Más de dos décadas después de su última visita a tierras catalanas, la mística de Caifanes aterrizó en Luz de Gas, en Barcelona, no solo como un concierto, sino como una auténtica ceremonia de resistencia. En el marco de la gira “Caifanes Tour 2026”, el núcleo fundador (Saúl Hernández, Alfonso André y Diego Herrera) reafirmó por qué sigue siendo columna vertebral del rock latinoamericano, conquistando nuevamente al público ibérico con el peso de una trayectoria forjada desde mediados de los años ochenta.
El viaje comenzó con la melancolía directa de "Hasta que dejes de respirar", estableciendo un tono confesional que pronto estalló en la intimidad rítmica de "Debajo de tu piel", donde el bajo de Marco Rentería guió los primeros coros masivos. La energía subió de nivel con "Para que no digas que no pienso en ti", un clásico del Diablito que sirvió de puente hacia el primer gran rugido de la noche: "Detrás de los cerros". Aquí, el legado de Jaguares se hizo presente con una potencia que, pese a las dimensiones de la sala, sonó a estadio.
En este punto, Saúl lanzó un mensaje necesario: “Necesitamos más hombres y menos machos”, una proclama que resonó antes de sumergirnos en la oscuridad hipnótica de "Miedo" y la espiritualidad reflexiva de "Viaje astral”.
Sin embargo, mientras la música elevaba el espíritu, ciertas incoherencias empañaron el trabajo informativo. Resultó difícil de justificar que, siendo el único representante de prensa especializada en rock en un contexto de proyección hacia el mercado español (y tratándose de un concierto no circunscrito exclusivamente a la comunidad mexicana), se vetara el acceso al foso.
La cobertura quedó así relegada a ángulos impracticables, en contraste con las facilidades otorgadas a perfiles ajenos al ejercicio periodístico.
Evoca de forma inevitable la misiva suscrita por distintos sindicatos tras el concierto de Rosalía: un síntoma más de la inquietante normalización de las restricciones al ejercicio informativo.
Aun así, la "religión" de Caifanes no se detuvo. Tras "Nada", llegó el clímax místico con "Los dioses ocultos", donde Saúl volvió a la guitarra tras un breve paso por el bajo, y la banda se convirtió en un mecanismo de precisión. Alfonso André, "como un reloj" en la batería, sostuvo el ritmo mientras Diego Herrera pasaba al frente con el saxofón para incendiar las primeras filas en "Y caíste”.
La mecha del "karaoke catedralicio" se encendió definitivamente con "Cuéntame tu vida" y una interpretación apoteósica de "Mátenme porque me muero", donde la audiencia tomó el control total de la voz.
El bloque final fue un vendaval de éxitos. Con "Nubes", el teclado de Herrera avivó el fuego, seguido por un "Viento" que desató el estallido emocional de los presentes (pancarta de "préstame tu peine y péiname el alma" incluida).
La conexión fue total en "No dejes que", cantada en un momento a capela por el público sobre el pulso constante de Alfonso, y la intensidad creció con "Aviéntame", donde vimos a un Diego Herrera liberado, incluso regalando unos "pasos prohibidos" en el escenario.
El cierre del set oficial con "Afuera", que los posicionó en la extinta cadena MTV Latino a mitad de los noventa, fue un envío final de rock puro, con el triunvirato de cuerdas de Saúl, Rodrigo Baills y Rentería alcanzando su máxima intensidad.
Para el encore, la emotividad alcanzó niveles de himno nacional con la versión de Juan Gabriel, "Te lo pido por favor", y la infaltable "Antes de que nos olviden", con Saúl dirigiendo el micrófono a una audiencia que rugió cada palabra.
El estallido definitivo llegó con "La célula que explota", transitando de la calma al grito colectivo. Los músicos estiraron el tema con un dominio absoluto de la dinámica, jugando con cortes y reentradas milimétricas que abrían espacio al público. La respuesta fue inmediata: coros encendidos y palmas firmes, perfectamente a tempo, fundiéndose con el pulso de la banda. Sobre ese groove compacto comenzaron a asomar guiños rítmicos cada vez más evidentes, trazando una transición natural y de celebración hasta desembocar en el cierre festivo de “La Negra Tomasa”, con el recinto convertido en una sola voz entre banderas de México y de toda América Latina.
Con los acordes de "Imagine" de Lennon de fondo, Caifanes se despidió reafirmando su leyenda, dejando claro que, aunque se intenten imponer muros, la conexión entre la banda y su gente es algo que "no le va a parar nadie y nunca”.
Con un Saúl despidiéndose de manera cercana, dándole la mano y firmando vinilos, y quien les escribe estrechando su mano y diciendo "gracias por estar aquí", se saldó el mal sabor de boca que dejó una situación incómoda para quienes amamos la música.




