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Crónica de Extremúsika con Angelus Apatrida, La Fuga, Rebrote, Reincidentes, Hamlet o Boikot en Cáceres: La felicidad hecha festival

Angelus Apatrida

Con muchas y muy buenas cartas en su baza, el emblemático Extremúsika redobló su órdago por el rock estatal y, como cabía esperar, ganó la partida y, de paso, la satisfacción de un público que acogió con los brazos abiertos y la efusividad por las nubes grandes conciertos durante tres días de puro placer eléctrico. El festival extremeño estrenó fechas, coincidiendo con el puente de mayo, y el plan era insuperable, como insuperable fue la alegría colectiva de todas y todos los que respondieron a la llamada en el Recinto Hípico de Cáceres, donde ya se ha anunciado la próxima edición del evento en las mismas fechas del año que viene.

Jueves 30 de abril

El Extremúiska siguió cultivando un eclecticismo musical que hace de él un festival ideal al que acudir con ese grupo de amigos de gustos heterogéneos. Sin embargo, los escenarios principales fueron para el rock y, ante la cancelación de Raúl Cabra y la Sukyband por motivos de salud de uno de sus componentes, a quien desde aquí deseamos una pronta recuperación, abrió la veda una de las voces que más estás maravillando desde tierras extremeñas en los últimos tiempos. Dianna Keys presentó junto a su banda su primer álbum de estudio, ‘Eternal Longing – Nostalgia’, y no defraudó al sacar partido a esa garganta prodigiosa que tan pronto nos sumerge en un rock de efluvios americanos, caso de “Golden Days”, como coquetea con el metal alternativo en cortes como “In Flames” o la más hipnótica y acompasada “Heart of MIst”.

Dianna Keys

El magnetismo de “She Wolf”, con esas infiltraciones de pop rock accesible y de sonido contemporáneo, y la liberación de “Anxiety” contagió a los presentes, que descubrieron o ratificaron que la de Dianna es una carrera incipiente, sí, pero con un futuro con el sello de garantía de su caudalosísimo talento.

Un exultante Gato Ventura, fiel a su alma rockera, heredera de esos Extremoduro que tanto ha parafraseado, y consecuente al mismo tiempo también con su identidad andaluza, fue el siguiente en liza. El empedernido y trabajador músico cordobés, retoño del gran Paco Ventura de Medina Azahara, sigue abriéndose camino por la escarpada ladera del rock estatal, y vislumbra la cima impulsado por canciones que a veces abrazan, otras arañan, pero siempre emocionan. Con una banda renovada hace unos meses y que encaja como anillo al dedo en su propuesta, fresca, personal y efectiva, dio buena cuenta de la tremenda solidez que ostenta sobre el escenario, conseguida a base de girar y girar sin parar.

Rebrote

Muy esperado era el concierto de Rebrote, la sobrenatural banda que ha edificado el gran Iñaki Uoho de Extremoduro y Platero y Tú con sus otrora compañeros en la banda del añorado Robe, el bajista Miguel Colino y el batería José Ignacio Cantera, además del fenomenal cantante de The Electric Alley, el gaditano Jaime Moreno, también guitarra en mano. El solvente guitarrista Jaime Tejedor y el teclista Íñigo López completan un elenco que dio una verdadera lección de cómo ejecutar rock and roll con calidad, entrega, actitud y emoción desbordada.

Canciones de su homónimo primer disco como “Aceleraciones I: de luz”, la movida e irresistible “Un brote” o la coreable “Acto de revolución” suenan deliciosas en vivo, si bien la agitación y ese entusiasmo de vivir en primera persona auténtica historia de nuestro rock llegó a la estratosfera cuando sonaron himnos de Platero y Tú y Extremoduro. Fue, de hecho, con la eterna “Ama, ama, ama y ensancha el alma” con la que cerraron un show increíble que supuso para muchos un verdadero baño de nostalgia.

Reincidentes

La tan necesaria reivindicación de las más justas causas llegó de la mano de los incombustibles Reincidentes, quienes, con Fernando Madina al frente y en vísperas de un Día del Trabajador en el que se plantarían en pleno centro de Madrid para reivindicar los derechos conquistados en base a la lucha y en la picota por el auge regresivo que parece contaminar nuestras sociedades, hicieron vibrar y alzar el puño a los miles de asistentes congregados.

