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Crónica de Bime Bilbao 2026 con Alcalá Norte, Cervatana, Axolotes Mexicanos o No Quiero: Un fenómeno social, un escaparate emocional y otros descubrimientos

Alcalá Norte

El mundo de la música cambia a pasos tan agigantados que a veces conviene pararse un poco, tomar aire y tratar de ordenar las impresiones adquiridas. Desde diversos frentes nos obligan a alcanzar una velocidad tan vertiginosa en nuestro día a día que no resulta extraño que muchos se quejen de que no les da tiempo a asimilar todo lo vivido, algo que podría tornarse habitual en meses de tanta actividad en directo como octubre o noviembre. Menos mal que lo de escribir nos obliga a algunos a ordenar pensamientos con un mínimo de coherencia.

La gran feria musical del Bime volvió a transformar la capital vizcaína un año más, con conferencias y otros actos en el Palacio Euskalduna antes de que la noche nos trajera conciertos en la mayoría de salas de la ciudad. Conseguir abarrotar recintos un martes o miércoles ha dejado de ser una rareza para convertirse en algo de lo más habitual durante la semana que dura esta cita referente del sector.

En la primera jornada encontramos conferencias interesantes como la de ‘De audiencia a comunidad: cómo construir relaciones que van más allá del alcance’, donde se abordaron diversas formas de crear comunidad, un vínculo más allá del mero lector, oyente o espectador. En este sentido, Sebas E. Alonso, de la web Jenesaispop, destacó cómo de sus foros “han salido matrimonios”, además de poner en valor los grupos cerrados en los que “te aseguras de que no hay bots”.

También se trató la importancia de las redes sociales a la hora de apoyar los contenidos, un recurso que podría transformarse en un arma de doble filo, puesto que es posible que condicione estos últimos. Se recordó la desaparición de My Space, algo que por aquel entonces parecía increíble, y Alonso hasta se atrevió a pronosticar “la desaparición de Instagram”. ¿Lo llegaremos a ver?

Marcos García (Substack) Y Sebas E. Alonso (Jenesaispop)

Lucha contra el algoritmo

‘Conocer a nuestras audiencias: ¿sabemos más nosotros o los algoritmos?’ prometía bastante en un contexto en el que las reproducciones o número de seguidores determinan la valía de cualquier cosa. Sin embargo, siguen existiendo aspectos que se quedan al margen de la tecnología, como por ejemplo saber qué canciones funcionan mejor o peor en una sesión, según señaló la DJ y fundadora de la plataforma Neowarras, Yasmina Elkak.

Otro de los problemas de las redes sociales reside en las restricciones de contenido que pueden provocar que se cierre o suspenda una cuenta, pues los dobles sentidos o la ironía no suelen ser comprendidos por los algoritmos. Y en tiempos de tantas distracciones que luchan encarnizadas por mantener nuestra atención hay que asumir que tal vez la competencia se encuentre en un acto tan rutinario como quedarse tumbado en el sofá. “La gente tiene que tener una buena razón para salir de casa”, razonaba Elkak.

No Quiero

Respecto a los conciertos de la primera jornada, no podríamos perdernos a los bilbaínos No Quiero, que demostraron sólidas tablas en la sala BBK con un repertorio cargado de temones de principio a fin. Valga a modo de aclaración decir que los directos en el Bime son más bien showcases, esto es, breves recitales de poco más de media hora, lo suficiente para catar a un grupo y decidir si merece la pena o no.

A estos locales ya les fichamos en su día con el genial debut ‘Monterey’, del que cayeron el tema homónimo, “Seis y diez” o “Ficción”, entre otras. El vocalista Gaby Salaverry se dejó la piel y lo que no está escrito, pues acabó tirado en el suelo de la emoción en varias ocasiones. Ese halo que poseen a lo Tequila o Nacha Pop constituye sin duda uno de sus grandes atractivos. Se nos hizo demasiado corto.

