“Estoy feliz de tocar en mi segunda casa”, dijo el Stone en un momento de esta maravillosa actuación en la que desde la primera fila pude ver como la emoción se asomó a su mirada, a su voz y a su corazón, y saludó a toda la gente que fuimos a disfrutar de un concierto en el que la esencia Stones se hizo notar y sentir. Rock desde las tripas, blues desde las tripas, sonidos que brotan del alma en estado puro… en una ciudad que, quienes me conocen lo saben, también es mi segunda casa. Ja ho sabeu tothom, veritat?
¿Premio de consolación? Bueno, se podría interpretar así desde determinado punto de vista teniendo en cuenta que todos y todas esperábamos que, tras el fiasco de 2025, este año hubiéramos podido tener a los Rolling Stones en gira, o al menos en residencias en determinadas capitales. De nuevo, no ha podido ser, y ver a Ronnie Wood en solitario podría ser una especie de sucedáneo de un auténtico concierto Stone.
Sería muy injusto considerar los shows de Woody de esa manera. Los conciertos que Ronnie Wood está haciendo en esta gira que le ha traído a Valladolid y a Barcelona son espectáculos formidables a cargo de una banda experimentada, de un altísimo nivel musical, en el que, como el que pudimos ver en Barcelona, obviamente hay una nutrida presencia de los Stones, pero también de temas de los Faces -menos de los que me habría gustado, debo decirlo- soul, blues y música inmortal, imperecedera.

Sorprendió que no se agotara el papel para este concierto, aunque también es necesario hacer constar que la programación a última hora del show en Valladolid gratis y el precio de las entradas, no precisamente barato, indudablemente tuvieron mucho que ver en que el aforo de Razzmatazz no se llenara, así como quizá el hecho de que Tyla y sus Dogs D’Amour tocasen esa misma tarde en la Razzmatazz 3. Aunque, por otro lado, quienes acudimos convertimos la ya legendaria sala de la capital catalana en un hervidero de pasión Stone que tanto Ronnie como toda la banda apreció y agradeció como si estuviéramos en un estadio.

En cualquier caso, sí hay que decir que el ambiente que se vivía en las inmediaciones de Razzmatazz desde primeras horas de la mañana era idéntico al de las grandes citas stonianas: reencuentros con viejos amigos y amigas veteranas de mil conciertos y batallas, nuevas amistades que vibran en nuestra misma cuerda y que se estremecen, nos estremecemos, cuando “Midnight Rambler”, “Jumpin’ Jack Flash”, “Tumbling Dice” o más recientemente “Mr.Charm” o “Hit Me In The Head” nos golpean el corazón y nos sacuden las entrañas.
Cuenta la historia que la más primigenia versión de “It’s Only Rock ‘n‘ Roll”, en formato demo de trabajo para futuros ensayos y grabaciones, se grabó en diciembre de 1973 en el salón de The Wick, la casa que tenía Ronnie Wood en Londres, dos años antes de entrar en los Stones, con Mick, Ronnie y Keith en plan desenfadado y cuando Mick pensaba en cederle esa canción a David Bowie.
Por derecho, Ronnie puede considerar suya esa canción, y por tanto, todos y todas aplaudimos y ovacionamos dejándonos la garganta para toda la banda según apareció en el escenario de Razzmatazz y arrancaron justamente con “It’s Only Rock ’n’ Roll”, además con una fuerza descomunal y haciendo que toda la gente saltase, cantase, vibrase y se desmelenase como si no hubiera un mañana.
¡Si señor! ¡Es solo rock ’n’ roll, pero nos gusta! ¡Y más si lo hace Ronnie Wood!

Andy Newmark, conocido por su trayectoria con nombres de la categoría de David Gilmour, Roxy Music, David Bowie o John Lennon en la batería, John Hogg en el bajo, Andy Wallace (Roger Waters, Pink Floyd) en los teclados y como apoyo en la percusión, Johnny Lee Schell como segundo guitarrista, en cuyo pedigree figuran entre otros John Fogerrty, John Lee Hooker o Bonnie Raitt, y por supuesto, Imelda May y la gran Chanel Haynes, que acompañó a los propios Rolling Stones en su último tour, conforman una banda sólida, solvente y de una calidad extraordinaria sobre la cual Ronnie Wood se apoya con absoluta comodidad y seguridad para ofrecernos un show excelente en lo musical.
Tras ese poderoso arranque, mantiene un nivel de categoría superior con “Am I Grooving You” y “Take It Easy” antes de regalarnos esa preciosa balada bluesera que Woody grabó en el álbum de debut de los Faces en 1970, “Flying”. En ese momento, muchos ya estamos en el paraíso, pero… uno de esos clásicos malditos, que personalmente sé que nunca volveré a escuchar en un concierto de los Stones, como era “Hey Negrita”, que el propio Ronnie co-escribió con ellos, suena, y toda la sala estallamos de jubilo. ¡Wuauh!
En ese momento se me atropellan miles de sensaciones y recuerdos, desde las mil veces que he visto la versión del famoso DVD bootleg de Knebworth ’76 a la grabación que cumple este año su 50º aniversario del concierto de la plaza Monumental de Barcelona, y no puedo dejar de disfrutar de la potente, intensa y desgarrada versión de este rock sucio y pegajoso que esta noche suena como un regalo del puto infierno del rock ’n’ roll.
Tal vez “Seven Days” sea el único tema de toda la discografía en solitario de Ronnie Wood que es más conocido más allá de los Rolling Stones, y por tanto, cuando suena toda la audiencia se vuelca con él. Entramos ahora en la fase del concierto en la que Imelda May comparte protagonismo con el propio Ronnie, y temas como “You’re So Fine” brillan con luz propia, con la inestimable colaboración de Chanel, que también acapara un protagonismo relevante en esta parte del show.