Sin bajar en ningún momento la intensidad y con el nervio y la contundencia acostumbrados, los sevillanos desataron los primeros pogos del día con temazos como “Grana y oro”, “Yaveh se esconde ante las rejas”, con la tan imprescindible confrontación contra el genocidio de Israel sobre el pueblo palestino; “Ay, Dolores”, “Vicio” o “Cucaracha blanca”, corroborando su condición de infalibles y comprometidos.

Angelus Apatrida

La apisonadora de Angelus Apatrida pasó luego por encima de todo el respetable con su desaforado y demoledor thrash metal, ejecutado siempre con precisión milimétrica y con una virulencia permeable a una técnica exquisita. Los de Albacete eran la representación más metalera de todo el festival, con permiso de Hamlet, y devastaron cualquier atisbo de quietud e indiferencia de la mano de cañonazos inapelables como “Clockwork” “Indoctrinate”, “Of Men and Tyrant” o “Sharpen the Guillotine”.

Guillermo Izquierdo y compañía son una maquinaria perfectamente engrasada, cuyos engranajes giran al ritmo de la brutalidad más lúcidamente conducida, y se vaciaron en un show apoteósico culminado por “Thrash Attack” y “You Are Next”, haciendo temblar el suelo y enarbolando por todo lo alto la bandera de una escena, la del thrash metal patrio, que vive tiempos de extrema profusión.

La jornada la culminaron por todo lo alto Sons of Aguirre & Scila, que viven un momento dulce con la popularidad disparada y cuyos mensajes, claros, concisos y explícitos fueron celebrados por toda la audiencia, y los veteranos madrileños Envidia Kotxina, con una dosis de punk agrio, fulminante e incendiario tras cuya descarga y la de los divertidos Afónica Naranjo se hizo difícil conciliar el sueño. Pero era más que necesario, porque todavía nos esperaban dos jornadas

Viernes 1 de mayo

Con sol y calorcito, sin excesivos sofocos, se presentó el segundo día de Extremúsika, cuyo pistoletazo de salida dieron Wistimbler en el escenario Don Porky, en cuya lona superior luce un simpático y rockero cerdito. Fue en el paralelo a este, el Sra Cigüeña (cuya caracterización va más por los derroteros de una imponente punki) donde los extremeños Zalake dieron buena cuenta de su rock apegado a la tierra, con el verbo bien afilado y las críticas sociales en primer plano colmadas de argumento y una acidez muy bien personificada por su vocalista, Carlinos Masegosa, quien formara parte de una banda tan querida en Extremadura como Bucéfalo. Su concierto fue correcto y vehemente, y puso a tono a los asistentes, que reconocieron su oficio con una cerrada ovación y coreando sus estribillos bajo el auspicio del animoso frontman.

Boikot

La locura se desató después por parte de Me Fritos and the Gimme Cheetos, quienes convirtieron al punk rock canciones tan asimétricamente remotas del género como “Ni una sola palabra” de Paulina Rubio, “Danza Kuduro” de Don Omar, “Tenía tanto que darte” de Nena Daconte o “Mentirosa” de Ráfaga. También estuvieron representados en su delirante repertorio David Bisbal, Camela o Maná, y hubo tiempo para sacar a flote sobre el público una barca hinchable o para subir al escenario al tigre mascota de los Cheetos. ¿El resultado? Un jolgorio absoluto y la gente dejando a un lado la vergüenza y los placeres culpables para dejarse la voz ante los asturianos.

Boikot se presentaron acto seguido en el escenario contiguo con una intención meridianamente clara: demostrar en vivo las virtudes de su inminente nuevo disco, ‘No les interesa’, a la venta el 19 de junio. Se trata del primer disco con canciones de nuevo cuño por parte de los madrileños en la friolera de 14 años, y lo cierto es que, a tenor de lo escuchado, estará a reventar de grandísimas canciones con letras afiladas, excelentemente construidas y de plena actualidad.

Hamlet

Bien es cierto que focalizar tanto el repertorio en un festival hacia temas completamente novedosos, muchos de los cuales ni siquiera han sido publicados, fue un arma de doble filo, pues, aunque el público disfrutó de lo lindo de principio a fin, fue notoria la quietud en muchas fases del concierto al tratarse algunas de ellas de canciones completamente desconocidas. “Jarama” abrió un concierto en el que enseguida defendieron con plena convicción temas como “Toro”, “Cenizas en el corazón”, sobre el abandono del entorno rural; o “No les interesa”, ante la que pusieron el acento en las muchas cosas que no les interesan a los poderosos, entre ellas la vivienda.