Un bazar emocional

Amor Líquido

Han definido a Amor Líquido como “la banda generacional más deslenguada dentro de su escena” y lo cierto es que poseía cierto interés su pop punk contemporáneo en la estela de Las Petunias o Aiko el grupo. Dieron cancha a su reciente reválida ‘A ver si me despierto’ en “Guárdame un sitio” o “Delante del espejo”, entre otras piezas que configuraron un repertorio tan frenético como entretenido. Seguro que aquella noche ganaron nuevos seguidores.

Pero la mayoría de los que nos acercamos el martes hasta Bilborock íbamos con la intención de ver a Axolotes Mexicanos, supergrupo pop punk con componentes de otras formaciones y hasta dos miembros de Carolina Durante, si no me equivoco. Y todo ello presidido por la graciosa vocalista Olaya, que quizás no cuente con un registro espectacular, pero su desparpajo y su motivación en escena compensan con creces cualquier carencia.

Axolotes Mexicanos

Fiel a su tradición, la pequeña cantante fue explicando la temática de las canciones, algunas sobre situaciones tan bizarras como enamorarse de un monstruo del espacio (“Interestelar”) o sobre una secta estadounidense responsable del suicidio colectivo de 39 personas (“Heaven’s Gate”). Brillaron en “La canción que escribiste”, que les quedó muy chula y emocionante bordeando el punk.

El final a su breve tiempo en escena no resultó menos épico con el himno en plan Los Fresones Rebeldes de “Te quiero” o la acelerada “Astor”, que sigue poniendo piel de gallina en cada interpretación. Si alguna vez cambiaste de acera o de garito para no encontrarte a una persona concreta, este grupo es para ti. La voz de los dramas cotidianos con potencial para convertirse en desastre. Un auténtico bazar emocional.

Mario de Axolotes Mexicanos, también miembro de Carolina Durante

Los retos del directo

En la segunda jornada acudimos a la charla titulada ‘Las nuevas reglas del directo’, que recogió ese momento de gran vitalidad que vive actualmente el sector de los conciertos. En ese contexto resulta vital conocer los diferentes tipos de perfiles que podrían encontrarse en un recinto, desde el “superprescriptor”, que arrastra a más gente consigo, a oyentes activos o pasivos, que incluyen al artista en su lista de reproducción, pero realmente no lo conocen, según explicó Daniel Fletcher, director de Relaciones Institucionales y Alianzas de Fever en España.

Del mismo modo, hubo espacio para mencionar a los que proponían diferentes experiencias para el directo, como el caso de un festival británico que mandaba vídeos personalizados a sus asistentes, o el actual fenómeno de las residencias de artistas, como Metallica y el impactante show que montaron en Las Vegas. “Un modelo interesante”, en palabras de Fletcher.

Julia Trenor (Quimbara Music)

¿Cómo llega una canción determinada a una serie o película? Eso mismo se preguntaban en ‘De la canción a la pantalla: Cómo funciona la supervisión musical y qué oportunidades abre el audiovisual’. Fue un interesante recorrido por el proceso de incluir música, algo complejo que no se limita únicamente a conceder licencias. Aprendimos que un artista  o una banda pueden llegar a pagar entre 1.500 o 2.000 euros para que aparezca un tema en particular, pese a que esas cifras suelen resultar variables en función de la repercusión del grupo.

En este sentido, se recordó la segunda vida de “Running Up That Hill (A Deal with God)” de Kate Bush, uno de los casos más sorprendentes de resurrección musical de los últimos años, que conoció a toda una nueva generación de seguidores gracias al éxito de ‘Stranger Things’. “Hay directores a los que les gusta ser prescriptores”, señaló la ponente Julia Trenor de Quimbara Music.

