Dos décadas en el ojo del huracán dan para mucho. A estas alturas, nadie va a descubrir a Five Finger Death Punch. Son amados y venerados a partes iguales, pero es innegable que han edificado un imperio de metal contemporáneo a base de estribillos memorables, machaque rítmico y actitud militar. Sin embargo, tras sus últimas entregas, temíamos que la fórmula de sobreproducción pulcra de Kevin Churko se volviera predecible. La gran victoria de este décimo asalto titulado ‘Legacy’ es, precisamente, romper ese molde.
La entrada del productor Drew Fulk (Motionless in White, In This Moment) les sienta como una inyección de adrenalina. Con apenas 36 minutos en diez cortes, aquí no hay espacio para el relleno. Es groove metal de demolición directo a la mandíbula.
El viaje arranca sin vaselina con “Legacy”, tema homónimo que funciona como declaración de intenciones donde el rugido de Ivan Moody se desata sobre una base aplastante de Charlie Engen. El contraste entre la agresividad del puente y la épica del estribillo está medido al milímetro, con unas guitarras de Zoltan Bathory y Andy James que suenan más crujientes y físicas que de costumbre.
Le sigue “De Oppresso Liber”, un cañón para los directos. Su riff denso, casi industrial, se funde con un estribillo colosal. Moody maneja las transiciones de la rabia visceral a la melodía limpia con una soltura espectacular, demostrando su tremenda versatilidad.
La urgencia estalla en “Eye Of The Storm”, un torbellino de guitarras dobladas que recuerdan al heavy clásico antes de transicionar a un groove sincopado demoledor. Un solo vertiginoso de Andy James corona este hito de la primera mitad del plástico.
La intensidad sigue con “Nails In The Coffin”, donde juegan con silencios y contratiempos creando una tensión asfixiante que estalla en rabia. En una línea similar pero más melódica se desenvuelve “In Time”, con un bajo de Chris Kael demoledor que empuja el tema con un tono gordo y metálico.
La segunda mitad se abre con “Unscathed”, medio tiempo cargado de épica de estadio que sirve de preludio a “Joke's On Me”, pista rápida y con mala leche que funciona como un tiro gracias a su estructura directa.
En la recta final domina la variedad. La obligada balada llega con “Everybody Lies”, con Moody escupiendo las estrofas de manera elegante, directa y personal antes de abrir un puente melódico sensacional. La banda recupera su faceta más cruda en “Shelter”. Lejos de resultar almibarada, la producción de Fulk le dota de una atmósfera sombría apoyada en acústicas ricas que estallan en distorsión desgarradora.
El cierre con “Scapegoat” pone el broche de oro: zapatilla pura, rabia desatada y un final abrupto que te obliga a pulsar el play otra vez.
‘Legacy’ no es nostalgia ni un recopilatorio encubierto. Es la constatación de que han encontrado un nuevo camino sonoro sin perder un ápice de la identidad que les hizo gigantes. Su trabajo más orgánico, cohesionado y directo en años. Un regreso al barro que les sienta de maravilla.
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