Los valencianos Los Zigarros regresan con un disco que reivindica la libertad creativa, la espontaneidad y la necesidad de volver a mirar el mundo sin filtros. Once canciones en las que el rock clásico convive con la actitud punk, la ironía y unas letras que ponen el foco en las contradicciones de nuestro tiempo.
Hay discos que nacen de la necesidad de seguir avanzando y otros que surgen de la urgencia de detenerse, mirar alrededor y preguntarse en qué momento hemos llegado hasta aquí. ‘Carne con patatas’, el nuevo trabajo de Los Zigarros, pertenece a esta segunda categoría. El 30 de octubre verá la luz a través de Cultura Rock Records, y supone un nuevo capítulo en la trayectoria de una banda que ha sabido mantener viva la llama del rock de guitarras en castellano sin renunciar a una personalidad reconocible.
Después de ‘Acantilados’ (2023), los hermanos Ovidi y Álvaro Tormo regresan con una colección de canciones que mira hacia atrás para recuperar algo esencial: la libertad de hacer música por el simple placer de hacerla. No es una cuestión de nostalgia, sino de principios. Los Zigarros reivindican la espontaneidad, el inconformismo y esa actitud de quienes todavía entienden el rock and roll como una forma de cuestionar las cosas, en lugar de aceptar el mundo tal y como se lo presentan.
La principal novedad se encuentra en el proceso de grabación. Por primera vez en su historia, la banda ha asumido la grabación y producción de sus canciones, encerrándose en su estudio casero después de finalizar la gira de ‘Acantilados’. Para ello, han recuperado métodos de trabajo analógicos, con un magnetófono Tascam de ocho pistas y pedales fuzz que les han permitido explorar nuevas posibilidades sonoras. Ovidi y Álvaro han querido reconectar con aquellos adolescentes que tocaban Nirvana en su habitación, cuando la música todavía era un territorio de descubrimiento y no una profesión sometida a expectativas.
El resultado es un álbum concebido desde una posición abiertamente inconformista. La dependencia tecnológica, la uniformidad del pensamiento y la aceleración permanente de nuestras vidas aparecen como objetivos de una banda que prefiere transformar su malestar en guitarras, melodías e ironía. Los Zigarros no pretenden ofrecer un tratado filosófico sobre la sociedad actual, sino reivindicar la individualidad, la libertad y la necesidad de recuperar el control sobre nuestras propias vidas.
El recorrido arranca con “Caminos habituales”, una elección significativa para abrir el álbum. La canción se adentra en terrenos más expansivos y psicodélicos, explorando el amor, el desamor y las obsesiones. La participación de Miguel Motoreta a la voz y las influencias que remiten al universo de The Mars Volta amplían el paisaje sonoro habitual del grupo.
A continuación, “Un mundo mágico”, primer adelanto del disco, recupera la inmediatez de Los Zigarros más reconocibles. Una melodía luminosa, guitarras eléctricas y la reivindicación de las canciones de tres minutos conforman una pieza que demuestra que la sencillez sigue siendo una de las grandes virtudes del rock and roll. No todo necesita desarrollos interminables ni artificios para dejar huella.
La crítica social gana protagonismo en “El mundo es cosa de hombres”, que cuestiona las estructuras tradicionales de poder, y en “Energía negativa”, centrada en la dependencia tecnológica y las redes sociales. Por su parte, “Yo no soy tu enemigo” endurece el discurso con una actitud punk y unas guitarras especialmente agresivas, mientras que “La huelga mundial” plantea una fantasía colectiva en la que detener la maquinaria cotidiana se convierte en una forma de recuperar el sentido de las cosas sencillas.
“Preciosa como un millón de euros” conecta con las raíces del rock and roll de los años cincuenta, apostando por un sonido clásico y desenfadado. En el otro extremo, “El avispero” explora el lado más oscuro de las relaciones sentimentales, la dependencia emocional y la obsesión. Entre ambas encontramos “Una revolución moderna”, una defensa de la individualidad y de la libertad personal que resume buena parte de las inquietudes del álbum.

No todo son proclamas contra el mundo. “Necesito una cerveza” reivindica la amistad, las conversaciones compartidas y esos pequeños rituales que hacen más llevaderos los días complicados. Una canción que conecta con el lado más cercano de Los Zigarros, recordándonos que el rock and roll también consiste en disfrutar de la compañía y encontrar motivos para celebrar.
El cierre llega con “Dios es movimiento”, la primera composición escrita para el proyecto. Nacida durante un viaje en avión de Ovidi Tormo, reflexiona sobre el movimiento como fuerza creadora y como esencia de la vida. Una conclusión que encaja con el mensaje general del disco: cuestionar el ritmo impuesto por la sociedad no significa renunciar a avanzar, sino decidir hacia dónde queremos hacerlo.
Grabado y mezclado en Estudios Elefante, en Valencia, por Manolo, y producido por Ovidi y Álvaro Tormo, ‘Carne con patatas’ cuenta también con Maika Makovski en los coros y Miguel Motoreta en “Caminos habituales”. La decisión de asumir el control creativo de la grabación refuerza la filosofía de un trabajo que busca recuperar la libertad de los primeros años y trasladarla a una banda que conoce perfectamente su identidad.
El riesgo está en que una colección articulada alrededor de un mensaje tan definido pueda resultar reiterativa en determinados momentos. La crítica social gana fuerza cuando se apoya en imágenes concretas y contradicciones reconocibles, y pierde parte de su capacidad cuando se limita a señalar problemas que ya conocemos. Sin embargo, el planteamiento de Los Zigarros tiene coherencia y encuentra en la variedad de sus canciones una manera de evitar que el discurso se convierta en una simple sucesión de consignas.
‘Carne con patatas’ no pretende reinventar el rock and roll ni lo necesita. Su aportación consiste en utilizar un lenguaje que Los Zigarros conocen bien para expresar una inquietud que va más allá de las guitarras: la sensación de que hemos normalizado una forma de vivir que nos obliga a estar permanentemente disponibles y a aceptar dinámicas que quizá merecería la pena cuestionar.
La banda valenciana firma así un trabajo de reafirmación artística que reivindica la libertad de hacer las cosas a su manera, la vigencia de las canciones de guitarras y la necesidad de conservar una mirada propia en medio del ruido. Porque, cuando todo parece diseñado para que pensemos y actuemos de la misma manera, seguir haciendo rock and roll con personalidad también puede ser una forma de llevar la contraria. Y Los Zigarros no parecen dispuestos a dejar de hacerlo.
Los Zigarros son unos de los grandes protagonistas del número 485 de La Heavy, con Europe en portada junto a los hermanos Tormo, Amon Amarth, Héroes del Silencio, Porretas, Slayer, The Beatles, Kansas o Gloryhammer entre muchos otros. ¡Ultimos días en kioscos antes de la llegada del 486! Corre a por ella o visita nuestra tienda online para no perderte nada.
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