Jonathan Finegold, Anne Kline y Katie Romanovich

Muy conectada con el séptimo arte cursaba del mismo modo ‘Sync Confidential: Las historias nunca contadas detrás de la música que cambió películas y series’, moderada por el carismático Jonathan Finegold, de Fine Gold Music, que señaló algunos de los mitos acerca de la figura del supervisor musical. Uno de los más extendidos estaba relacionado con la idea de que ese profesional es el que tiene la última palabra acerca de la decisión de utilizar una canción.

Finegold fue poco a poco demoliendo tópicos y destacó la pujanza del género post punk en el campo de la publicidad, pero también en videojuegos o canales de YouTube. Y una de las claves para desenvolverse en el oficio es conocer todos los estilos musicales desde los ochenta hasta la actualidad.

Axolotes Mexicanos en Musik & Pintxos

En esta edición tuvo bastante éxito el ciclo de Musik & Pintxos, donde diversos artistas presentaban sus propuestas en el recogido ambiente de una sala, con primera bebida gratis y picoteo refinado. Acudimos en el turno de Axolotes Mexicanos, a los que ya habíamos visto la noche anterior, pero esta vez diversos problemas de sonido y una inesperada afonía de Olaya por la mañana les complicó bastante la vida. Sin embargo, le echaron ganas de grupo curtido en local de ensayo y consiguieron llevar el show a buen puerto, aunque con advertencia de la menuda vocalista: “¡Va a ser un gran concierto de punk!”.

Las canciones fueron clavadas a las escuchadas en Bilborock, aunque piezas tan redondas como “La canción que escribiste” desde luego que no cansaban. Agradeció Olaya los consejos para recuperar la voz de compañeros de gremio como Diego Ibáñez de Carolina Durante o Paco Pecado antes de “Te quiero” y de que se desencadenara un pogo con participación de algunos miembros. Una faceta más cercana de la banda, que se subió a las tablas al grito de “¡Rock n’ Roll!”.

Un vendaval azteca y una rave flamenca

Gloory Hole

Saber que la devoción por la incomodidad de Gloory Hole ha provocado tanto el amor como el rechazo en diversos públicos anticipaba que su espectáculo sería de bastante voltaje. Tremenda la complicidad sobre las tablas del dúo formado por Gloria y Vanguardia, que se tiraba por los suelos, confrontaba a la peña o incluso se ponían una máscara de perro sadomaso. Para animar todavía más el percal, había varios seguidores del grupo con motivos tribales pintados.

A medio camino entre la electrónica y el punk, no renunciaron a introducir música tradicional mexicana y hasta colaron un fragmento de “Cruz de navajas” de Mecano. Presentaron a un guitarrista local llamado Mikel, que les ayudaba esa noche, y legaron instantes gloriosos con “Ódienme más (Ládrenme)” o “Vómito verbal”. Una locura de infarto.

She Is A Devil

No menos importante se tornaba la puesta en escena de She Is A Devil, con bailarinas profesionales, velos, calaveras y otros abalorios. Almudena Hormaechea es una gran cantante en directo, por algo fue ganadora del premio La Nota de Oro en un concurso de Netflix para el programa de televisión ‘A Cantar’. El resto de la banda está compuesto por veteranos como su propio padre Marcelo al bajo, componente de los históricos getxotarras Rufus, o José Prieto Kasta a la guitarra, otro destacable talento local.

Llamaron más la atención cortes en castellano como “Venus”, muy en plan los primeros Lacuna Coil, o “13 Lágrimas”, con un rollo más modernete tipo In This Moment o The Pretty Reckless, pero no se desenvolvían tampoco mal en la lengua de Shakespeare en “Cemetery Boy”. ¡Habrá que seguirles la pista!

Baby Berserk

Baby Berserk era una especie de colectivo influenciado por la reina de la moda punk Vivienne Westwood, pero también por el difunto frontman de The Prodigy, Keith Flint. Por su estética kitsch recordaban sobre todo a B-52, aunque su rollo tecnopunk, a veces con eco a Pet Shop Boys, les situaba en otra órbita completamente distinta. Su carismática vocalista no tardó en sumergirse entre la concurrencia para incitar al bailoteo y a dar saltos. Evocadores y sintéticos.

