No suele ser habitual que una banda que acumula varias décadas a las espaldas siga conservando cierto estatus de grupo de culto, reverenciado en el pasado por destacados compañeros de gremio como Oasis o Nirvana, entre otros. Son esos que se mueven en un estilo muy determinado, ajenos a cualquier tipo de moda o influencia externa, que conocieron el éxito en una época y después conservaron una más que notable legión de seguidores.
Los hay que dicen que la propuesta de Teenage Fanclub cada vez resulta más diluida, como una camiseta que se va destiñendo con el paso del tiempo. Y sí es cierto que sus últimos trabajos han transitado por una zona de confort muy delimitada, lejos quedaron aquellas guitarras noventeras de antaño que enamoraron a Kurt Cobain.
Lo que sí conservan los escoceses es ese impecable buen gusto para las melodías en la tradición de las grandes Bs, esto es, The Beatles, The Byrds o Big Star. Y siguen también sin dormirse en los laureles lanzando trabajos reseñables como ‘Do Not Dare To Dream’, publicado hace escasos días durante su extensa gira peninsular.
Las visitas de los de Bellshill al País Vasco han sido bastante frecuentes, recordamos que fueron de los primeros grupos que volvimos a ver sobre el escenario tras el parón pandémico. Dados estos antecedentes, no sorprendía que el bilbaíno Kafe Antzokia presentara un aspecto bastante concurrido una vez más a finales de semana.
Euros Childs

Calentó la velada el compositor galés Euros Childs, conocido como líder de la banda Gorky's Zygotic Mynci y, desde enero de 2019, también teclista de Teenage Fanclub. Aparte del hecho de que la banda ha ganado realmente un activo importante de cara a los directos, su material en solitario no estaba nada mal, con un punto cabaretero o glam que de vez en cuando evocaba al coloso Elton John. Solo media hora necesitó para demostrar una versatilidad fuera de serie, así como un considerable talento interpretativo. Un artistazo de los pies a la cabeza.
Teenage Fanclub

Hace tiempo Teenage Fanclub demostraron que no querían vivir de las rentas y esa confianza en el material más reciente se palpaba en su mismo repertorio a día de hoy, pues arrancaron con “Tired of Being Alone”, de su álbum de 2023 ‘Nothing Last Forever’, antes de echar la mirada todavía más atrás con “It’s All in My Mind”. Y profundizaron todavía más en la senda nostálgica con “About You”, el primero de los hits añejos que cayeron.
Estos ya señores mayores no necesitaron un gran despliegue de medios para quedarse con la parroquia, valían sus impecables melodías vocales, a las que también contribuía el teclista Euros Childs, por supuesto. “Tomorrow People” estrenó el repaso a su material más reciente con esta especie de suite que por su estructura recordaba al “Good Vibrations” de los maestros The Beach Boys y siguieron en esa onda con “Day in the Sun”, otra novedad de luminosidad radiante.

Legaron una de las indiscutibles cimas de la velada con la monumental “Alcoholiday”, de su laureado álbum ‘Bandwagonesque’, un histórico lanzamiento del que también recuperarían “Metal Baby” o “What You Do To Me”, las mejores, vaya. “Falling into the Sun” añadió un carácter hipnótico cercano a la psicodelia antes de que anunciaran una tanda de piezas acústicas, entre las cuales destacó la novedad “There Was You”.
“I Don’t Want Control of You” probablemente fuera otra de las que esperaban los fans, pero no tardaron en regresar a tiempos más actuales con “Everything Is Falling Apart”. Esta alternancia de cortes con solera con canciones más recientes se reveló como una gran estrategia que añadió dinamismo al recital, hasta el punto de que en ningún momento se hizo pesado.

“Over and Over” fue otra de las grandes sorpresas de su último disco, con un rollo pastoral muy Simon & Garfunkel, y para cuando nos queríamos dar cuenta, ya se encontraban en la recta final con “It’s a Bad World” y la fundamental “The Concept”, donde volvieron a poner piel de gallina con melodías reminiscentes a The Beatles.
Todavía regresaron para unos bises quizás no tan memorables en un inicio con “The Cabbage” o “Endless Arcade”, pero supieron poner el broche adecuado con el tema de su debut “Everything Flows”, su primer single cargado de efluvios noventeros. El viejo truco de regresar a la época en la que todo empezó. ¿Quién se resistiría a eso?
Tal vez su apariencia envejecida delate un exceso de veteranía, pero que a nadie engañe su pinta de jubilados dando de comer a los patos, en lo que respecta a su estado de forma, podrían dar sopas con honda a muchos compañeros de generación de otros estilos. No hay que olvidarse de lo bien que aún suenan en las distancias cortas. Son como un luminoso paseo otoñal.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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