En su primer disco en solitario en cinco años, el batería de Queen se pone reflexivo e introspectivo y aborda el existencialismo, la violencia en el mundo, el caos y la belleza que conlleva el milagro de la existencia. Diez canciones para oídos ávidos de algo no predecible, con la participación especial del coro sudafricano Ndlovu Youth Choir en tres tracks.
En el inicio del LP, Roger se une al coro sudafricano Ndlovu Youth Choir en una ceremonia casi tribal y luminosa llamada “A Beautiful World”: voz radiante y, por momentos, con un efecto de flanger que camina a través de un ritmo de batería sencillo, sonidos silvestres y el ingreso del coro en el 01:42, lo cual transporta al oyente al medio del continente africano. Ritual con coros al unísono en un track que también bebe de Phil Collins y la potencia coral de Queen. Sobre el cierre, Roger suelta: "Don't fuck it all (No la jodan)”. ¿Estará hablando sobre todo el rollo de la IA y las guerras? A juzgar por el concepto general del álbum: sí, puede que sí.
La obra sigue y se pone más heavy. Taylor muestra su lado más rockero con "Violence Insane": un riff de guitarra potente, un audio de batería con reverb y una voz procesada que suena cibernética. Tranquilamente podría pasar por un tema de Muse, los Queen del siglo XXI, y tiene sentido porque el protagonista es aquí el batería de Queen. Más tarde, aparece un piano con acordes menores que pone todo en un plano más cinematográfico y tenso. Roger repite la palabra "Insane" varias veces hasta que la distorsión explota.
En "What Really Matters", el rollo es más soul y, a la vez, con ciertas reminiscencias a los ochenta, caracterizado por capas de sintetizadores y la voz, nuevamente procesada con efectos, pero siempre con un rango vocal intacto que permite a Roger llegar a notas altas sin esfuerzo. Después, llega un mini solo de batería de ocho compases que comienza con un press roll en el 01:46 y sigue intercambiando tresillos y semicorcheas en los rototoms y toms, en plan Phil Collins, Chester Thompson y, por supuesto, ¡Roger Taylor!
"Don't Photograph Food" también se adentra en la veta más rockera con un riff a lo Led Zeppelin, coros tipo Beach Boys y la batería nuevamente cobrando protagonismo, mientras Roger encara la parte vocal con firmeza y soltura. Luego arriba la balada "I See You Now": groove de doce por ocho, el músico en la piel de un crooner nostálgico, un piano tenue y teclados envolventes, para darle nostalgia y melancolía a la escena. En un plano similar y más blusero va “Jealous Guy”, originalmente de John Lennon. El disco cierra en plan góspel, nuevamente con la participación del Ndlovu Youth Choir.
La virtud de este ‘Violence Insane In a Beautiful World’ reside en lo que el batería de Queen quiere expresar a sus 77 años. Como decía Gustavo Cerati en “Deja Vu”: “Sacar belleza de este caos es virtud”. Si aquí buscas al Taylor más rockero, ese que cantaba “Modern Times Rock N’ Roll” en Queen o que hacía unos excelentes coros en “Tie Your Mother Down”, quizás es por el lado
equivocado.
Lo que se percibe es que el nacido en el condado de Norfolk intenta enviar un mensaje de que estamos yendo por el lado equivocado y que, vamos, no la jodamos, o de seguir así no habrá un mañana, ya sea por la contaminación, la IA saliéndose de control o algún líder político pulsando el botón nuclear en su despacho.
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La culpa de que haya comenzado con la batería la tienen Guns N’ Roses, Queen, Soda Stereo y Maná (nací en 1987, eso lo explica). Estoy en el periodismo desde los 19 años y, como músico, he grabado varios discos. Me gustan diversos géneros musicales y constantemente quiero investigar cosas nuevas.
Mi sueño es tocar en un show sold out en Londres, Madrid, Dublín o Buenos Aires. Bah, ¡que me paguen por tocar la batería en cualquier sitio!
