Uno de esos regalos que a veces tiene el rock fue el de acudir a ver un doblete de envergadura donde ambos proyectos defendían su nuevo material de estudio publicado este mismo año. Nos referimos a las bandas argentinas Las Pelotas, que lanzaba en septiembre ‘Sin la piel’, mientras que por su parte Cruzando el Charco presentaba ‘Desactivar el drama’.
Era domingo por la tarde noche en la capital española, y el frío amenazaba siendo escudado por una fina llovizna en las alturas de la estación de trenes de Chamartín. Pero dentro de la sala Wagon, todo sería un verdadero fuego de emociones en el marco de la parada madrileña del tour europeo de ambos grupos en el ciclo Las noches de Rio Babel, por donde ya han pasado El Tri, Estelares y Los Vinagres entre otros y que contará este año con las actuaciones de No Te Va Gustar, Las Pastillas del Abuelo y Gilipojazz entre otros destacados nombres del rock universal.
Cruzando el Charco
En primer término, Cruzando el Charco, activó los mecanismos sentimentales de toda la diáspora argentina, que esta vez estuvo fuertemente secundada por gran presencia de público español y latinoamericano, en un concierto que fue un verdadero vendaval capitaneado por Francisco Lago.
Tras la Intro, el logo de la agrupación preside la pantalla central de la sala y las banderas físicas comienzan a ser retiradas de los hombros de los presentes para ser agitadas, enarboladas y flameadas con fervor en “Cada error” seguida de “A mil” y “Cambiando de color”. Estas primeras piezas reflejaban un muy buen sonido que supieron mantener a lo largo de todo el directo. En su show se evidencia un amplio abanico estilístico donde el rock es preponderante, con gran protagonismo a las percusiones rioplatenses.
Con una carrera que no para de crecer desde hace casi quince años, el grupo ha sabido (y sabe) emplearse a fondo para ir sembrando semillas en el respetable que los veía por primera vez en distancias cortas. El frontman indica que el año próximo tienen pensado presentar la nueva placa de estudio, ‘Desactivar el drama’, pero como aperitivo letal deleitaron a la platea con “Tirado” y “Malas decisiones”.
Su nave va surcando por las venas de los presentes cuales mares rojos para ir haciendo paradas en puertos estratégicos con “Volver a nacer”, “Cartagena” y “El verano” entre otras. Hay espacio para duelos de percusión, hay tiempo para que uno de los músicos, se incruste entre la marea de fans e inicie el pogo, hay lugar para que la banda agradezca sentidamente el cariño que le están demostrando a lo largo de toda la noche… En definitiva, hay una comunión que traspasa lo físico para mutar en lo químico.
Cruzando el Charco es como un gran alquimista que sabe combinar los ingredientes sagrados para hacer que el respetable se vea reflejado en las letras, en los sonidos y en la energía que exhibe el grupo durante el concierto, como se observa en “Lo nuestro tiene magia”, “Nada nace” y “Soy”.
Al ser una jornada doble, el tiempo es más cruel aun, pero el grupo ofrece como manjares exquisitos unos bises de altura ante de despedirse. Concluyen con “Puede ser”, “Para mucho más” y “Terminales” dejando muy buen sabor de boca en el público.
Las Pelotas
Tras los ajustes correspondientes en el stage, la maquinaria está lista, los instrumentos resplandecientes, los seguidores eran un volcán punto de estallar y, nuevamente, Las Pelotas iba a demostrar por qué es una banda que desde hace tantas décadas es todo un referente y un estandarte del rock.
El verdadero Dream Team sonoro está formado por Germán Daffunchio en voz y guitarra, Gabriela Martínez en bajo, Gustavo Jove en batería, Tomás Sussmann en guitarra principal, Sebastián Schachtel en teclados y acordeón y Alejandro Gómez Ferrero en trompeta, siendo reforzados por Gaspar Daffunchio en guitarra rítmica. Reunir sobre las tablas tanto talento no es nada baladí, y mejor es si saben defenderlo, exhibirlo y ofrecerlo como regalo a la audiencia, tal como es el caso del combinado argentino.
“Cuando ves atardecer” es la primera carta de su mencionado disco ‘Sin la piel’, que depositan sobre el tapete para proseguir con sus himnos “¿Qué podés dar?” y “Ya no estás” desatando una fuerza emocional imparable en el interior de la platea. Las primeras lágrimas de felicidad, los primeros abrazos entre desconocidos, las primeras fotos, los primeros pogos se desatan para crear una de las postales de la velada.