Sacan partido Boikot a su actual formación, y disfrutamos de canciones melódicamente formidables y también muy emotivas como “Los últimos niños” (en cuya original participa Ara Malikian), si bien el cénit se alcanzó con “Bajo el suelo”, con Raquel García (Yo No Las Conozco) a la guitarra y Alberto solo a la voz; y “Korshakov”. Para el final dejaron “La otra mitad”, en la que colaboran “sus hermanos” de Kaos Urbano, y “Cualquier día”, su gloriosa versión de Piperrak.

Narco

El testigo lo tomaron El Último Ke Zierre, con el Feo particularmente entregado al micrófono y una solidez impenetrable. Clásicos de entre quienes hacen funambulismo entre el punk rock estatal y el rock urbano, uno sabe perfectamente lo que esperar de ellos bajo los focos, y lo cierto es que rara vez defraudan. Viscerales, enérgicos y decididos, se volcaron y se vaciaron en cada canción, y los presentes hicieron lo propio al son de ineludibles como “Soldadito español”, “Escupiré jodidos” o la siempre contagiosa y celebradísima “Tus bragas”. Siguen siendo quienes fueron, y lo mejor de todo es que tienen cuerda para seguir siéndolo muchos años más. Al menos, eso se percibió en su concierto.

Otros que tampoco se bajan del burro y continúan apegados a sus preceptos más primigenios son los valencianos Los de Marras, de quienes uno se alegra enormemente que hayan alcanzado el estatus y la implementación que poseen a día de hoy. Lo que en su día ellos mismos denominaron como guarrocanrol se ha expandido sin perder criterio y cercanía, con esas letras cotidianas con las que es prácticamente cualquier persona a pie de calle puede identificarse, máxime cuando están integradas en canciones de rock directo y sin concesiones al que no le falta ni le sobra de nada.

“A tu vera”, “Revolviendo”, “Escápate”, “Sexo en la calle” y “Hoy”, que nos puso del mejor humor posible como cada vez que la interpretan, hicieron del recinto del Extremúsika un auténtico hervidero. Hubo tiempo en su show para recordar a Robe Iniesta y, por supuesto, para cantar desde las entrañas, la verdad y la sinvergonzonería más alegre y también concienzuda.

Los amantes de los sonidos más corrosivos tuvieron sobrado contexto para dejarse el alma y darlo todo en el siguiente concierto en turno. Los madrileños Hamlet lo rompieron, lo bordaron y volvieron a subir a cotas kilométricas su listón con una actuación sublime y avasalladora en la que los graves de las guitarras, la batería y el bajo retumbaban bajo nuestras costillas a cada canción.

Sin duda, merecieron una afluencia mucho mayor de la que obtuvieron, pues fue el concierto más desbordante e implacable de toda la jornada, con un Molly cuya garganta era un auténtico volcán estromboliano. Es exagerado cómo sigue desgarrando la voz, proponiendo contrastes imposibles entre la melodía y los aullidos escarpados y abrumadores soberbiamente modulados. Fue brutal sentir como zarpazos a nuestros tímpanos grandes canciones como “Denuncio a Dios”, “Tortura-visión”, “En mi nombre”, “J.F.” o “Irracional”. No nos hubiera importado que el show hubiese durado dos horas más. O tres. O cuatro. Están en un estado de forma increíble.

Como de distorsión a pleno pulmón iba la cosa, los sevillanos Narco se plantaron ante un público enfervorecido con la irreverencia y la personalidad arrolladora que los caracteriza, la que incita a no callarse por nada, a pasar escupiendo verdades por las puertas de ese cielo inexistente que nos quieren vender – y rentabilizar – quienes defienden a ese Dios de madera por encima de la humanidad. Fue, de hecho, “Tu Dios de madera” uno de los momentos álgidos de su actuación, en la que también pudimos echar el resto en “Dame veneno”, “Son ellos” o “Suicídate”. Ideales para las altas horas, aunque a más altas horas cerraron la noche Kaos Etílico con una buena colección de clásicos de su punk, siempre a pie de calle, siempre directo y mordaz.

Sábado 2 de mayo

El talento local volvió a situarse en primera fila tras abrir el recinto nuevamente sus puertas en la última jornada de un festival que ya se había puesto la corona de memorable de la mano de Inkandescencia, que demostraron que tienen un presente lustroso y un futuro ilusionante germinado en canciones con mucho corazón y garbo.

