón. “Arena caliente” mantuvo las revoluciones a tope y “Qué buen olor” no disminuyó un ápice la tónica frenética del recital. Un pogo descomunal sirvió para que muchos echaran el resto.

Qué gustazo haber contemplado un bolo impepinable de los que se recuerdan durante meses. Por shows configurados de esta manera, sin interrupciones absurdas, abrazamos de lleno el punk y derivados. Esta salvaje locomotora de rock n’ roll arrasó tanto en actitud como en cantidad de peña congregada. Que nadie se asombre si no vuelve a crecer la hierba por ese lugar.

Alfredo Villaescusa
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