Este formidable trío nos va a regalar una versión del clásico “River Deep, Mountain High” que arrancará un entusiasmo y unas ovaciones verdaderamente emocionantes.

Cuando aparece en el escenario una adolescente pelirroja con un violín en la mano y Ronnie la recibe con un cariñoso y afectuoso saludo, muchos ya sabemos lo que se nos viene: “Country Honk”, la versión remozada y llevada al rock campero de “Honky Tonk Woman” que esa jovencísima pero superdotada multiinstrumentista de la Isla de Man, Mera Royle, recrea con una sensibilidad y un virtuosismo increíbles antes de que, encarando ya la recta final del concierto, Imelda, Ronnie, Chanel y toda la banda hagan un precioso homenaje al soul más clásico con una interpretación sobresaliente de “Chain Of Fools”.
“Spoonful” es otro momento muy especial de la noche, como por supuesto lo es también otro recuerdo de su etapa en Faces, “Oh, La, La, La” y, sobre todo, “Can’t You Hear Me Knockin’”, una de las joyas ocultas del gran tesoro de ‘Sticky Fingers’ que era una pieza clásica de Mick Taylor… hasta que en la gira “Licks” de 2002-2003 los Stones la recuperaron y Ronnie la hizo suya, como en esta inolvidable noche.
Para los bises, se guardan un medley de blues clásico magistral, que arranca nada más y nada menos que con “Dust My Broom” (el tema que el 7 de abril de 1962 Mick Jagger y Keith Richards escucharon a Brian Jones en el Ealing Club y que les animó a hablar con él y proponerle hacer un grupo juntos), clásico absoluto de la historia del blues y que Ronnie fundió genialmente con un fragmento de otra pieza blues stoniana sensacional, como es “Black Limousine”.
Ahora ya sí, llega el final, y Woody se lo reserva para un temazo de puro rock ’n’ roll y blues en el cual solo me faltó Rod Stewart chutando balones de futbol al público, como hacía en los shows de los Faces de comienzos de 1972: “Stay With Me”. ¡Bárbaro! Pero… es inevitable. Hemos llegado al final del concierto. Toda la banda se reúne para saludarnos, se empiezan a encender las luces y la seguridad empieza a pedirnos que nos vayamos. Terminó el sueño, ha sonado el despertador, es lunes (lunes en el corazón, en realidad es sábado, permítaseme la licencia poética) y hay que volver a la realidad.

Aunque, eso sí, van a quedar unas horas realmente entrañables de charla, confidencias, anécdotas y recuerdos con toda esa “colla” stoniana de Barcelona, los buenos amigos argentinos (Kiko, Natalia, Mauro), el gran Alberto Sanchez-Runde, mis colegas del Ruta 66 Alfred Coco Crespo y Jorge (¿quién piensa esa noche en competencias profesionales?), Jordi Güell y su querida e inseparable Conchi, Pau, Irene, Germán, Robert Mills, Ana, Carles Cadena y su armónica, Juan Caveda… Tantos y tantos grandes amigos a los que nos une esta maravillosa locura que llamamos Rolling Stones, esta pasión inexplicable e incomprensible para quien no la siente, pero que tantas sensaciones nos hace vivir…
Un concierto intenso, profesional, cargado de emoción, respeto por la tradición soul y blues y con el perfume Stone que solo puede incorporar un Stone de corazón, vísceras, pulmón, alma y garganta como es Ronnie Wood. Y una noche de verano en esa Barcelona de verano-otoño que te envuelve de la magia del mediterráneo y te lleva a todos los cielos imaginables. Por fuera y por dentro.
Los Stones, siempre los Stones…
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