La balanza del bien y del mal que propuso Marilyn Manson con su segundo disco de estudio, ‘Antichrist Superstar’, ganó la batalla en todos los campos, estableciéndose como el héroe más odiado de la historia musical. El metal industrial se consagró, hace exactamente 30 años, como una de las fuerzas de la naturaleza gracias a un álbum filosófico, teatral y, por qué no decirlo, redondo.
Todo lo que rodea a este trabajo se acentuó gracias a teorías locas, incógnitas y mala prensa. Desde los símbolos fascistas hasta el tétrico lugar en el que se grabó, pasando por los mensajes satánicos (después entraremos en detalle) y la guerra abierta por el gobierno de los Estados Unidos, tienen cabida en este maremágnum conceptual que hoy analizamos.
Marilyn Manson: ‘Antichrist Superstar’

1. Un concepto nada usual: de gusano a Anticristo
Si Ozzy Osbourne, Alice Cooper o Kiss basaron su provocación en una especie de terror de serie B, Manson decidió llevarlo todo a una amenaza sociopolítica real construyendo un villano antológico cuyas fases se van definiendo desde el inicio. Un individuo débil y oprimido, simbolizado por The Warm (El Gusano), canaliza su dolor hacia un resentimiento globalizado de todo lo que le rodea. En su proceso de autodestrucción y renacimiento, abandona su vulnerabilidad para convertirse en el Anticristo, un dictador todopoderoso que necesita arrasar con todo aquello que lo marginó.
Inspirado en el satanismo simbólico de Anton LaVey, crea un marco en el que, tal y como reza este culto, no es una adoración a Satán ni hay sacrificios de sangre, se trata de oponerse a la visión cristiana de que la naturaleza humana es pecaminosa y defiende vivir el aquí y el ahora frente a las esperanzas puestas en el más allá. Así, el protagonista transita por caminos también recogidos por Friedrich Nietzsche, asumiendo un rol de dios o superhombre en un mundo sin moral y descubriendo que ese poder absoluto no hace otra cosa que conducirle a la desintegración personal y, con ella, a la aniquilación de la humanidad.
La transformación del personaje evoluciona en tres ciclos y se consagra en una pista que significó toda una afrenta al oyente, ya que el CD constaba de 99 pistas, 82 de las cuales estaban vacías y duraban apenas un segundo, por lo que si querías descubrir lo que trataban de esconder, tenías que pasar una a una y ver si contenía algo, hasta que en la última te topabas con “Empty Sounds of Hate”, un corte que nos avanza que, a pesar de la muerte del Anticristo, la historia es cíclica y la semilla ya está plantada para que la miseria y el fascismo vuelvan a asomar.
2. Una trilogía inversa que no vimos venir
Manson jugó un poco a ‘Star Wars’ y acabó diseñando y publicando tres álbumes conceptuales que estarían interconectados y que formarían parte de este tríptico en el que relata una historia en orden cronológico inverso. Esto quiere decir que este trabajo era el final de los tres, el predecesor sería ‘Mechanical Animals’ (1998), en el que el protagonista se ha transformado en un alienígena andrógino que lidera una banda de rock. Sí, esto ya lo hizo Bowie, pero Manson quiso ir más allá publicando dos años después ‘Holy Wood’ (2000), en el que relata el origen del personaje, Adam Kadmon, con sus ideales inocentes que se ven marcados por la tragedia y el odio en un mundo que estaba obsesionado por la religión, las armas y la muerte en prime time.
Así jugó el Reverendo con nuestras cabezas, aunque, a decir verdad, el germen, para mí, sigue siendo este ‘Antichrist Superstar’. No solo fue el que me situó en su órbita, acabó convirtiéndose en uno de los discos que más me influyeron de aquel año.