Segismundo Toxicómano

Con ilusiones renovadas y la expresividad que siempre exprimen a sus canciones, el gran Lulu y sus Forraje acudieron prestos a su cita con ese rock urbano que tantísimas alegrías nos ha dado y que tiene en “Entre tanta mierda” su más reciente referencia discográfica, de la que dieron buena cuenta junto a clásicos como “Tú sin braguitas, yo sin calzones”, “Las torres de tus lamentos” o “La quiero a morir”, que nos estrujó el corazón como una esponja. Muy bien dispuestos y en plena conjunción entre todos sus miembros, entre los que sobresalió el buen hacer de su guitarrista Rodri Arias a las seis cuerdas, conectaron con la audiencia y demostraron que siguen siendo uno de los grupos ineludibles de nuestro panorama, pese a que el volumen del sonido no les hiciera justicia.

La nota más heavy de la jornada la pusieron, acto seguido, los bilbaínos El Reno Renardo, entre bromas, risas y ese tan peculiar sentido del humor suyo que empapa canciones tan cantadas como “Meriendacena medieval”, “Camino Moria” o “Crecí en los ochenta”. Sin alardes técnicos ni interpretativos, fue un concierto para la sorna y la despreocupación, y hubo entre la audiencia hasta una enorme conga liderada por un tipo disfrazado de reno que no creemos que estuviera pasando frío precisamente dentro del traje.

Poncho K

Uno de los conciertos más destacados de la tercera jornada del Extremúsika fue, sin lugar a la más mínima duda, el de Segismundo Toxicómano, que en vivo son pura dinamita, una detonación de agriedad e ímpetu irrefrenable rebosante de alto voltaje y con su vocalista y bajista Placi entregadísimo a la causa, tanto como si se hubiera tratado de su último concierto sobre la faz de esta Tierra cuyas miserias desnudan y radiografían sus canciones de punk frenético, del que no se corta ni le debe nada a nadie.

Con un sonido apabullante y perfectamente argamasado, los vitorianos lo pusieron todo patas arriba sirviéndose de disparos certeros y contundentes como “Mi vida”, “Quiero que sepas”, “Las drogas” o “Por ti”, calificada por el frontman como balada. “Nos tachan de punkis, pero a nosotros lo que nos va es el reggae y el reguetón”, llegó a proferir con guasa el vocalista, en una excelsa y desparpajada comunión con un público que lo dio todo y desató los mosh-pits más masivos de todo el evento.

Def Con Dos

Con una escenografía sobria, sin fastos de ningún tipo, y el foco puesto por completo en la magia de sus canciones, saltó a escena Poncho K, que junto a su banda se esmeró en hacernos palpitar, en sacar lustre a toda una vida hecha canción y poesía urbana, llana y colmada de franqueza. Su voz es reconocible a años luz, como lo son temas de la talla de “Arrebatos de primavera”, “Tóxico”, “Manolito caramierda” “Punki gitano”, “Corrientes demolientes” o “Verborrea”, en la que la figura imperecedera de Robe Iniesta volvió a nuestra mente al instante, dado que él mismo prestaba su voz a dúo con el hispalense en ella.

Nada más comenzar su actuación, Poncho K recordó con sumo cariño su primera actuación en el mismo recinto hace muchos, muchos años, y manifestó con empaque su enorme cariño a todos los presentes. Ahí sigue y seguramente volverá, porque méritos, admiración y rock and roll no le faltan. Nunca le han faltado.

El recinto estaba lleno hasta los topes cuando Def Con Dos arrollaron como adalides del rap metal estatal más elocuente e ingenioso en sus letras. Los de César Strawberry son un valor seguro, con el gran Samuel Barranco y Mara Gilbert flanqueándolo con el mayor de los caracteres y la mejor de las entregas. La vocalista, última incorporada, está perfectamente integrada en el plantel, y aporta a la banda una dosis de frescura revitalizante digna de aplaudir.

La Fuga

En cuanto a su repertorio, no se quedaron en el tintero canciones de las de subrayar y firmar abajo como “La culpa de todo la tiene Yoko Ono”, “Poco pan”, “El coche no”, “Armas pal pueblo”, “De cacería”, “Sigo siendo heterosexual”, “A.M.V. (Agrupación de mujeres violentas)”, o “Ultramenia”, para la que Strawberry se acordó de figuras tan deleznables como Donald Trump o Erdogan, y nosotros, de paso, de Netanyahu. Será verdad que ha llegado “El día de la bestia”, y fue con esa pieza que llegó otra de las mejores fases del concierto, en la que el bajo de J. Al Ándalus sonó prominente, la guitarra de Alberto Marín fue abrumadora y César Strawberry cantó con una temible y curiosa máscara demoníaca.

