Crónicas

Sôber: El factor sorpresa

«Si eres seguidor de la banda esta es una gira que no te perdonarías perderte»

8 marzo 2024

Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid

Texto y fotos: Juan Destroyer

Vivimos en un mundo preso de la tecnología en el que, a los pocos minutos de acontecer un hecho, ya hay testimonio del mismo en la red de redes, eso cuando la transmisión no es en directo. Por eso solo hay dos opciones si quieres vivir un concierto conducido por el factor sorpresa: marcharte a las montañas como Zaratustra, o asistir al arranque de la gira.

En el caso de Sôber y el tour de 30º aniversario, acaeció en Las Ventas de Madrid, casi exactamente cuatro años después y en el mismo emplazamiento en el que la banda despidió “La sinfonía del Paradÿsso” tan solo unos días antes de que comenzara el confinamiento.

La cosa va de cerrar círculos, porque el otro motor de este capítulo conmemorativo en la carrera del grupo fue regrabar su lastrado primer disco para adecuarlo a sus estándares de calidad. Sobre ‘Retorcidos’ ya os lo hemos contado todo, pero apenas sabíamos nada sobre lo que maquinaban para este revival del Sôber – Skizoo Savia que ya vivimos en 2015.

No había acto de apertura y sí nubes preparándose para echarnos una buena meada encima, así que todos estábamos ya dentro de la carpa a las 21:00, hora en la que estaba programado el inicio del concierto. No hubo retrasos si contamos como parte del show el “Back in Black” de AC/DC que es la señal de que el grupo está a punto de salir a un escenario, en el que menos mal que había pantalla a lado y lado, porque aquello estaba tan hasta arriba de gente que costaba ver lo que ocurría sobre las tablas.

La introducción del concierto, aún con los músicos entre bambalinas, fue un remozado y ahora más grandilocuente “Amosis”, y la primera canción interpretada, “La prisión del placer”, con los delays del guitarrista Antonio Bernardini pintando belleza en ese crescendo sonoro. La morfología del arranque del espectáculo estuvo compuesta por una síntesis de temas de aquellos años de iniciación concatenados sin pausa, y no tardó en irrumpir “Loco”, que en casi todas sus giras suele estar ubicado al final del repertorio, a fin de dejar al público vacío de energías.

Pero sus seguidores, entre los que ya se vio un reseñable número de padres con sus hijos, en este punto tienen las pilas a tope, solo hay que ver, ya adentrándose el grupo en canciones más avanzadas de su discografía, cómo se celebra “Sombras”.

Comienzan con intríngulis de “La araña”, lo cual acrecenta las ansias de sus acólitos, y la verdadera deflagración de la canción nos pone a botar con tanta intensidad que tembló una carpa sobre la que ya arreciaba la lluvia (no cesaría ya en toda la noche).

En la pantalla central deja de verse el logo de Sôber y aparece el de Skizoo. Carlos Escobedo abandona el escenario y suben a él Morti y el bajista Jesús Pulido, los dos músicos con los que recrearán las canciones de las bandas engendradas durante los años de paréntesis del grupo.

“Solo estás tú” irrumpe con fuerza y Morti también sale con garra, dispuesto a no quedar es desventaja frente al vitalista Carlos, que vuelve a las tablas con guitarra colgada en vez de bajo y un sombrero de cowboy que es una reminiscencia de las fotos de los tiempos de Savia, cuyo símbolo luce ahora en la pantalla.

Suena “Derrotado” y se intuye ya que esto va a ser un toma y daca que prosigue con el aplastante “Habrá que olvidar”, en el que Alejandro (¿a qué casi nadie sabe su nombre real?) canta que todo le da igual. Lo culmina a capela, pidiéndole al público que le conteste con el estribillo y, lejos de mostrarse indolente, proclama que nosotros no le damos igual.

Está bien la aclaración, porque a continuación Carlos canta “Insensible”, otro tema introspectivo cuya letra los fans han hecho suya con devota sensibilidad. Manu Reyes lo rubrica con un frugal aperitivo de sus habilidades tras los parches, y es en ese momento en el que pienso en la paliza que se van a pegar cada noche los cuatro músicos de Sôber con estos conciertos que duran cerca de tres horas y media. Todos tienen momentos de descanso, pero cada uno de ellos están activos la mayor parte de lo que dura el espectáculo y con momentos estelares unipersonales como ese pedazo de tapping de Jorge Escobedo en el solo de “Dame aire”.

