Una experiencia de altos vuelos y alta intensidad nos esperaba en Barcelona con la descarga de tres brutales formaciones, ya que los lituanos Black Spikes completaron sin desmerecer el cartel encabezado por dos feroces bandas de primera línea como son los moldavos Infected Rain y Butcher Babies desde Las Vegas.
Black Spikes
Abriendo fuego al ocaso del día, los barceloneses fueron testigos de una apertura fuera de lo común con los lituanos Black Spikes. La banda no se limitó a tocar, sino que transformó su set en una performance cinematográfica y oscura para presentar su nuevo material bajo el sello Napalm Records. Con una puesta en escena que destacó por la imponente imagen de sus músicos enmascarados, el grupo logró atrapar a un público que, habitualmente, reserva sus energías para los cabezas de cartel.

Musicalmente, el directo fue una exhibición de precisión técnica que cobró vida a través de un setlist impecable. Desde el hipnotismo inicial de "Hipnozė" hasta la contundencia de "All Is Taken" y "Kitas Tu", la banda guió a los presentes por un viaje sonoro único. La asombrosa capacidad de su vocalista, Agni, brilló especialmente en temas como "Sapnai" y "Jausmus išrašyt", donde alternaba guturales profundos con melódicos limpios de una forma magistral.

Entre la mística de "Užkalbėjimai" y la fuerza de "Ar tiki?", Black Spikes demostró un concepto artístico sólido que alcanzó su clímax con "Imperatorė" y la majestuosa "Aurea". Entre riffs pesados de metalcore y una atmósfera densa, elevaron el listón de la noche, dejando claro que son mucho más que unos teloneros al uso.
Butcher Babies

La noche continuó, y fue con una declaración de principios de una banda que ha sabido reinventarse tras la salida de Carla Harvey en 2024. Bajo el marco de su ambiciosa gira "The Mutation Phase", Butcher Babies aterrizó en la Ciudad Condal demostrando que Heidi Shepherd ha asumido con una autoridad asombrosa su rol como única frontwoman.
La velada inició en una atmósfera cargada de misticismo y humo denso. Las luces ámbar revelaron las siluetas de la banda sobre imponentes tarimas hidráulicas, mientras los acordes de "Backstreets of Tennessee" envolvían la sala. La tensión visual, con los músicos elevados sobre el público, culminó en un apagón absoluto que precedió al estruendo: “¡Barcelona! ¿Estáis listos?", rugió Heidi antes de que "Red Thunder" desatara una descarga de luces estroboscópicas y violencia sonora que obligó a la banda a bajar al borde del escenario para sentir el sudor de la primera fila.
El bloque de alta intensidad no dio tregua. Con "Monsters Ball", Heidi se convirtió en una maestra de ceremonias implacable, orquestando un circle pit que devoró el centro de la sala. Le siguió la madurez industrial de "Sincerity", donde quedó claro que su registro vocal ahora cubre con solvencia tanto los guturales más profundos como los limpios más melódicos.
El groove de "Beaver Cage", impulsado por un bajo que retumbaba en los pulmones de los asistentes, mantuvo la energía en niveles críticos. Después llegó la crudeza de "It's Killin' Time, Baby!", donde la guitarra de Henry Flury cortó el aire con precisión quirúrgica.

La dinámica del show mutó hacia la densidad emocional con "Sleeping With the Enemy", bajo una iluminación roja profunda, y la magnética "Lost In Your Touch". Fue en este momento cuando Shepherd desplegó su faceta más seductora y peligrosa ante un público hipnotizado.
El clímax de brutalidad llegó con "Black Dove" y la brevísima pero salvaje "Spittin' Teeth". Fue aquí donde se vivió el momento más visceral de la noche: Heidi descendió a la cancha, mezclándose en el corazón del mosh pit, mientras la banda mantenía el caos sonoro.
Tras semejante despliegue, Chase Brickenden tomó el control con un solo de batería técnico y tribal que incluyó un guiño nostálgico a "Blind" de Korn, permitiendo a los presentes recuperar el aliento.
El cierre fue un viaje de los extremos. La vulnerabilidad de la power ballad "Last December" bañó la sala en luces de móviles y lágrimas, con una Heidi visiblemente emocionada llamando a Barcelona "familia" y confesando que el apoyo de los fans ha sido su salvación.
Finalmente, el himno "Magnolia Blvd." puso el broche de oro tras un agradecimiento a las bandas invitadas, cerrando una noche de triunfo absoluto que terminó, entre risas y una selfie colectiva, bajo el inverosímil y festivo ritmo techno country de "Cotton Eye Joe" en off. Butcher Babies no solo ha sobrevivido a su mutación; ha emergido siendo más directos, agresivos y compactos que nunca.
Infected Rain
La atmósfera en la sala se sentía cargada de estática mucho antes de que se encendieran los focos. Infected Rain, la formación moldava que ha redefinido el equilibrio entre la agresividad técnica y la fragilidad melódica, aterrizaba con la promesa de presentar su evolución definitiva: la era de ‘Time’ (2024).