Tras un arranque tan fulgurante, Germán ,su carismático cantante, bromea diciendo “hora de deprimirse”, coge una bandera albiceleste que le alcanzan desde el público con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, se la pone como capa protectora cual superhéroe del rock e interpreta “Víctimas del cielo”.
Las Pelotas deleita a la platea con una propuesta que posee un sello propio. Con una basta y consagrada carrera en el hemisferio sur, el grupo es pura sabiduría en directo. Saben cuándo pisar el acelerador, cuándo soltar amarres, cuándo ser más desenfrenados, cuándo ser más sutiles. La experiencia es un grado y el grupo rioplatense lo refleja a lo largo y ancho de su show. Un concierto de una hora y media seguramente se hace corto para el arsenal de clásicos que poseen en su repertorio, más si están presentando material de estudio nuevo, como me comentaba un fiel seguidor de la banda. Lo que sí puedo garantizar es que durante su recital se mostraron como la portada de su disco ‘Sin la piel’: un gajo divino de mandarina desnudo, sin piel y colmando de su dulce néctar cada alma presente en la sala.
Hay momentos en la vida en que determinados conciertos, y más precisamente los sonidos, las canciones, los silencios, los aplausos, los vítores, se convierten en latidos sabios. Eso es lo que logra precisamente Las Pelotas en vivo. Transportar, conducir, guiar y acercar ese instante preciso dónde fueron oídas por primera vez las canciones por sus fans.
De su nueva placa afrontaron “Tanto más”, “Los dos”, “Esperar el tiempo” y “Sin la piel”, pieza homónima que da título al álbum. Se percibía que los asistentes habían llevado a cabo lo deberes después de ver como acompañaban con sus voces los nuevos temas, y ahí quizás radica el secreto de la agrupación. Es una especia de dragón que, con sus garras, su experiencia, su fuego y su sabiduría, va envolviendo al auditorio hasta hacerlo su prisionero, ya sea con un himno o con una canción de nueva factoría.
Germán Daffunchio en “Como se curan las heridas”, se sienta en el filo del stage y la canta directamente al corazón de los presentes. En “Ya lo sabes“, Alejandro y su trompeta crean una de las postales de la noche con una joven fan que dispara una pistola de burbujas desde la primera fila dotando de efectos especiales a la misma y siendo una especie de notas musicales que vuelan por el aire acompañado el ritmo del instrumento.
En “Será” cuentan con la participación vocal de Claudia Kola Canga, esposa del batería Gustavo Jove, mientras que en su himno “¿Para qué?” se sienta el cantante en un pequeño taburete en el centro del escenario y lo dedica al Bocha Sokol, otrora cantante de Las Pelotas, fallecido hace algunos años, y quien seguramente estaba mirando desde la paleta más alta a sus compañeros.
La recta final fue como un verdadero huracán de emociones. Alejandro Gómez Ferrero en “Sin hilo” deja estacionada su trompeta y se baja para integrarse y presidir el pogo. Daffunchio, tras besar una elástica albiceleste que le pasa una fan, afronta magistralmente “Esperando el milagro”, tras lo cual vuelve a bromear indicando que “cuando enciendes la mecha te echan”, en alusión que el tiempo se acababa.
Suman en guitarra eléctrica a Alejandro Pérez, uno de los responsables de la productora de la gira, Chainsaw Entertainment, quien acompaña con destreza en el clásico de Sumo “El ojo blindado” para concluir finalmente con “Capitán America” ante una lluvia de aplausos y vítores.
Las Pelotas y Cruzando el Charco escribieron una nueva página dorada en el libro sagrado del rock en Madrid, dejando en claro que el rock argentino goza de muy buena salud y que juega de local en la capital española desafiando los cánones con sabiduría para ofrecer un concierto doble de antología.
He cursado mis estudios de Derecho y Ciencias Políticas en Granada, teniendo puestos mis cinco sentidos en los héroes, mitos, leyendas y también en las propuestas emergentes del género.
Escribo con mi pluma cargada de tinta en MariskalRock y en La Heavy, con rigor, honestidad y tratando de conectar con los lectores desde mi prisma.
Sin Rock and Roll, no hay vida.
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