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Crónica de Linze + Selvajes en Madrid: La aventura de no saber qué va a pasar

Noche de lleno absoluto en la Sala Villanos (antigua Caracol), con Linze acompañados por Selvajes colgando el cartel de sold out y confirmando su crecimiento sobre los escenarios con un directo intenso de ambas bandas. Linze llegaba a la capital presentando su nuevo trabajo, ‘Hoy todo es amor’, con un concierto lleno de matices, emoción y oficio, demostrando por qué, pese a definirse como “la eterna banda emergente”, llevan más de una década dejando huella en las salas.

Selvajes empezaron puntuales, y desde el primer minuto dejaron claro que venían a hacernos disfrutar. Con esa mezcla de guitarras intensas y sensibilidad indie, construyeron un directo sin tregua.

En 2025 publicaron su último trabajo, ‘El despegue’, y ahora lo están defendiendo por toda la península. Se nota en todo momento que hay rodaje, seguridad y, sobre todo, muchas ganas.

Selvajes

“Sale el Sol”, “El despegue” y “Gallagher” abrieron el concierto. Tres temas que funcionan como una carta de presentación perfecta para quien aún no los tenga del todo ubicados: directos, con fuerza y sin rodeos. Un inicio que te mete dentro casi sin darte cuenta. A partir de ahí, la conexión con el público fue constante, mostrándose cercanos, interactuando de forma natural y sabiendo mantener a la gente dentro en todo momento. No es solo lo que tocan, es cómo lo llevan al escenario.

“Cuando me saca a bailar” fue uno de los puntos álgidos, de esos momentos en los que ya no hay vuelta atrás. Jaime bajó dos veces a encontrarse con el público: en una hizo cantar a dos asistentes compitiendo por una camiseta; en otra, ya casi al final, se metió directamente entre la gente. Cercanía real, sin artificios.

Selvajes

El concierto fue creciendo poco a poco hasta ese tramo final en el que todo se desata: más intensidad, más voces, más público implicado. De esos cierres en los que nadie quiere que se acabe. “Himno a la Fiesta” y "Autocine" cerraron su actuación.

Linze

Linze

Linze nos iba a presentar su ‘Hoy todo es amor’, publicado en febrero. Un trabajo que no ha dejado indiferente a nadie, y que en directo crece, ganando en matices y emoción con cada tema.

Víctor definió su grupo como “la eterna banda emergente”, pero lo cierto es que llevan trece años subiéndose a escenarios, y eso se nota. Hay tablas, hay seguridad y, sobre todo, verdad. No suenan a banda nueva, pero tampoco a una acomodada, suenan a banda que en cada concierto y en cada disco demuestra crecimiento continuado y ofrece calidad.

“El bosque”, “Ganas de pelear” y “No quiero ser perro” marcaron el inicio. Un arranque con el que fueron creciendo poco a poco, asentando el terreno y conectando con el público sin necesidad de forzar nada.

El concierto jugó mucho con las dinámicas. “Náufragos” o “Fátima” llevaron la sala a un lugar más emocional, de esos en los que la gente canta casi sin darse cuenta. Especialmente “Fátima”, que en directo tiene algo especial, dedicada a la amiga que le da nombre, que se fue demasiado pronto, pero sabiendo que era querida. La melodía de la canción se quedó flotando en el ambiente. Uno de los puntos más bonitos fue la mezcla entre lo musical y lo humano. Víctor no solo canta, también conecta.

Linze

También hubo espacio para bajar revoluciones: voz, algún instrumento acompañando y silencio alrededor. Momentos que contrastaban con otros en los que todo explotaba de golpe: luces, sonido y la sala entera saltando. Ese equilibrio es una de sus grandes bazas.

Se nota el camino recorrido en cómo se mueven, en cómo se miran, en cómo sostienen el directo incluso en los pasajes más tranquilos. No faltaron temas como "El lobo de Wall Street", que nos recuerda sus primeros pasos en la música, y con el que se metieron al público en el bolsillo.

Hubo juego con el público (agacharse, marcar palmas, saltar todos a la vez), pero siempre desde lo natural, sin forzar. "En la estación", es otro de esos temas que brilló. Si ya es bonito en el disco, imaginad disfrutarlo en directo.

Linze

En el tramo final, el concierto volvió a crecer: más intensidad, más entrega y esa sensación de que ellos tampoco quieren que termine. Las canciones se alargan, el público está completamente dentro, y se crea una energía compartida entre escenario y pista.

Linze no solo presentó disco, construyó un concierto cercano, honesto y muy vivo, de los que no necesitan artificios porque todo está en las canciones y en la forma de llevarlas al directo.

Y entre todo eso, una frase que nos dejó Víctor durante el concierto y que resume bien la noche:
“Qué bonito es… la aventura de no saber lo que va a pasar”.

Marta G. Paniego

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