3. La tétrica experiencia de grabación
Pocos discos en la historia del rock de los 90 tuvieron una grabación tan caótica y tétrica. Para empezar, la producción correría a cargo de Trent Reznor, líder de Nine Inch Nails, que era propietario de los Nothing Studios de Nueva Orleans, pero claro, el lugar no podía haber sido más simbólico, ya que se trataba de una antigua funeraria, algo que debió convencer a Manson definitivamente.
Reznor, junto con Dave “Rave” Ogilvie, querían que la música sonara violenta y enferma, por lo que fomentaron un ambiente de caos total, no dejaron que durmieran prácticamente nada, hubo un consumo masivo de drogas, actos de mutilación y peleas reales propiciadas por esta especie de tortura psicológica que pretendía llevarlos al límite. Lo consiguieron. Daisy Berkowitz, guitarrista fundador y principal compositor de la banda en el primer trabajo, empezó a chocar creativamente con todos, algo que le acabó marginando hasta abandonar todo a mitad de producción, por lo que, el bajista de la banda, Twiggy Ramirez, se postuló como sucesor y acabó grabando la mayoría de las guitarras que se escuchan en disco.
Ginger Fish, batería original, no acabó ni siquiera pisando el estudio. Aunque aparezca en los créditos y fotos promocionales, su participación fue prácticamente cero, sustituyendo su figura por Chris Vrenna, entonces en NIN, y baterías artificiales que se aprecian en temas como “The Beautiful People”. El coste humano no quedó solo en ellos, ya que la amistad entre Manson y Reznor acabó de forma tan caótica como la grabación, y acabaron odiándose privada y públicamente, con ataques en la prensa y disputas legales que acabaron definitivamente con su etapa de colaboración.
4. El odio visceral de medio EE.UU.
La calculada estrategia de provocación que había elaborado Marilyn Manson con este trabajo, su promoción y la gira, tuvieron las consecuencias esperadas. La ofensa religiosa que suponía el tema del Anticristo, así como la destrucción de biblias como ritual en el ‘Death to the World Tour’, hizo enfurecer a grupos cristianos y a conservadores, que lo acusaron de promover el satanismo, el suicidio, las drogas y la violencia.
Años después, llegó el desastre con la masacre de Columbine en 1999. Tras el tiroteo en una escuela de secundaria, los medios y las autoridades buscaron su propio chivo expiatorio, asegurando que los asesinos habían actuado inspirados en la música de Manson, a pesar de que ninguno de ellos era fan de la banda. Este fue el detonante de que en el Senado de los Estados Unidos se acabara debatiendo sobre la violencia en la industria del entretenimiento, poniendo su cabeza en la picota como producto cultural tóxico, lo que llevó al intento de cancelación de sus conciertos, ya que no podían prohibir su música.
Os propongo ver el documental ‘Bowling for Columbine’ de Michael Moore, para escuchar las elocuentes palabras de Marilyn defendiendo su postura y señalando a la violencia real que aplicaba un gobierno estadounidense que no había hecho más que lanzar bulos contra su figura.

5. Las leyendas que surgieron a raíz de este trabajo
Toda aquella guerra hizo que comenzaran a surgir leyendas en torno a Manson. Unos decían que sacrificaba animales en el escenario, otros que repartía droga gratis en los shows, pero la que más circuló es que se había quitado las costillas flotantes para poder practicarse sexo oral, algo que nunca ha desmentido, supongo que para alimentar lo tenebroso de su figura.
Lo que sí llegó a desmentir fue una de las grandes comparaciones que se habían hecho acerca de su persona en el mundo real, Brian Hugh Warner, sobre la que aseguraban que no era tal, sino que él era Josh Saviano, el joven actor que interpretó a Paul Pfeiffer en la serie adolescente ‘Aquellos maravillosos años’. El desmentido era fácil, ya que Josh es hoy en día un abogado alejado de la actuación. Pero todos nos lo creímos y lo propagamos a los cuatro vientos dado el parecido real que había entre ellos.
30 años nos separan hoy de aquel enorme trabajo que sigo escuchando una y otra vez y cuyo resultado pude ver en dos de los conciertos de aquella gira, de la que no se me olvida esa figura dictatorial señalando al público con un bastón y en la que no vi cabras sobre el escenario, sacrificios, mutilaciones ni prácticas de sexo oral consigo mismo. Ni siquiera un poquito de droga regalada. Solo un bolazo por todo lo alto.
Escucha 'Antichrist Superstar' en Spotify:
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.
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