Es enorme la cantidad de bandas nacionales e internacionales que no son capaces de llenar recintos de gran aforo, músicos con un talento desorbitado que deberían tener un público tan grande como su buen hacer. Hace poco más de un año veía a Eli Paperboy Reed en la Sala El Sol de Madrid, la semana pasada, con un aforo algo más grande, la Changó servía de nuevo una demostración de poder a la altura de muy pocos.
Es terquedad lo que hay que tener para que ese circuito de salas medianas mantenga viva la llama de bandas con presupuesto más corto, con menos margen de maniobra en marketing, pero con un público ya fiel que sabe que la noche será épica. Eli se presentaba, nuevamente, sin banda propia, pero sabe que nuestro país está lleno de grandes músicos con los que ya ha trabajado en otras ocasiones: Chavi Ontoria a los teclados, Juan “Utah” al bajo, Ernesto Millán al saxo, su inseparable y amado trompetista, Iván del Castillo y, en esta ocasión a la batería un enorme Gabi Planas, con quien se notó una complicidad muy especial.
Simpático y agradecido en todo momento, Eli nos hizo ver que su nuevo trabajo ‘Getting There’ está repleto de temazos, aunque, como soltó en algún momento del show, “a mí me gusta ir a los conciertos a escuchar los hits, pero me vais a permitir tocar varios temas de mi nuevo disco”, algo que sabíamos que ocurriría, pero que combinó con los temas que han crecido con él a lo largo de los últimos veinte años, de hecho, el segundo fue la enorme “Am I Wasting My Time” de su primer redondo, ‘Roll With You’ (2008), que consiguió los primeros coros de la noche.
A partir del tercer tema, “Like We Used To”, fue cuando comenzó a desgranar las melodías de ese redondo que le había traído a la capital, y una de las grandes sorpresas de la noche fue la aparición en escena del que, posiblemente, es uno de los mejores al pedal steel de nuestro territorio, Pere Mallén, acompañó a la banda en “Asking for a Friend” y “Getting There” otorgando ese rollo country que no es, para nada, ajeno a Reed.
Repasaba, tema a tema, su historia personal sin demasiada verborrea hasta que llegó a la anécdota de la que es su mujer, recordando aquellas primeras citas en los que ella le preguntaba qué creía que pensarían sus padres de estar saliendo con alguien que había escrito una canción llamada “The Satisfier”, con la que volvía a mostrar ese vozarrón al estilo James Brown y que aprovechó para que saxo y teclado nos conquistaran son dos soberbios solos.
El momento se volvía íntimo cuando salía solo con su inseparable guitarra de semicaja para interpretar “I’ll Roll With You”, en la que Iván del Castillo dejó a la trompeta uno de los momentos más increíbles de la noche, que continúo con Gabi y él a ritmo de “Stop Talking In Your Sleep”, a la que se unieron el resto de músicos que, sobre las tablas, marcaban las palmas que acabaron con la sala al unísono participando del espectáculo, imposible mantenerse estático ante semejante despliegue percusivo. Hubo tiempo para homenajes merecidos, el primero de ellos llegaba para Merle Haggar con su “Somewhere Between” y “Workin’ Man Blues”, incluidos en aquel ‘Down Every Road’ (2022) que repasa la figura de uno de sus ídolos.
Pero hizo especial hincapié en elevar una de esas personas a las que le debe mucho, Roscoe Robinson, un soulman de Mississippi que fue de los que dieron sus primeras oportunidades a su banda al dejarles girar con él en 2006, había fallecido, a los 97 años, hace muy poco y recordaba que cantó en su boda, a él dedicó ese “Workin’ Man Blues” que parece que cantó en su propia boda. Seguía la tralla con dos de los grandes cortes del último LP, “One Man’s Trash (Is Another Man’s Treasure)” y “How Can I Forget”.
Tras un breve descanso había reservado tres balas más que comenzaron con la íntima “Eli Solo Song” y la icónica “Come And Get It” antes de volver a sus orígenes en “Take My Love With You”. Un poder sobrehumano que me dejó con ganas de mucho más. Si tuviera que elegir alguna banda a la que seguir en carretera, bien podría ser esta, eso sí, con los músicos que vi en escena.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.
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