Los efectistas luminosos del escenario nos dejan claro que lo que está tocando ahora Savia es “Fragile”. Contrariamente a lo que podría deducirse por su título, no es para nada frágil.

Espontáneamente, el gentío corea el nombre de Morti, que se sale cantando la muy emocional “Algún día”, donde nuevamente termina solicitándole a sus seguidores que repitan con él un estribillo postrero.

En una noche como esta, era de ley acordarse de Alberto Madrid, el que también fuera batería de Savia, a quien Carlos dedica “Inmortal”. Manu, inconmensurable con el doble bombo.

A petición de Morti, los cuernos florecen para recibir “Renuncia al sol”, la canción más famosa de cuantas produjo el hiato de Sôber. La respuesta de Carlos es “Sólido”, otro de esos temas que inevitablemente te lleva a sacar tu lado más salvaje.

En contraposición, llegan ahora unos minutos de set acústico con un tema por banda. Arrancan Jorge y Morti interpretando sentados “No todo está perdido”, le siguen Carlos, Antonio y Jesús haciendo “Agua para tu sed” y cierran los cuatro Sôber –en adelante ya todo serán temas de la banda madre- con “Eclipse” y las pinceladas pregrabadas de piano.

La tralla regresa con “Vulcano” y la inquietante coral, obviamente también disparada, de  “El día de la liberación”. El público está encendido, y Carlos nos anima a disfrutar aún más del presente como discurso previo a “Tic tac”. Luego el cantante comparte que ha salido a echar un cañete y ha visto la que estaba cayendo, lo cual no ha de afectar a nuestra ánimos puesto que “La nube” solo está ocultando provisionalmente ese cielo que hay detrás.

El muy característico bajo de “El hombre de hielo” desata pasiones y los chorros de humo le ponen efectos especiales al momento. En el ocaso de la pieza, el solo de Bernardini es hechizante, y un piano vuelve a brotar de los altavoces.

El violín de “Brazos altos, caras bajas” sí estuvo tocado de verdad, y por el mismo que lo grabó en ‘Retorcidos’: Charly López de Bon Vivant quien, como recordó su tocayo, también ha sido eventualmente músico de Mägo de Oz.

A “Verona” le suceden las arrancadas en falso de “Diez años”, cuyos estribillos, aun a pesar de la incesante lluvia, debieron oírse bien altos en los alrededores de la plaza. Tras él, Carlos y Manu se enzarzan en un estruendoso mano a mano con dos baterías que nos demuestra lo polivalente que es el menor de los hermanos Escobedo. Después serían los dos guitarristas los que, alternando correrías por el mástil, exhibirían un nivel al alcance de pocos con el instrumento.

El escenario se queda vacío unos minutos, puesto que Carlos se sumerge entre el público, yendo de aquí para allá mientras canta “Estrella polar” con el piano disparado por la PA.

Después de ese momento tan protagonista, comparte tarea vocal con Morti en “Arrepentido”, y tras él anuncia que se les está acabando el tiempo, lo cual es un juego de palabras porque precisamente ese tema, uno de los nuevos de ‘Retorcidos’, es el penúltimo en sonar. Lo hace con todos los músicos sobre el escenario, al igual que ocurrió en la despedida con “Náufrago”, en el que las luces de los teléfonos móviles dejaron una bonita estampa.

Si eres seguidor de Sôber, no importa en qué grado, esta es una gira que no te perdonarías perderte. Si has leído hasta el final es porque no te importa que te hagan spoiler, pero ya sabes: no es lo mismo que te lo cuenten o que lo veas a través de una pantalla que vivirlo en primera persona.

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Esta entrada fue escrita por Juan Destroyer

1 comentario

  • Juandie dice:

    Cojonudo resumen hacia el gran concierto que se marcaron unos históricos de nuestros Metal Alternativo como son los madrileños SOBER en Las Ventas como la gran banda que son presentando la regrabación de su primer álbum que junto a sus clásicos y algunos músicos invitados lo volvieron a bordar.

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