Del desfase y la explicitud efervescente de D.C.D. pasamos a la ternura, la melancolía y la expresividad de La Fuga, que tienen en la figura de su actual vocalista y guitarrista el hombre perfecto para defender sus canciones de toda la vida, tanto por timbre como por su manera de sentirlas y de hacérselas sentir al personal. Xavi Moreno desprendió emoción y credibilidad cada vez que daba paso a un tema, y nos propuso, antes de “Trampas al sol”, cumplir un objetivo: que la luna brillase esa noche más que el astro rey.

“Cada vez duele menos”, con pirotecnia incluida, cortó la cinta inaugural de un concierto muy consistente y el que no nos quedó más remedio que dejarnos llevar en volandas por “Jaleo”, “A ratos”, la festiva y ska “Pedazo de morón”, “En vela”, “Majareta” “Heroína” (versión de Los Calis)… Toda una constelación de esos temas que una vez a uno le han marcado son imposibles de relegar al olvido.

Jason Cenador

Cumplían mil conciertos justo en esta cita, y lo celebraron demostrando su buen momento pese a los vaivenes en la formación, cristalizado también en suculencias como “Por verte sonreír”, inaugurada en acústico con Nando imprimiendo profundidad a su guitarra, para luego apretarnos el alma; “P’aquí, p’allá” o “Negociando gasolina”, con la que concluyeron a lo grande más de media hora, eso sí, de la primera vez que su frontman nos avisó de que estaban a punto de terminar. Menos mal que la cosa se alargó lo que se tenía que alargar, porque fue maravilloso.

Ídolos locales absolutos y símbolos de la identidad de una tierra que merece menos abandono, más atención y mucho mejor trato, Sanguijuelas del Guadiana ofrecieron en Extremúsika su primer concierto del año en Extremadura y el único en la provincia de Cáceres. Originarios de Casas de Don Pedro (Badajoz) y a puntito de hacerse tres llenos en tres días seguidos en la sala La Riviera de Madrid, estos chavales han conquistado la notoriedad por méritos propios con tan solo un disco de larga duración en su haber, ‘Revolá’, editado el año pasado.

Su propuesta es mestiza, tan digerible por el gran público como poco ortodoxa en lo nítidamente estilístico, y es ahí precisamente donde radica su unicidad, aplaudida gracias a temas como “1000 Amapolas” o la propia “Revolá”, que despegó los pies del suelo a un público muy masivo que, sin embargo, resultó algo estático durante buena parte del concierto, con la excepción de los temas más famosos. Se atrevieron también a tributar a Robe con “Nada que perder”, homenajeando al Rey de Extremadura, que tantísimo les ha dado, que tantísimo nos ha dado.

Cada vez pasan menos tiempo en la cochera, que es donde celebran las reuniones de amigos y las merendolas en su pueblo (así se llaman en Extremadura; en León las llamamos bodegas), y es por ello que su escenografía recrea ese lugar en el que también dieron a luz a este sueño que están convirtiendo en realidad gracias a su astucia y su buen hacer. Mentiría quien suscribe estas líneas si dijera que le derriten, pero, en cualquier caso, bravo por ellos.

El ocaso del festival se aproximaba, pero todavía quedaba diversión a raudales, y The Locos lo tuvieron claro desde el momento en que pisaron el escenario, sobre el que se alzaba un llamativo muñeco hinchable gigante que uno apostaría a que es un ácaro. La banda capitaneada por Pipi, quien durante tantos años fuera segundo vocalista, animador y hombre de los disfraces de Ska-P supo conducir perfectamente su ska-punk, en la onda de la banda de procedencia de su líder, de la que además versionaron, para regocijo de todos los presentes, “Mestizaje”, “Romero el madero” y “Niño Soldado”. Su concierto fue el giro de tuerca perfecto en el planning del festival para que aquello no decayese, y la misión fue cumplida con sumo éxito.

El colofón a la velada lo pusieron los también animadísimos Balkan Bomba y un servidor, que tuvo el enorme honor de cerrar en sesión DJ los escenarios principales ante un público cuya resistencia, entrega y ánimo aprovecho aquí para agradecer de todo corazón. ¡Cuántos erais y qué bonito fue cantar todos juntos!

Con mucha, mucha alegría, energías renovadas y algún que otro chorizo patatero, regresamos de nuestra expedición a Extremúsika 2026 deseando ya que llegue la de 2027. Os lo aseguro: no defraudará.

Jason Cenador

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