No resulta extraño que a lo largo de los años los grupos sellen alianzas con otras formaciones de estilo diferente o similar. En un mundo tan competitivo en el que la gente aprovecha para pisar la cabeza al de al lado en cuanto se presenta la ocasión, siempre se deberían agradecer este tipo de gestos que nos convierten en humanos y además demuestran que no en todas las escenas se respira ese sentimiento de hermandad que debería prevalecer en otros ámbitos.
Quizás a priori las propuestas de Kaos Etíliko y Albertucho y Los Perros Andaluces no tengan mucho que ver debido al punk de los primeros y al rock andaluz cargado de mestizaje de los segundos, pero si nos fijamos, podemos señalar algunos puntos de encuentro. Por ejemplo, su pasión por las canciones directas sin demasiados adornos o esa actitud de dejarse hasta el alma encima de un escenario. Y todo ello sin renunciar a la particular personalidad de cada banda.
La última vez que coincidimos con Kaos Etíliko fue con motivo de la gira 25º aniversario de su mítico álbum ‘No hay agua’, un auténtico clásico del punk estatal, y casi todavía nos sobrecoge evocar el rotundo magisterio que impartieron entonces. No se han dedicado a vivir de las rentas, aunque podrían hacerlo con un debut tan histórico, pues acaban de sacar un disco bastante decente como ‘Esfuerzo y gloria’, que era lo que en teoría presentaban esa noche en el bilbaíno Kafe Antzokia.
Al contrario de lo que sucede en otros conciertos, con abrumadora mayoría de veteranos, hubo una reseñable representación juvenil que copó las primeras filas y montó de manera intergeneracional esos consabidos pogos que proporcionan tanto ambiente en este tipo de citas. Volvemos a insistir en la falsedad de ese extendido bulo de que el rock ha muerto, los que así piensan, evidentemente no han catado recitales de este pelo con la peña gritando a pulmón prácticamente desde la primera canción.
Albertucho y Los Perros Andaluces

Para que quedara una noche tan antológica no hay que olvidar el buen ambiente que generaron previamente Albertucho y Los Perros Andaluces. Su rock aflamencado se topó con una participación espectacular del personal, seguramente porque el sevillano hacía la tira que no se pasaba por la capital vizcaína. Las gargantas se elevaron hasta la estratosfera con “La primavera” o “Camino de vuelta”, pero si sus propios temas no ejercieran de suficiente atractivo, contaron además con un par de invitados de tanto relumbrón como Zigor de Kaos Etíliko en “La manzana prohibida” y Aaron Romero (Linaje) en “Uróboros”.
Las sensaciones fueron tan positivas que se exigió bises a un volumen considerable, así que tuvieron que regresar apelando a “los que le echan un par de cojones y viven de alquiler” en “El pisito”, antes de encomendarse a un bien más superior como la libertad en “Descuida”. Que no tarden tanto en regresar.
Kaos Etíliko

Lo de contar con un buen directo es una cualidad que a veces se tiene o no se tiene. Kaos Etíliko puede presumir sin duda de esa cualidad y me atrevería a decir incluso que Zigor Leza es uno de los grandes cantantes del punk estatal, una suerte de Iggy Pop alavés al que solo le falta arrastrarse por el suelo cual iguana o embadurnarse con crema de cacahuete. Porque de chulería y de todo lo necesario para subirse a un escenario anda bastante sobrado.
Tras una curiosa intro en la que nos presentaron al grupo un par de niños, apretaron de lo lindo con “La buena música”, apelando a lo que nos unía a todos los presentes, y “Porsupuestón”, un rock n’ roll a la vieja usanza con ecos a The Beach Boys que si no animaba a alguien, mejor comprobarse el pulso. El subidón se incrementó todavía más con “Paloman”, con las gargantas en plena forma, y “Nada”, un interruptor adecuado para desencadenar pogos.

Con una banda muy sólida que arropaba al frontman, la velada siguió transformándose en un karaoke de épicas proporciones, con puntos realmente álgidos del calibre de “Dejad que vuele” o “Mi mejor colega”, de las mejores piezas de su trayectoria. Se pusieron combativos con “Palestina libre” y sin aflojar ni un ápice se arrancaron con “Hoy es mi día (sale el sol)”, un tremendo himno en las distancias cortas.
“Guerra” y “Obsesión” nos certificaron que su repertorio pocas fisuras tenía, no había margen para el mínimo ensimismamiento, ahí se venía a darlo todo, como mínimo. “Anarka” evocó de nuevo el histórico listado de su debut, mientras que “Mil historias” volvió a probar el entusiasmo de la afición, ya casi a punto de invadir el escenario del Antzoki. El siguiente bloque resultó igualmente demoledor, con el in crescendo de “Imposible”, para el que Zigor pidió los preceptivos pogos, y “Ansiedad”, más munición para elevar la voz hasta lo indecible.

Dieron la puntilla tras una breve pausa con “Su falso mundo”, con las escaleras casi incapaces de acoger a tanta peña, antes de insuflar más combustible para los pogos con “Hablar X hablar”. Y no había mejor broche para un bolo tan sincero que un tema tan antipostureo como “¿De qué vas?”. Pero había que devolver el favor a Albertucho antes de marchar, así que reservaron “Corazón” para sellar la hermandad entre sevillanos y alaveses.
La conexión del sur funcionó a pleno rendimiento esa noche, con dos bandas en estado de gracia legando recitales inolvidables, cada una en su estilo. Esperemos que esta unión no sea cosa solo de una noche y cristalice en un romance duradero, o por lo menos que se repita pasado cierto tiempo. La energía que irradiaron ambos no fue ni medio normal.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
