Descubrí a finales del año 2000 a Placebo. Fue de forma casual, gracias a su tercer trabajo, ‘Black Market Music’. Me marcó tanto aquel disco que me sumergí para siempre en las aguas turbulentas del trío británico, una banda con tanta personalidad que se acabó volviendo un referente. Buceando entre sus primeros discos, redescubrí un Placebo algo diferente. Su álbum debut, que hoy cumple 30 años, tiene un mérito notable. No podemos obviar que en 1996 en Gran Bretaña había poco más que los Stones y un britpop al que nadie se atrevía a toser, pero llegaron unos alienígenas liderados por el magnético Brian Molko que se encargaron de reventar el monolito cultural del momento firmando un disco polémico, agresivo e icónico.

Guerra abierta al Britpop
A finales de los años 70, salieron grandes grupos gracias a la ola post-punk: U2, The Cure o New Order comandaban una avanzadilla de lo que se iba a fraguar dentro de la contracultura del pop-rock. Años más tarde, el britpop también tuvo una respuesta similar gracias a bandas que no admitían que ese fuera el futuro musical. De ahí nació Placebo para declarar una guerra estética y sonora, incómoda pero necesaria. Se convirtieron en un misil directo a la línea de flotación del Lad Rock que promulgaba una masculinidad hiperbólica hechizada por el fútbol, la cerveza y un optimismo algo impostado (si no, de qué esa lucha de egos…).
Optaron por la androginia, el travestismo, guitarras hirientes y mucha honestidad en sus letras. El impacto fue inmediato tras su aparición en el show ‘The Big Breakfast’ interpretando “Teenage Angst”, un tema clave para entender a la banda, sin estribillo claro, pero cuando acabas la canción da la sensación de que sí lo tiene. Una cosa muy rara para los oídos más estandarizados.
Pero la cumbre a esta insurgencia llegaba con “Nancy Boy”, una pista descarada que deja sobre la mesa la experimentación y el exceso, que se complementaba con el cibersexo de “Bionic” (adelantándose a las obsesiones que más adelante llegarían de la mano de la tecnología) o la metafórica “36 Degrees”, en la que componían desde la perspectiva del enfriamiento emocional tras una ruptura.
David Bowie lo tuvo muy claro
Si hay alguien a quien agradecer la androginia, es a David Bowie. Su visión particular sobre estética y música han sido dignas de estudio. Lo más probable es que Placebo se inspirara mucho en el Duque Blanco para construir su propia historia, pero lo que muchos no saben es que el propio Bowie fue el que acabó apadrinándolos. Fascinado por sus primeros singles, antes de la salida de su primer larga duración, viendo que eran la reencarnación de aquella provocación que él mismo había implantado en los lejanos setenta, optó por acogerlos bajo su ala.
En ese momento, se convirtieron en los invitados a abrir los conciertos de su gira “Outside”, un empujón que sacó al trío de la penumbra de los tugurios de mala muerte en los que desplegaban su carisma. Esa audiencia fue la que validó su propuesta como cronistas de la marginalidad urbana.

La importancia de una producción disonante
Las producciones previsibles estaban a la orden del día. Ellos no querían caer en esta provocación, por lo que bucearon todo un océano para encontrarse con el norteamericano Brad Wood, que había moldeado parte del sonido indie estadounidense a través de bandas como Liz Phair, Sunny Day Real Estate o Veruca Salt.
Para empezar, decidieron salir de clichés comerciales con afinaciones poco ortodoxas que eran, en parte, culpables de ese sello que los ha acompañado toda la vida. Adoptaron también las formas de Sonic Youth, la rabia de los Stooges o el dinamismo rompedor de Pixies o PJ Harvey. Buscaron que todo aquel que escuchara el trabajo se centrara en la experiencia sónica. Quizás por eso no incluyeron las letras en el libreto o decidieron incluir “H.K. Farewell” como pista oculta diez minutos después de que sonara “Swallow”.
El resultado es un prodigio de tensión armónica y crudeza técnica. Fue, por cierto, el único trabajo con la pegada de Robert Schultzberg, batería original, que tuvo que salir por patas debido a la tensión que provocaba constantemente en Brian y Stefan Olsdal.
La maldición del niño de la portada: Demanda histórica
Desde luego, no pasa por alto la portada del trabajo. El niño con sudadera roja tirándose de los ojos y la cara hacia abajo se convirtió en un símbolo de alienación adolescente, pero detrás de esta foto icónica se esconde una historia traumática. El que inmortalizó aquel momento fue Saul Fletcher, primo de David Fox, protagonista de la instantánea casual que acabó vendiendo a la banda sin medir las consecuencias que podía tener en un futuro muy cercano.
La popularidad que adquirió el trabajo convirtió su infancia y adolescencia en un auténtico infierno de acoso escolar. El bullying diario fue tan insoportable que se vio obligado a abandonar los estudios. La carátula había arruinado su vida, por lo que en 2012 decidió interponer una demanda contra Placebo, quienes alegaron que la justicia, si actuaba, debía ir contra el sello discográfico, no contra ellos. Finalmente, nunca se produjo un juicio formal, ya que la demanda no prosperó en los tribunales. Caso cerrado de una de las historias más famosas, ‘Nevermind’ aparte, de derechos de imagen infantil.
Sobrevivir a un género poco comercial
Placebo consiguió refinar su fórmula incluyendo el rock gótico y la electrónica como parte de su sonido. Es verdad que este primer trabajo fue el que más alto llegó en las listas oficiales de Reino Unido, pero eso no significa ni que sea el mejor ni que el público haya dejado de lado a la banda. La repercusión de este álbum no se mide en números, sino en su capacidad de tejer una base de fieles inquebrantables.
Su impacto sobrevive gracias a un repertorio con una enorme carga emocional que no entiende de modas. Hoy, tres décadas después, aquellas grabaciones analógicas siguen en expansión. De hecho, la banda ha regresado a las cintas maestras para dar vida al proyecto ‘Placebo Re:Created’, una deconstrucción y actualización de aquella arquitectura sonora de sus primeros clásicos.
‘Placebo’ está y estará siempre entre las prioridades de mi colección. Once cortes que se me antojan superlativos, por su impacto, por su implicación subversiva, por la fuerza inhumana con la que aterrizó en una pista llena de obstáculos para superar sus propias expectativas.
Placebo en 2026
El 19 de junio verá la luz el citado ‘Placebo Re:Created’, reinterpretación de su mítico debut que abandera la gira con la que se celebran estas tres décadas de música. Esta llegará a España el próximo mes de octubre, concretamente el 1 de octubre en el Movistar Arena de Madrid y el 3 de octubre en el St. Jordi Club de Barcelona.
Las entradas siguen a la venta en este enlace.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.