El bloque de apertura: impacto y conquista
El show comenzó sumiéndonos en una penumbra total. Los acordes sintéticos de "Mutation / Phase" sirvieron de preámbulo cinemático, mientras una lluvia de frases ambientales preparaba el terreno. Entre sombras, los músicos tomaron sus posiciones hasta que la explosión fue inevitable.
Con "The Answer Is You", la banda soltó los frenos. Lena Scissorhands irrumpió en el escenario con una energía desbordante, inaugurando el primer mosh pit de la noche tras un atronador grito de "¡Barcelona!". Fue el bautismo de fuego ideal para demostrar que sus nuevos temas tienen un punch diseñado para el directo.

Sin dejarnos respirar, continuaron con "Dying Light", donde el muro de sonido se volvió físico. Las pistas de sintetizador envolvieron la sala mientras Lena desplegaba, por primera vez, todo su rango: desde susurros limpios hasta guturales que parecían sacudir los cimientos del lugar.
El corazón del set: himnos y raíces
El concierto avanzó hacia un terreno más emocional con "Fighter". Aquí, la conexión fue total. La audiencia levantó los puños al unísono en un momento de empoderamiento colectivo.
La nostalgia hizo acto de presencia con "Orphan Soul" (del disco ’86’). Las estrofas melódicas permitieron que la voz de la audiencia se escuchara casi por encima de la PA, creando un contraste precioso antes de que el estallido del coro nos devolviera a la realidad del metalcore.
Con "Black Gold", el groove se apoderó de los asistentes. El riff principal, pesado y denso, fue el catalizador de los primeros circle pits de gran envergadura, con Alice Lane al bajo marcando un ritmo que se sentía en la boca del estómago.

Momento especial: el duelo de titanes. Tras la oscura y técnica "Stranger", llegó el momento más esperado. El escenario se iluminó de forma frenética para recibir a Heidi Shepherd (Butcher Babies). Juntas interpretaron "The Realm of Chaos", una colaboración que fue, sin duda, el punto álgido de la noche. La camaradería invaluable entre ambas vocalistas se tradujo en una agresividad vocal absoluta, un duelo de titanes que convirtió la pista en un auténtico caos de adrenalina.
La recta final: técnica e hipnosis
La banda demostró su madurez técnica en el bloque final. "Ut Supra" fue una cátedra de metal progresivo, con el guitarrista Vidick ejecutando patrones rítmicos complejos con una precisión quirúrgica. Le siguió "Pandemonium", donde el nombre de la canción se hizo carne: un caos controlado donde Lena no dejó ni un centímetro del escenario sin recorrer.
Con "Never to Return", el ritmo se volvió más denso e hipnótico, sumergiendo a los fans en una atmósfera de pesadez casi doom que servía como el perfecto preludio al final.

Catarsis y el adiós final
La vulnerabilidad se hizo presente con "Because I Let You". Fue una interpretación casi teatral, cargada de una carga emocional que dejó a la sala en un silencio respetuoso durante sus pasajes más íntimos. Pero la calma no iba a durar. Con una sonrisa cómplice y en un fluido español, Lena se acercó al borde del escenario para lanzar la pregunta definitiva: "¿Quieren una más?". La respuesta fue un rugido unánime. Sin embargo, había una condición: el público debía entregar su último resto de energía en un gran wall of death.
El cierre con "Judgemental Trap" fue la culminación perfecta. Un clímax de adrenalina pura donde banda y público se fundieron en un último estallido de furia.
Al terminar, entre el sonido de la outro y un mar de aplausos, los integrantes se quedaron minutos largos saludando, repartiendo púas, baquetas y sonrisas, dejando claro que Infected Rain no solo ofrece música, sino una experiencia de comunión con sus "Infected People".
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