Cervatana

Y cerramos la programación de ese día con Cervatana, con Dandy Piranha de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba a la voz y al bajo, aparte de una puesta en escena impactante con bailarinas. En esta ocasión contaron solo con una de ellas, no realizaron el tremendo despliegue de su actuación en el Bilbao BBK Live, pero triunfaron igualmente con esa suerte de rave flamenca que abarrotó el Kafe Antzokia un pleno miércoles.

Vincular a este grupo con la electrónica podría restarles adeptos entre los rockeros menos aperturistas, aunque en realidad su propuesta beba bastante tanto de la psicodelia como del krautrock. “La bomba” debería reventar desde ya todas las pistas de baile alternativas, pero tampoco convendría que cayera en saco roto su faceta más reposada en “Metis”. Una de las grandes alegrías que nos ha dado 2026 a nivel musical.

Un fenómeno social justificado

Alcalá Norte

Casi hay que pellizcarse para asumir que un combo de post punk como Alcalá Norte se haya transformado en un fenómeno social. Quizás solo así se explique que se guarde para ellos una posición estelar en el cartel del Bime, en las mismas rampas de Uribitarte que el año pasado llenó Arde Bogotá en el aniversario de un banco. Tal vez los madrileños todavía no estén en condiciones de tocar en San Mamés, pero todo se andará. De momento, en 2027 irán a por objetivos tan importantes como el Movistar Arena.

Como era de esperar, una importante muchedumbre se congregó para ver a una banda que cada vez tiene menos de revelación y más de consolidación, esa que seguramente lograrán con su inminente segundo disco. “Superman” o “420N” calentaron el ambiente con la categoría de clásicos que sin duda han calado, pero es que temas más recientes como “El endemoniao” o “Los Llamados Pitagóricos” si no merecen el calificativo de soberbios, poco les falta.

Alcalá Norte en Bime

Lo mejor de este combo es que hayan recuperado la importancia de las letras en un país empobrecido en comprensión lectora, una gesta que no recordábamos desde las famosas estrofas crípticas de Héroes del Silencio, y no hablemos ya de un estribillo que incluya la palabra “pitagóricos”. Solo por ese detalle merecerían la gloria eterna.

Pero ahí está el directo para corroborar que no se trata de ningún producto, sino de un grupo auténtico, que desciende entre los mortales con cada parlamento de su carismático batería Barbosa, hasta se arrancó con una bilbainada en esta ocasión. Y por supuesto sacó su inseparable bota de vino, faltaría más.

Barbosa, con la bota siempre a mano

“No llores Dr G” volvió a emocionar como si se tratara de una oculta cara B de los ochenta y “Calle Elfo” desató las gargantas como solo merecería un himno contemporáneo. Sorprendieron versionando a los franceses Icare y en “Los chavales” tuvieron el detalle con la parroquia local de incorporar algunas frases en euskera.

Cerraron una breve actuación de poso simbólico con el genial ejercicio post punk de “Langemarck” o la no menos lograda “Westminster”, donde el vocalista Álvaro se introdujo entre el respetable. La inevitable “La vida cañón” puso el broche a un bolo que probablemente se incorpore a la historia del grupo por su peculiar ubicación. Desde aquí solo pueden ir hacia arriba.

Alcalá Norte, con los ánimos elevados

Fue otra edición del Bime que volvió a contar con un amplio abanico de propuestas para elegir que animaron la vida cultural de la villa durante casi una semana. Como siempre, tuvimos que dejar algunas cosas en el tintero, pero de sobra es sabido que abarcar todo es imposible. Un fenómeno social, un escaparate emocional y otros descubrimientos nos llevaremos en el recuerdo.

Alfredo Villaescusa

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