La gira "Metamorphosis Solo Tour", de Devin Townsend, hizo su parada en la capital para presentarnos su trabajo más ambicioso hasta la fecha, 'The Moth', lanzado en mayo de 2026.
Hay conciertos de metal progresivo y luego está presenciar al canadiense en solitario sobre un escenario. Lo vivido el 9 de octubre en la sala ReviLive de Madrid no fue solo una demostración de virtuosismo musical; fue una lección de cercanía y oficio, de esos directos que van creciendo poco a poco hasta meterte dentro casi sin darte cuenta. Una auténtica muestra de comedia stand-up y comunión con el público de la mano de un artista único.
Townsend tomó el control desde los primeros compases con la atmosférica "Funeral", sumergiéndonos en un ambiente impecable de luces, texturas y aullidos. El paso inmediato a la rabia de "Love?" encendió los ánimos antes de que el tercer tema del repertorio, "Fake Punk", de su proyecto Punky Brüster, desatara los primeros aplausos entusiastas y sirviera para asentar el terreno, marcando el tono desenfadado e impredecible de la noche.
Fiel a su estilo charlatán y transparente, Devin convirtió cada pausa entre canciones en una conversación entre amigos. Bromeó abiertamente sobre sus erramientos al mástil, pidiendo perdón entre risas, recordó sus inicios, cuando en el colegio ya soñaba con tocar música. Dedicó unas bonitas palabras a su etapa junto a Steve Vai. Nos dejó una frase para el recuerdo: "Las canciones son mías, pero son para vosotros y para el universo".
Jugó constantemente con las dinámicas. El virtuoso músico pasó de la sensibilidad de "Ih-Ah!" y la sobrecogedora de "Deadhead" a momentos de auténtico heavy metal con pasmosa facilidad, demostrando que no hacen falta artificios cuando hay semejante nivel. "¿Que no se puede tocar heavy metal con una guitarra acústica? ¡Fuck you!", espetó divertido mientras lanzaba peinetas al cielo, para acto seguido soltar una pedorreta al micrófono y romper de un plumazo cualquier atisbo de solemnidad. Sonaron también cortes indispensables como "Christeen", "Material", "Hyperdrive", la hipnótica "Deep Peace" o "Storm", cerrando el primer bloque por todo lo alto con la luminosa "Lightworker".
A nivel vocal, el despliegue fue un espectáculo en sí mismo: juego libre con los tonos, rasgados impecables y agudos a los que llega sin esfuerzo. Tampoco faltó su ironía habitual sobre el desgaste físico de su propuesta. Cerró la primera parte del concierto anunciando que haría una pausa de 12 minutos y que sería un buen momento para aprovechar para ir al baño.
El segundo set arrancó de forma sorprendente con su emotiva versión de "Bring Him Home" (del musical "Los Miserables"), para después desatar la locura recuperando hachazos de Strapping Young Lad como "AAA", "Aftermath" y "Almost Again", alternados con paradas más atmosféricas como "Let It Roll", "Solar Winds" o "Coast". Sin embargo, uno de los momentos álgidos y más esperados de la noche llegó con "Kingdom". La sala entera contuvo el aliento para terminar estallando en un coro unánime al ritmo de sus épicos loops de guitarra y esa explosión vocal abrumadora que demuestra por qué es el verdadero himno de su catálogo. La traca final con la majestuosidad de "Midnight Sun", la desenfadada "Why?", "From the Heart" y el canto vital de "Life" terminó de cerrar una noche irrepetible.
Devin Townsend firmó en Madrid un concierto lleno de verdad, donde la música de altísima escuela se da la mano con el humor más espontáneo y humano. Un directo de los que dejan huella y recuerdan por qué este genial "profeta loco" del metal sigue jugando en su propia liga.
Cubrí mi primer concierto en 2013. Realizo fotografía, crónicas y, ocasionalmente, filmación. Escucho rock y metal, aunque disfruto de otros estilos si transmiten calidad.
Me apasiona la fotografía, la música, el arte y viajar.





