Mis recuerdos de Band of Horses han estado siempre asociados a momentos de calma en los que la música tenía un peso superior al de cualquier otra actividad, siempre que los he puesto era para escuchar, degustar y disfrutar de ese ambiente que crean con sus discos de estudio. Precisamente por eso necesitaba un cambio de propuesta y ver si su directo se ajustaba a mis pretensiones. La respuesta es sí y no, intentaré explicarlo en las siguientes líneas.
Pero antes quiero hablar de la enorme trampa de tocar un disco entero en directo al verse obligados a mirar de frente al fantasma de quienes eran hace dos décadas. A eso venían los norteamericanos, a desengranar su primer disco de estudio, ‘Everything All the Time’, que cumple 20 años y que sonó pista por pista en La Riviera de Madrid. El mismo orden salvo “Our Swords” que cambió su espacio por “Wicked Gil”, algo que viene pasando en sus últimos conciertos y que me lleva a reflexionar sobre si Ben Bridwell hubiera hecho ese cambio en su día.
Salvo eso fueron cuarenta minutos de destreza milimétrica, en todo, salvo en las armonías vocales con las que cuenta el trabajo, que no lucieron tanto como me hubiera gustado, pero su voz casi solitaria, estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. El sonido comenzó apagado, pero en dos canciones ya teníamos a toda la banda elevándonos, Ben pasando de la steel guitar al bajo, del bajo a la guitarra o a contonearse sin instrumentos, mientras sus cuatro compañeros de batalla dejando perlas estelares. Todo apoyado con visuales de escenas costumbristas, mezclados con paisajes urbanos y naturales.
Es indudable que este álbum merece mucho la pena, aunque no creo que sea el mejor de la banda, pero temas como “The Funeral”, “Our Swords” (que interpretaron con dos bajos), “The Great Salt Lake” o “I Go to the Marn Because I Like The” generan todo tipo de emociones y podrían ser titulares indiscutibles en cualquiera de sus bolos. No todos tenían claro lo que iban a ver, pero el repertorio de la primera parte entró como cuchillo en mantequilla, nada de sobresaltos y, eso sí, pocas canciones coreadas. La única alteración se vio reflejada en el último tema, “St. Augustine”, que tuvo que cortar a mitad para interesarse de algo que le había ocurrido a algún espectador en las primeras filas, nada más que un pequeño susto.
Veinte minutos de espera entre set y set, pero se subió otra banda al escenario, parecía que el quinteto previo habían sido sus teloneros, así se lo hizo ver el público que, con el primer tema, “Is There A Ghost”, de su segundo trabajo, ‘Cease to Begin’ (2007), levantó a todos del suelo, los Band of Horses más viscerales habían tomado las tablas para una nueva revisión más hipnótica después de sacudirse la presión de encima.
Esta nueva versión de banda con años de carretera sentó de maravilla, “NW Apt.” corroboró el cambio con imágenes de corte más surrealista en la pantalla, pero sin dejar atrás la estética visual de todos sus discos. Regalaron también momentos de calma con “No One’s Gonna Love You” o “Factory”, del que es mi disco favorito, ‘Infinite Arms’ (2010), cuya canción homónima también resultó mostrarse gigante.
Hubo ratos de subidón con “Dilly” o la soberbia “Crutch”, pero quisieron hacer gala de su generosidad al regalarnos un tema que aún no se ha publicado, “Lil’ Suspect”, para el que Ben necesitó un atril con el que apoyarse en una letra que acaba de salir del horno. No podía faltar la versión a la que nos tienen ya muy acostumbrados, un tema que aseguró “llevo escuchando desde que tenía 22 años”: “Never Tear Us Apart” de INXS y que sonó enorme, aquí sí se escucharon los coros, aunque quizás con más descompensados de lo necesario.
La noche necesitaba un gran final y lo encontró con “Ode to LRC” y “The General Specific”, ya despojado de toda incomodidad y reventando la pandereta con una baqueta. Por hacer un resumen a la pregunta que planteaba un poco más arriba, me hubiera encantado que las texturas que encontramos en sus discos tuvieran más presencia, pero no se puede negar que es una exigencia que no tiene ningún sentido. El quinteto supo encender un show que, de haber hecho lo que yo pedía, hubiera sido demasiado lineal, por lo que no puedo más que agradecer su entrega.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.
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