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Así fue Flores Amarillas, el festival anual para homenajear a Robe (Extremoduro) coincidiendo con su fecha de nacimiento

Justo ayer celebrábamos el aniversario del nacimiento de Robe recordando una de las tantas citas que nos dejó de su extraordinario compendio de sabiduría vital. En esa misma jornada también se celebró en su Plasencia natal Flores Amarillas, un festival anual creado para homenajear el legado del que fuera líder de Extremoduro.

Según informaba El Periódico de Extremadura, desde las diez de la mañana se recibieron en la plaza Puerto de Béjar plantas y flores amarillas, que fueron enterradas con ayuda de personal habilitado. Tras esta primera actividad de la jornada, hubo una visita guiada a cargo del muralista Jesús Mateos Brea, que en la actualidad se encuentra trabajando en diferentes murales sobre Robe y Manolillo Chinato. En teoría, se esperaban una veintena de personas, pero acudieron más de trescientos para ver la obra pictórica.

El amarillo fue el color que lució de manera mayoritaria en Plasencia, ya sea con las propias camisetas del festival o con flores al cuello o enganchadas en el pelo, en un ambiente de camaradería y concordia que sin duda habría gustado al fallecido músico.

Hubo seguidores de todas las partes de la península, algunos incluso estuvieron previamente en el homenaje que le preparó su ciudad natal cuando falleció. Una vez terminada la explicación de Brea sobre sus murales, las calles de Plasencia se inundaron de improvisados conciertos acústicos. El homenaje finalizaría con actuaciones de los cinco grupos seleccionados en esta primera edición, pero antes la organización preparó una emisión conjunta para que cualquier persona pudiera unirse al acto desde cualquier parte.

El amarillo, mucho más que un simple color

Los madrileños Chula fueron los primeros en salir a cantar y posteriormente les tomaron el relevo Aljamia, Carameloraro, Oxygen e Illo Brown. Todos ellos demostraron su talento en el epicentro de Torre Lucía, en un escenario al aire libre, sin nada que esconder, pero también con un nutrido respaldo popular, pues para las 13.00 ya se habían agotado las 5.000 pulseras que permitían el acceso a los conciertos principales. El aforo fue de 2.000 personas simultáneas y lo que unió durante unas horas a todas ellas fue su devoción absoluta al líder de Extremoduro. El amarillo se transformó en algo más que un simple color.

Alfredo Villaescusa

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